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| Uno los retratos hechos a Isabel II como motivo de su 90º cumpleaños |
Asociación de ideas. Eso me ocurrió al leer la noticia del 90º cumpleaños de la reina Isabel II de Gran Bretaña. Una mujer casi centenaria que lleva en el trono cerca de 65 años, más de un capítulo, desde luego, de la historia del Reino Unido. Asocié esa idea del reinado longevo con la noticia de hace unas semanas sobre el referéndum que tuvieron en Nueva Zelanda acerca de su bandera. Se trataba de votar sí o no a la permanencia de la Union Jack en la enseña nacional. Al final el resultado fue que sí, que esa clara vinculación con la Corona británica debía seguir ondeando en las antípodas de Londres.
Es curiosa, cuando menos, la relación de fidelidad y lealtad con la monarquía de los británicos y de los ciudadanos de los otros países (Commonwealth realms) que tienen a la reina como jefe del Estado. El Imperio británico a partir de 1920 comenzó a idear una manera de reducir las aspiraciones independentistas que afloraban ya en muchas de sus colonias. El caso más evidente, aunque Londres no consideró nunca colonia a Irlanda, fue la sublevación nacionalista irlandesa en la Semana Santa de 1916. La fórmula empleada sería otorgar cierta autonomía a los territorios bajo soberanía británica y crear la Mancomunidad Británica de Naciones (British Commonwealth of Nations), que hoy es, simplemente, la Commonwealth.
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| La bandera propuesta con el símbolo maorí y la actual que permanece con la Union Jack |
En el referéndum de Nueva Zelanda el “Sí” a mantener la bandera azul con las cinco estrellas de la Cruz del Sur y la Union Jack obtuvo casi un 60% de los votos emitidos. De nada sirvió la intensa campaña del primer ministro neozelandés, John Key, para cambiar al modelo que ganó, también por referéndum, diseñado por Kyle Lockwood y que aportaba la gran hoja de helecho plateada, símbolo maorí, para desligarse del pasado colonial británico y por, según el gobierno de Key, cuestiones prácticas como el poder diferenciarse más de los australianos, con una bandera casi idéntica.
Sin embargo, la opinión pública y gran parte de la intelectualidad neozelandesa tuvieron como argumento principal para dejar en su bandera a la Union Jack que ésta representó a muchos soldados neozelandeses en las dos guerras mundiales, que sería menospreciar su memoria y su lucha por la Corona británica. Esa parte de la historia los neozelandeses no la sienten como periodo colonial, sino como parte del sacrificio general que “todos” los británicos hicieron en esas dos determinantes contiendas. En definitiva, se aprecia esa incombustible lealtad a la monarquía británica reflejada, sin ir más lejos, en el “eterno” reinado de Isabel II como reina de Gran Bretaña.



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