Pieds Noirs


En la lógica posterior a la Segunda Guerra Mundial había un hecho claro: el mundo colonial de la primera mitad del siglo XX y la segunda del XIX ya no tenía cabida en el orden internacional posbélico impuesto por Estados Unidos y la Unión Soviética. Mientras Europa iniciaba su reconstrucción, los soldados de las colonias europeas regresaban a sus respectivos países tras el final de la guerra. Volvían con un nuevo ideario fundamental de amplia repercusión internacional. No comprendían por qué habían luchado por la liberación de sus respectivas metrópolis cuando éstas negaban la independencia de sus países. 

La respuesta desde Europa varió: por término general, Gran Bretaña accedió a conceder la autodeterminación sin mediar procesos violentos; mientras, el régimen francés concedió la independencia a Marruecos y Túnez de forma pacífica ya que estos territorios se encontraban bajo el régimen de protectorado: existían unas autoridades locales que, en última instancia, estaban controladas desde París. Sin embargo, Argelia, con una población de un millón de europeos frente a nueve millones de argelinos, era considerada como parte integrante de la metrópoli.

La guerra de Argelia (1954 - 1962) enfrenta a las autoridades coloniales francesas y la población de origen europeo residente en el país contra los argelinos independentistas agrupados en torno al Frente de Liberación Nacional (FLN) y su brazo armado, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El conflicto se desarrolló en forma de guerra de guerrillas y atentados que provocaron una respuesta de violencia extrema y criminal por parte de Francia. Las tropas coloniales hicieron uso de forma sistemática de las torturas, los desplazamientos forzados de la población o las ejecuciones sumarias para frenar los atentados y la violencia del ELN. 


La guerra llegó a tal magnitud que las diferencias planteadas entre militares, colonos, sectores de izquierdas galos y la opinión pública del país estuvieron a punto de provocar una guerra civil en Francia. Sólo el regreso al poder del general Charles De Gaulle y la caída de la IV República frenaron las tentativas golpistas de determinados sectores del ejército y acabó con las amenazas de guerra civil.

Paradójicamente, fue precisamente Charles De Gaulle el único que parecía comprender la realidad de Argelia, apostando por la salida pacífica al conflicto mediante la concesión de la independencia al país. Esta opción disgustó sobremanera a los “pieds noirs”, los colonos franceses de Argelia, y a las temibles OAS, la Organización del Ejército Secreto en sus siglas en francés, grupo de ultraderecha afín a los colonos. Su objetivo: el terrorismo despiadado contra las autoridades francesas proclives a conceder la autodeterminación al FLN y contra los argelinos.

Pese a los intentos por dinamitar el proceso de paz, la única vía de salida a la guerra pasaba por la independencia: representantes franceses y argelinos firmaban el alto el fuego el 18 de marzo de 1962 en la localidad de Evian (Francia). Ese mismo año, el 3 de julio De Gaulle anunciaba la independencia del país, efectiva el día 5. Mientras, cientos de miles de europeos regresaban a la antigua metrópoli junto con muchos argelinos que habían colaborado con las autoridades coloniales, los denominados “harkis” o “traidores”. En Argelia comenzaba la represión contra los “sospechosos de colaboración”.

En Francia, Argelia es un tema que poco a poco deja de ser tabú. Incluso, desde algunos círculos, pasados cincuenta años del conflicto, se considera que París debería pedir perdón por su actuación sangrienta y despótica. Fueron tal los niveles de represión, violencia y brutalidad ejercidos por las fuerzas de ocupación que se llegó a acuñar el término del “método francés” para referirse a la represión de cualquier forma de contestación mediante la tortura, las detenciones arbitrarias y masivas, o las ejecuciones sumarias que tan frecuentes se harían en las dictaduras de Latinoamérica o Asia.

La historia más reciente de Argelia se ha visto diluida en la llamada “primavera árabe” que ha sacudido a sus países vecinos. Todos los analistas muestran su extrañeza ante un país que disponía del caldo de cultivo necesario para el levantamiento de su población, al igual que ocurriera en Túnez o en Libia, y que, sin embargo, se mantuvo al margen de la oleada de revoluciones árabes. Una hábil política de débiles concesiones “liberales”, un férreo control policial, la farsa habitual de elecciones “democráticas” y, sobre todo, el miedo a una nueva guerra civil como la de los años noventa, parece mantener a los jóvenes argelinos lejos de las calles y las protestas. El FLN, actualmente en el poder, abandonó sus principios basados en ese peculiar socialismo árabe tan frecuente en los años sesenta para dejarse seducir por las bondades económicas de la colaboración con la antigua metrópoli.

Después de una larga guerra, París había comprendido que podía desarrollar su peculiar neocolonialismo sin necesidad de mandar a sus jóvenes a una guerra cruel y atroz.

Luis Pérez Armiño ©


Fuente de las fotografías:

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Soufrance_du_peuple_Alg%C3%A9rien.jpg

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fellaghas_abattus_d_cembre_1954_9_me_zouave.jpg

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