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lunes, 20 de mayo de 2019

La primera película de propaganda bélica se hizo contra España

El hundimiento del Maine que supone el inicio de la guerra de propaganda contra España. Fuente imagen archivo histórico

Cuba, finales del siglo XIX. El famoso caso del Maine en la prensa no sería el único acto de propaganda bélica a favor de que EEUU interviniera en la guerra de independencia cubana. El buque norteamericano, según Washington, fue hundido en un acto de terrorismo por unos exaltados españoles que no veían con agrado la presencia del acorazado en el puerto de la Habana.

Todo son suposiciones, el primer rumor dice que un barril de vino escondía una mortífera carga de pólvora. Una comisión estadounidense investiga y sus buzos determinan que la quilla está doblada hacia dentro, explosión propia de una mina que insinúan fue colocada por militares españoles. Por su parte, las autoridades españolas de la isla, tras su propia investigación, determinan que la causa del hundimiento ha sido un incendio accidental en una de las carboneras que afectaría al arsenal del barco. 

La guerra se declara en los periódicos


Dieron igual las disculpas y las investigaciones españolas, el gobierno de los EEUU ya había decidido declarar la guerra a la "decadente" nación que aún mantiene colonias a las puertas de sus costas. Para ello ha estado preparando a conciencia a su opinión pública. La guerra hispano-norteamericana está considerada en la historia como el conflicto donde se hizo el primer uso de la 'información noticiosa' convertida en propaganda bélica.

El magnate Hearst, dueño del Diario de Nueva York, fue uno de los promotores de la guerra. El sensacionalismo de sus informaciones llegó a extremos delirantes, las historias inventadas hablaban de un “arma secreta” española que habría hundido al Maine y amenazaba las tranquilas playas de Florida. Se creó tal paranoia, que se temía el uso de esa secreta arma contra otros navíos norteamericanos habituales ya en esas aguas del Caribe hispano. 

La propaganda funciona


Titulares como: Los soldados españoles tienen la misma costumbre que sus toreros. Cortan las orejas de los soldados enemigos y se las guardan como trofeo"; funcionaron a la perfección. Aunque el ejército español construyó en la isla uno de los primeros esbozos de los nefastos campos de concentración para enemigos, la descripción de sanguinarios mutiladores era falsa y los soldados españoles sufrían tanto o más los avatares de la contienda.

Sin embargo, un mes después de la explosión "misteriosa" que hunde al Maineen marzo de 1898, ya hay 200.000 voluntarios estadounidenses para alistarse. La propaganda de los diarios estadounidenses les alaba como los héroes que evitarán que las mujeres y niños rebeldes cubanos acaben degollados en las cunetas, como se decía.

Tan potente es la campaña de propaganda de guerra contra España que el mismísimo Búfalo Bill está dispuesto a desembarcar en Cuba con un regimiento de sioux y vaqueros. Las informaciones de atropellos contra los naturales de las posesiones españolas se extiende a Asia. La flota española en Filipinas es destruida totalmente por la escuadra naval yanqui del Pacífico. No se conforman sólo con Cuba, quieren todas las migajas del imperio español, y en su prensa informan al mundo que es para salvar a esos pueblos sometidos por el tirano yugo español. 

Gran estreno de la primera película bélica


Cuentan los periódicos de todo el mundo que en Nueva York se hacen interminables colas de espera para ver la primera película americana de guerra con final feliz. Se trata de Rasguemos la bandera española(Tearing Down the Spanish Flag,1898), considerado el primer film bélico de carácter propagandístico.

Es la culminación máxima de la campaña mediática contra la potencia europea, contra la ignorante y atrasada España. Se emplea el nuevo medio visual, mejor que las fotografías, para llegar con más impacto al gran público.

 Soldados españoles izan su bandera tras reconquistar el islote de Peregil (Ceuta, España)

Un Rambo decimonónico


Aunque se aseguró con insistencia en los diarios que las escenas se habían rodado en Cuba, en realidad no es un reportaje de guerra. Los combates se reprodujeron en unos estudios de cine mudo en Nueva York y el realizador de la película, que también era el productor, Stuart J. Blackton, se rodó a sí mismo subiendo por el mástil de un barco y atrapando una bandera española situada en lo alto.

Enfurecido, encolerizado ante la bandera del enemigo, la rasga y destroza; en su lugar coloca una enseña norteamericana y la hace ondear. La película apenas dura un minuto. En realidad es un "corto" de cincuenta segundos que logran la primera gran victoria del nuevo imperio mundial. A la opinión pública de Estados Unidos le quedó claro el mensaje, ya no había dudas. Con el eslogan, "al infierno con España" se debía desalojar a los españoles del Caribe.

Entusiasmo en la platea


Ese casi minuto de gloria bélica provocó el delirio, la extremada emotividad patriótica entre los espectadores. Es una fórmula que ha funcionado desde entonces, la propaganda de guerra para motivar la moral de las tropas y enaltecer el apoyo del pueblo.

Afortunadamente la moneda tiene otra cara, también el cine acabó siendo la mejor propaganda pacifista. Películas como Senderos de Gloria o Apocalypse Now nos lanzan otro mensaje contundente, un mensaje antibelicista.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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