Fin de las cabinas telefónicas en España; una historia del cercano siglo XX que ahora nos parece muy lejana


Cartel de la película para televisión "La cabina" (1972), de Antonio Mercero

Los menores de 30 años nunca han usado una cabina de teléfono. Y eso que por imperativo legal permanecen en las calles como servicio público. Las supervivientes son más piezas de museo que herramientas de utilidad pública. El vandalismo se ha cebado con las menos utilizadas y las que todavía tienen un uso mínimo resultan caras de mantener. En un Consejo de Ministros del pasado mes de noviembre, el gobierno excluyó a las cabinas y a las guías telefónicas del “obligado” servicio universal de telecomunicaciones que debe dar el Estado. Las icónicas cabinas de teléfono desaparecerán de España en los primeros meses de 2022, según consta en el proyecto de Ley General de Telecomunicaciones (LGT). En Pax Augusta os contamos una breve historia de estas “hijas” del olvidado siglo XX

Todo lo que historiamos debe tener una fecha de inicio. En el caso de las cabinas telefónicas se menciona a 1928 como el año donde aparece el primer teléfono de uso público. Sin embargo, ese primigenio servicio no fue una cabina tal y como las conocimos después en sus diferentes tipos a partir de la década de 1960. Era un cajetín con unas puertas donde se guardaba un «teléfono de previo pago» que funcionaba insertando una ficha. Ahí radicaba la novedad, en no tener a una operadora para establecer la llamada. Instalado en el restaurante Viena Park del Retiro, se formaban largas colas ante el cajetín telefónico de curiosos y usuarios. Hoy día ese restaurante es también sala de fiestas, el Florida Park del parque madrileño El Retiro, y décadas después de esa primera "caja con teléfono" tendría los obligados teléfonos públicos de monedas

En realidad ese teléfono público de finales de los años 20 no era independiente del todo. Necesitaba personal de apoyo si las llamadas eran entre ciudades, pues había que indicar a la operadora de la centralita principal qué línea interurbana debía pinchar. Por eso, aunque sea el antecedente más cercano al usar fichas (monedas) para establecer el servicio, la cabina de teléfono propiamente dicha nacerá en España en 1963. Sería el formato que más intimidad daba, una caja algo mayor al tamaño natural de una persona, para garantizar la privacidad de las llamadas. Se había extendido por todo el mundo en los locutorios, donde el espacio era previsto para una persona sentada. Cuando se sacó a las calles, el cajetín aumentó en altura pensado en usuarios viandantes, que realizaban sus llamadas de pie.

Curiosamente las cabinas actuales evolucionaron al inicial formato de cajetin o caseta


Algunas de estas «cajas» han pasado a la historia como parte del paisaje cultural de las ciudades. Es el caso de las famosas cabinas de teléfono rojas de Londres. Por lo visto su célebre diseño está inspirado en un mausoleo. En 1924 el London Metropolitan Boroughs convocó un concurso para elegir el diseño de las futuras «casetas de teléfonos» que se instalarían por toda la ciudad de Londres. Resultando ganador el diseño del prestigioso arquitecto Sir Giles Gilbert Scott (1880-1960), quien se basaría en la tumba de un colega, el arquitecto neoclásico Sir John Soane. Era un atractivo templete de estilo neoclásico, con una estructura rectangular terminada en un bóveda rebajada a la que solo se debía añadir “paredes y una puerta". Elegido ese diseño, se optó por el llamativo color rojo como reclamo a los potenciales usuarios, ciudadanos de una gran metrópoli.

Las grandes ciudades en España tardaron en tener este mobiliario urbano de forma masiva. Aunque a finales de 1960 ya formaban parte cotidiana del paisaje urbano y resultaban imprescindibles en nuestras vidas; sobre todo cuando estabas de viaje en otra ciudad y necesitabas contactar con la familia o realizar una llamada de trabajo. En nuestro país se optó por el formato de metal y cristal, utilizado de forma preferente en Estados Unidos, en mega ciudades como Nueva York. El cristal permitía "transparencia" en los actos del usuario, era una manera de evitar su uso para otras "indeseadas" tareas. Algo que no evitó en muchos casos, cuando los carteles de publicidad hicieron de improvisadas paredes y fueron usadas para consumir drogas o tener furtivos encuentros sexuales. 

Las emblemáticas cabinas telefónicas rojas de Londres


Convertida en un personaje cotidiano de nuestras vidas, ligada a nuestra existencia como ciudadanos del siglo XX resultó perfecta como protagonista de un mediometraje de terror y misterio realizado en 1972 para la televisión por Antonio Mercero. La Cabina describía la angustia de un hombre, interpretado por el excelente actor José Luis López Vázquez, al quedarse encerrado dentro de una cabina telefónica; también se quiso ver en esa "asfixia" del encierro una metáfora de la dictadura franquista. Tras realizar una llamada e intentar salir, encuentra la puerta bloqueada. Los viandantes reaccionan de manera entre curiosa y perpleja. Aunque le intentan ayudar, salir resulta imposible y finalmente es dejado a su suerte. Un curioso destino que no desvelaremos por si alguien no ha visto la película, pero que puede ser metáfora de donde acabarán todas las cabinas que todavía sobreviven en nuestro país.

Desde mediados de la década de 1990 el uso del móvil se generalizó en todo el mundo. En España se mantuvieron las cabinas por un imperativo legal de servicio público, pues debía haber al menos una en toda población superior a los mil habitantes. Sin embargo, la comodidad de comunicación que aportaron los móviles fue el inicio de un anunciado ocaso que ahora será su desaparición definitiva el próximo año


Gustavo Adolfo Ordoño
©
Historiador y periodista



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2 Comentarios

  1. Según tengo entendido han colocado una réplica en el mismo lugar en que se filmó la película.

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    1. Sí, así es. Lo vi cuando me documenté para escribir el texto, merecido homenaje 👏 👍🏼

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