Erase una vez un país comunista... China



Acabamos de presenciar la victoria electoral de Barack Obama en EEUU. La verdad es que su triunfo es noticia. Al final la reelección ha resultado ser noticia porque existía la impresión de que pudo haber perdido la Casa Blanca frente al republicano Romney. Eso es la democracia, ganar y perder el poder en las urnas. Ahora el presidente Obama tiene otros cuatro años para legislar, dirigir y gestionar al país más poderoso del mundo. Ahora, también, ahorita mismo, presenciamos otra lucha de poder en la otra superpotencia mundial. Se celebra desde hoy el XVIII Congreso del Partido Comunista chino.

Atrás ha quedado esa imagen de un Congreso de venerables ancianos que dominaban a mil millones de seres a base de darse codazos de poder en esa reunión cada cinco años de los delegados del partido comunista. En la etapa de Mao los congresos del partido era poco más que un baile para elegir pareja de influencia, bajo la atenta mirada del supremo bailarín, que solía marcar el paso solo. En este siglo XXI las luchas de poder no son menos llamativas, aunque se enfrentan los jerarcas chinos a problemáticas insospechadas para ellos hace tan solo una década. Temas como la corrupción o los desfalcos millonarios en la élite política, la creciente desigualdad social, con chinos entre los mayores millonarios del mundo y millones de personas viviendo con lo básico, serán tratados en este controvertido XVIII Congreso del PCCh (Partido Comunista Chino). Asuntos inimaginables en un país que en las décadas finales del siglo XX era aún una economía media muy planificada.


Controvertido congreso del PCCh porque su celebración ha estado precedida por una auténtica “telenovela” de pasiones, traiciones y asesinatos. El defenestrado líder chino Bo Xilai, que representaba una corriente “neomaoista” con serias opciones de ocupar los mejores puestos en la jerarquía del partido, ha resultado ser como una ficha de dominó que en su caída se ha ido llevando todo lo que estaba a su lado. Su esposa este verano fue acusada y juzgada por asesinato en un oscuro asunto de corrupción con su hijo y un magnate británico por medio. Fue la gota que colmó el vaso, Bo Xilai perdía cualquier mínima posibilidad que le quedase de recuperar un puesto determinante en el aparato del partido.

Hun Jintao se despide con el típico discurso de líder comunista, con más de dos horas de oratoria (no llegará, de todas formas, al récord de siete del cubano Castro) llena de sentir patriótico y de destino nacional que seguirá dependiendo del gran y único partido del país, auténtico regidor de China. Jintao ha sido un líder eficaz, continuador de las reformas económicas iniciadas por Xiaoping desde primeros de los 80 del pasado siglo con el espíritu: “da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones.” Una forma muy oriental de explicar que las medidas capitalistas que se introducían en el país eran pragmáticas formas de salir adelante. El gato ha cazado muy bien, ahora son la 2ª economía mundial a la zaga de EEUU.


En cuanto a democracia, libertades y derechos civiles todo sigue igual, controlado por el Partido Comunista y la sociedad china si goza de mayor bienestar es por las aperturas económicas, no por reformas políticas y sociales de calado. En este Congreso XVIII se habla de reformas políticas en el aparato del partido que den más transparencia y refuercen ese “socialismo a la china” que combina el capitalismo económico con un sistema político heredado de la antigua Unión Soviética: un Comité Central, un Politburó y un Comité Permanente. Son esos organismos los que se renuevan, eligiendo nuevos líderes, en esta semana de congreso. Sin embargo, todo en el Partido Comunista chino está muy planificado y consensuado previamente. No habrá, se cree, sorpresas y Xi Jinping que ha sido el vicepresidente será el futuro presidente de la República Popular China. La verdad, montar todo esta “ópera” para “correr turno” habla de la inmovilidad política del gigante asiático.  

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