La esclavitud, una de las casualidades más injustas de la historia

Fotograma de la serie 'Roots', remake de Raíces de 1977


Cuando decimos eso de que “es un hombre o una mujer de su tiempo” estamos hablando de personas muy contemporáneas a su época, que están a la última. También debería servir para explicar y entender las actitudes que esas personas mantuvieron en sus tiempos. Por ejemplo, Aristóteles es un personaje valorado y con una imagen positiva en nuestros días. Un filósofo de la Grecia clásica del que abundan en Internet las citas y sentencias sabias. Pues Aristóteles defendía la esclavitud. Al filósofo le gustaba tener esclavos y que sus conciudadanos atenienses los tuvieran.

Es más, las teorías de Aristóteles sirvieron siglos después a los racistas o los partidarios de la esclavitud por cuestiones raciales para justificar su actitud. Argumentaban que era una cuestión “natural”. Aristóteles habló en su época de la “naturaleza servil” de los esclavos frente a la “naturaleza libre” de las personas libres. Era una cuestión de jerarquía natural, que imprimía a cada persona su condición social. En el contexto moral y social de los atenienses la esclavitud formaba parte “natural” de la forma de vivir. Lo que no dejaba de ser injusto, claro.

Uno de los mayores debates y asuntos a resolver por historiadores, antropólogos y demás científicos sociales, ha sido la tendencia de toda sociedad compleja a organizarse de forma jerárquica y establecer en la base de esa jerarquía a siervos o esclavos. Desde la llamada revolución agrícola ha sido así en todas las civilizaciones y luego en todas las culturas. Intenten buscar un sistema con solo “hombres libres”, que no lo van a encontrar. Incluso, incidir en el ‘machismo’ de emplear el término hombres libres en lugar de personas, porque en esa jerarquía “universal” injusta había que sumar otra injusticia, la discriminación por ser mujer.

Se han dado muchas teorías sobre el origen de la esclavitud, pero ninguna llega a tener gran consenso o ser del todo convincente. Las hipótesis más aceptadas son las que, curiosamente, tienen que ver con la “casualidad histórica”. Es decir, una combinación de circunstancias que no se pudieron prever ni evitar. La injusta sociedad de castas que ha regido (y que en el fondo sigue hoy latente) la India desde hace milenios, surgió como un orden imaginado, compuesto, por los invasores indoarios. Estos pueblos llegados del norte de la India sometieron a la población local, pero al ser inferiores en número inventaron un “orden natural” que les hacía más fuertes. Una organización social estratificada en la que se reservaron la cúspide con los mejores puestos, sacerdotes y guerreros/gobernantes, y a los locales les dejaron ser siervos (funcionarios) y esclavos, divididos (lo que les debilitaba como colectivo) en innumerables castas.
 
Grabado con algunas de las numerosas castas hindúes 

La “casualidad” hizo que esa jerarquía encajase bien con el sentido hindú de la pureza e impureza, y lo que fue un hecho histórico, un sistema de invasión y dominio, se convirtió con el paso de los siglos en el orden cósmico y religioso hindú; lo que explica la dificultad de la India democrática por superar esta clasista estratificación social. En el caso de América y la esclavitud negra también se puede hablar de “fatales casualidades”. Al continente americano llegaron tantas personas negras convertidas en esclavos por un par de cuestiones casuales. Primero porque ya existía un mercado de esclavos en África, algo que se olvida pero que es determinante. Eran los negreros árabes primero y luego musulmanes; teniendo ya un mercado donde buscar esclavos no había que crearlo.

Segundo, África estaba más cerca que ningún otro continente vía marítima de América y, además, la población negra se aclimataba mejor a las plantaciones del Caribe y otros lugares americanos con un clima similar al africano. Así tendríamos otra injusticia que la casualidad centró en África, pero que bien podría haberse cebado con Asia o la misma Europa si las circunstancias se hubiesen dado de otra manera. La esclavitud negra tuvo el componente irracional de intentar justificarla no ya con teorías filosóficas como Aristóteles, sino con teorías seudo científicas, como la supremacía racial, o, peor aún, con detallados prejuicios religiosos expuestos por los mejores teólogos. 

En definitiva, la historia de la humanidad puede estar llena de casualidades que configuran las actitudes de las personas. Ahora bien, la injusticia es algo que nos acompaña desde que nos organizamos socialmente. “No hay justicia en la Historia” (Noah Harare, 2014).


Gustavo Adolfo Ordoño ©

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