Rodolfo Olgiati, voluntario de paz



         ¡SALVEMOS A LOS NIÑOS DE MADRID!
                                                                                      
                     por  Luis Manuel Expósito Navarro (UNED)

Pocas figuras han pasado tan desapercibidas para la Historia como la del pionero en la ayuda humanitaria internacional: Rodolfo Olgiati, un joven suizo que supo hacer valer sus ideas y opiniones en el ámbito de la ayuda solidaria a los más desvalidos en tiempos de guerra: los niños, las mujeres embarazadas, las madres lactantes y los ancianos, esos grandes ignorados durante los conflictos bélicos, como si su vida valiera menos por estar más cercano el fin de sus días. Mucho le debe la ciudad de Madrid, así como muchas otras, como Valencia o Barcelona, a Rodolfo Olgiati y, sin embargo, nadie hasta ahora ha caído en la cuenta de todo lo que hizo este hombre a favor de miles de madrileños y refugiados. En la medida de lo posible, sirva este artículo para concienciar a la población para que algún día pueda su figura ocupar el lugar que se merece en la Historia.


Rodolfo Olgiati, flamante nuevo secretario general del Servicio Civil Internacional, supo, allá por 1936, vislumbrar que la ayuda humanitaria a los españoles afectados por una guerra a la que no se le veía el fin era tan necesaria como pensaban que era la ayuda militar aquellos que se decantaban por uno u otro bando y que veían en la barbarie la única vía para imponer o defender sus ideas. Este artículo pretende ser un pequeño homenaje a tan singular persona que, a través de su dirección del Comité de Ayuda Suiza a los Niños de España vivió en nuestro país tanto los horrores de la guerra como los laureles del amor, ya que se enamoró y casó con una voluntaria: Irma Schneider.

Rodolfo Olgiati iba a ser el impulsor de la renovación en el Servicio Civil Internacional, una organización no gubernamental creada en 1919, tras la finalización de la Primera Guerra Mundial, por un grupo de pacifistas de diversas creencias cristianas, liderados por el suizo Pierre Ceresole y por el inglés Hubert Parris, quienes se reunieron en la ciudad holandesa de Biltloven  hasta que, tras apasionantes debates, emergió la idea de la creación de un grupo de voluntarios dispuestos a preservar la paz y a comprometerse en la reconstrucción de ciudades e infraestructuras afectadas por las guerras o los desastres naturales. De ese modo se creó un año después el Service civil voluntaire international, más tarde llamado Servicio Civil Internacional (SCI), que tuvo su primera actuación sobre el terreno en la reconstrucción de la ciudad de Esnes, uno de los desafortunados escenarios de la larga y cruenta la Batalla de Verdún. La ciudad de Esnes había quedado muy afectada por la dureza y duración de los combates entre los ejércitos de Alemania y Francia, y su reconstrucción fue un modelo a seguir y luego, un símbolo para los voluntarios del Servicio Civil.

Tras su etapa escolar en Berna, Rodolfo Olgiati había cursado estudios superiores de Matemáticas y Física en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. Sus inicios como profesor fueron en Hesse (Alemania), en concreto en la Escuela Odenwald, una de las más famosas y renovadoras escuelas alemanas. Allí, bajo los principios de la “Nueva Educación”, basados en la orientación, tutorías, antiautoritarismo y abandono de los cursos anuales, que fueron sustituidos por una evaluación continua, y, en cuanto a las clases de educación física, con niños y niñas, hasta cierta edad, completamente desnudos, para que aprendieran así a respetarse.[1] Olgiati se impregnó de ideas como la solidaridad, la autonomía, la delegación de funciones… Innovaciones todas que luego aplicaría en España con los voluntarios de Ayuda Suiza. Olgiati había ingresado muy joven en el Servicio Civil Internacional, y destacó en sus labores organizativas hasta el punto de que en enero de 1935 fue elegido Secretario General de la organización, cuando contaba tan sólo 30 años.

En septiembre de 1936, Rodolfo Olgiati se alarma ante las noticias que llegan de España, pues la guerra se está alargando más de lo humanamente deseable y las batallas han llegado a la frontera francesa, por lo que el peligro de que el conflicto se convierta en una guerra europea es una realidad palpable. En concreto, según su propia confesión, le impactan las imágenes y noticias que llegan de la ciudad de Irún, en gran parte arrasada por las llamas, así como el exilio de miles de refugiados republicanos y anarquistas que tuvieron que cruzar el río Bidasoa para escapar de los requetés navarros.

 El propio Olgiati confiesa que algo cambió en su concepción del mundo mientras escuchaba una conferencia en la localidad de Herzberg, en la que la conferenciante, la popular activista humanitaria Regina Kägi-Fuchsmann[2], narraba los peligros del avance del fascismo y el horror de la guerra, que no sólo afectaba a los soldados, sino también a la población civil, a los niños, a las mujeres, a los ancianos... Al finalizar la conferencia, alguien se acercó a Olgiati y le preguntó: “¿Y tú no piensas hacer nada por los refugiados españoles?”. La pregunta le llegó de sopetón, pero ya no se la pudo quitar de encima durante los siguientes días.




[1] Luego, en su primer viaje a España, Olgiati se admiró al reconocer la aplicación de esos mismos principios en algunas Colonias Escolares de Alicante. Sobre la Escuela Odenwald véase el sitio de internet  http://www.odenwaldschule.de/-
[2] Regina Kägi-Fuchsmann llegaría a fundar en 1955, junto con Rodolfo Olgiati, la organización de ayuda a los países en desarrollo Helvetas Swiss Intercooperation, más conocida como Helvetas. Anteriormente había fundado la Ayuda Obrera Suiza (AOS), Ayuda Obrera Suiza(AOS), la Organización No Gubernamental (ONG) de la Unión Sindical Suiza (USS) y del Partido Socialista Suizo (PSS).

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