Delimitando el terror: aproximación temporal al fenómeno del terrorismo

             Atentado anarquista contra la bolsa de París (c.1880)

Es aventurado lanzarse a establecer periodizaciones en un campo tan subjetivo como la Historia. Más, cuando el tema que es objeto de esa investigación histórica es tan escurridizo como el terrorismo. Así, nos encontramos con dos cuestiones básicas: la primera es la referente a la hora de establecer los límites propios de los periodos que configuran el desarrollo histórico; y el segundo, deriva de la propia complejidad de un fenómeno tan confuso. Sin embargo, el terrorismo, como fenómeno de factura humana, es algo también sujeto a las “leyes” de la Historia”. 


Si nos hemos de referir al primer problema, creo que no es necesario ahondar en la cuestión, ya que de todos es sabido que estos periodos son más bien convenciones destinadas a facilitar el entendimiento del proceso histórico. Más problemática es la segunda cuestión. En principio, porque es aventurado establecer una definición precisa de lo qué es el terrorismo. Pero, sobre todo, porque el recurso a la violencia como método para obtener un determinado fin es una constante en la Historia. 

Es esa cualidad de violencia intrínseca del ser humano la que hace que esta periodización del terrorismo encuentre sus orígenes de la mano de los primeros ejemplares del género Homo. Es frecuente en la Historia el uso de la violencia con el fin de subvertir el orden establecido: los asesinatos, los complots, la sedición contra las autoridades legitimadas. Es lo que podríamos denominar la “Prehistoria del Terrorismo”. 

El terrorismo adquiere “carta histórica” sólo a partir de los acontecimientos derivados de la Revolución Francesa. Durante el periodo del Terror (1793 – 1794) son miles las víctimas de la represión jacobina. El objetivo último era eliminar cualquier oposición al nuevo régimen republicano; ya fuesen opositores de hecho o simplemente sospechosos de serlo. No deja de sorprender que el terrorismo como tal adquiera su reconocimiento como violencia ejercida por el aparato estatal. 

El conflicto irlandés, donde se encuadra la actuación del IRA, responde a una de las formas más clásicas del terrorismo. Autor: Ardfern


El siguiente hito lo encontramos con el nacimiento de la clase obrera y de los movimientos vinculados a las corrientes más radicales del socialismo, del comunismo y del anarquismo, especialmente éste último. Este terrorismo constituye una fase germinal a partir de la cual se configurará el denominado “terrorismo clásico”. Mike Davis ofrece unas fechas más precisas para este tipo de terror: desde 1878 hasta 1932. Citando a Davis, este fue el medio siglo en que “el imaginario burgués fue atormentado por la infame figura del nihilista lanza – bomba o del anarquista”. Estas breves palabras resumen la esencia de esta violencia política: llevada a cabo por individuos cuya justificación se encontraba en la defensa de los recién nacidos movimientos obreros, que actuaban normalmente contra objetivos puntuales para intentar obtener objetivos prácticos a distinta escala. 

Estas serán las bases del terrorismo clásico que actuó durante la década de los sesenta y setenta a escala mundial, llegando sus coletazos incluso a la actualidad. Este terrorismo se enmarca dentro de un proceso general que vive el mundo occidental de cierta cultura contrasistema que encuentra diferentes vías de escape: desde formas pacíficas y culturales, espirituales y, como no, violentas. Surge así gran cantidad de grupos terroristas al amparo de la izquierda más radicalizada donde el factor nacionalista juega un papel de crucial relevancia en el ideario del grupo (ETA o IRA, como ejemplos más cercanos). Sin embargo, frente a las tesis que abogan por la internacionalización del terrorismo como un factor propio del siglo XXI, no hay que olvidar las estrechas conexiones entre estos diversos grupos para actuar contra el supuesto “enemigo común”: el Occidente capitalista y todo lo que éste representaba. 

En este proceso evolutivo, con un mundo postmoderno sumido en una era de globalización arrasadora, el terrorismo era un fenómeno que no podía apartarse de las nuevas tendencias. Aún a falta de estudios más rigurosos y con la debida perspectiva histórica, quizás sea el nuevo terrorismo global uno de los agentes que caractericen los nuevos tiempos históricos inaugurados brutalmente en 2001. Es un nuevo terrorismo que ha visto sustancialmente modificada sus estructuras organizativas, sus métodos e, incluso, su soporte ideológico, donde ya no impera tanto un determinado posicionamiento político y sí un sentimiento religioso. Incluso, los objetivos ya no son los mismos: el terrorismo clásico se caracteriza por la publicidad del acto terrorista, frente al terror por el terror que pretende infundir el nuevo terrorismo. 


Insurgentes iraquíes en Ramadi, 2005. Departamento de Defensa de los EE.UU.

Es evidente, por lo tanto, que el terrorismo es un fenómeno vivo, que ha surgido con el hombre y que junto a él ha crecido. Ha sabido aprovechar todo el ingenio posible para desarrollar nuevas y mortíferas tácticas con el fin de implantar el terror como medio de lograr los fines planteados por los diferentes grupos que han hecho uso de él. Y, sobre todo, como conclusión más alarmante, el terrorismo ha sabido adaptarse de una forma impresionante a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades, sin ningún síntoma de agotamiento o signo de desgaste. 

Luis Pérez Armiño©

Fuente de las fotografías: acceso libre wikimedia 

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