La indiferencia ante Siria




Si consideramos las denuncias vertidas por los grupos opositores al régimen sirio de Bashar al – Assad, las fuerzas represoras del dictador no dudan a la hora de acallar cualquier conato de protesta en las ciudades del país. Hace ya casi dos años, un 25 de mayo de 2012, la opinión internacional condenaba la brutal matanza cometida en Hula (en torno a noventa muertos incluyendo mujeres y niños asesinados). La masacre ha continuado inexorable en Hama, a pocos kilómetros: la oposición denunció el asesinato el 28 de mayo de ese mismo año de hasta 41 civiles, de nuevo incluyendo mujeres y niños (El País, edición digital del 28 de mayo de 2012). La cuenta sigue y suma durante 2013, 2014…

Es evidente que las condenas y las palabras altisonantes de las potencias internacionales no están sirviendo para nada sobre el terreno. Civiles siguen siendo asesinados cruelmente mientras la diplomacia internacional sigue empeñada en sus asépticas discusiones de salón y en concebir el mundo, y su gente, como un gran tablero donde mover sus fichas.

Siria se ha convertido en un nuevo conflicto enquistado en una de las regiones más complicadas del planeta; en punto de desacuerdo eterno de las agendas diplomáticas internacionales; y en fuente constante de crueles e injustificadas matanzas en las que, de nuevo, los civiles son sólo moneda de cambio entre las facciones en disputa. 

La revuelta siria comenzó hace ya más de tres años dentro del contexto general de revoluciones que han azotado a algunos países árabes y del Magreb. En todo este movimiento, todavía hay que descifrar el papel de los intereses implicados. En algunos casos, las revueltas consiguieron derrocar los corruptos regímenes abriendo paso a tímidas experiencias democráticas cuyos resultados todavía no se han ofrecido de forma clara (Túnez, Egipto); en otros casos, la tensión social y civil degeneró en abierto conflicto bélico en el que se llegaron a implicar de forma decidida las potencias extranjeras con intereses económicos en la zona (Libia); y, por último, Siria ofrece un triste espejismo de lo que pudo ser y nunca llegó, provocando un baño de sangre que se incrementa sin freno y al que los analistas no ven solución pacífica a corto plazo.

La población civil sufre las consecuencias de una guerra oculta y de baja intensidad que, sin embargo, no por ello no deja de ser menos cruel y asesina. Es evidente el uso partidista que se está haciendo de las víctimas tanto de los bombardeos y las tropas (militares y paramilitares) progubernamentales como de las milicias de los diferentes grupos de oposición a al – Assad, cada vez con más y mejor armamento. La represalia por ambos bandos se ha convertido en moneda común en Siria.



En estos momentos, Siria se encuentra en un callejón de difícil salida en el que todos están empeñados en frenar cualquier posible atisbo de solución. En el origen del conflicto se podrían enumerar todos los factores posibles: luchas sectarias entre sunníes, chiíes y la minoría alauí en el poder; la grave crisis económica y la consiguiente pérdida de calidad de vida que sufren los sirios desde hace años gracias a unas estructuras socioeconómicas anquilosadas; el papel de Siria en el complejo panorama de Oriente Medio; una dictadura en el poder desde hace más de cuarenta años y un largo etcétera de posibles causas, condicionantes, actores, protagonistas, escenarios, móviles, asesinatos, pistas y pruebas, armas homicidas y demás elementos que entran en juego en el laberinto sirio.

Y frente a las víctimas, frente a los niños y mujeres degollados, las potencias internacionales juegan sus cartas sobre las reminiscencias de guerras frías que todavía queman. Los principales actores que podrían poner freno a la catástrofe siria se niegan a actuar en defensa de sus propios intereses. Rusia mantiene la tradicional alianza con el dictador sirio vetando cualquier posible resolución de una inoperante y arcaica Organización de las Naciones Unidas. China ha decidido secundar la actitud rusa haciendo valer su papel de potencia mundial. 

Pero Estados Unidos ha decidido mantener la situación bélica en Siria, en apoyo de su gran aliado israelí al que, por su parte, le interesa una Siria débil. Irán no desea una intervención extranjera cuyo siguiente paso podría ser amenazar en sus propias fronteras toda su política nuclear mientras Turquía ve incrementada su hegemonía regional. La Unión Europea no ha sido capaz, una vez más, de articular una respuesta única. Los países árabes continúan suministrando armas a la oposición, de mayoría sunní, y un largo etcétera, tan largo como países interesados e implicados en la región.

De nuevo, las tensiones bipolares de la guerra fría y los juegos diplomáticos parecen repetirse en un nuevo escenario de intervencionismo ciego y desalmado (en esta ocasión Siria). Y otra vez, la comunidad internacional se limita a lamentar muertes y hacer condenas sin contenido cuya única validez no pasa del titular diario. En Siria la población muere y el resto del mundo tan sólo habla y escribe. 

Luis Pérez Armiño
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