Melilla y el asalto a su valla-frontera, semejanza ¿razonable? con la película 'Guerra Mundial Z'


Las imágenes me recordaron enseguida a una película que no he visto,“Guerra Mundial Z” (2013), pero que se promocionaba a bombo y platillo (trailers) con unas secuencias horripilantes donde miles de personas muertas, los tan afamados zombis, se arremolinaban como hormigas, haciendo columnas humanas que saltan muros, edificios o, incluso, derriban aviones y helicópteros. Vamos, una producción llena de efectismo por los, valga la redundancia, espectaculares efectos especiales. Una película que sigue la absurda pero exitosa moda de los ‘muertos vivientes’, que en el merchandising occidental triunfa en todas las industrias de ocio: cine, series de TV, videojuegos, dibujos animados de adultos e infantiles...

Esa espectacularidad de masas humanas como colmenas de insectos reunidos en un solo cuerpo se apreció con gran crudeza en el último asalto a la valla de Melilla, la frontera de Europa (España) en el norte de África. Era la madrugada del pasado 17 de septiembre y podía haber sido una más de las oleadas de subsaharianos que asaltan nuestras fronteras africanas, pero resultó masiva, 300 almas de “sin papeles” (también son ilegales en Marruecos) que se abalanzaron sobre la frontera de una supuesta mejor vida. Cien de ellos lo consiguieron, hubo 6 agentes de seguridad españoles heridos y un emigrante se rompió una pierna. Balance no muy negativo, viendo las imágenes.


Estos intentos de cruzar a territorio europeo son muchas veces fallidos, dejando trapos y jirones de vida, de ropajes y de calzados, colgados como ropa mal tendida en las redes de las vallas metálicas o en las púas de las alambradas. Un feo muro de un singular Facebook donde quedan las huellas de los migrantes que intentan superar esas redes que separan a los habitantes del primer mundo del resto de las personas. Ya no es una frontera terrestre, es también una línea nítida que divide la posibilidad de soñar de la imposibilidad de ser soñador. Estos jóvenes subsaharianos saltaban la valla al grito de ¡Viva España! y coreando cánticos de campeones, como si hubiesen logrado un gol cuando alcanzan el suelo español...¡¡Oooooooeeee, ooooeeee, oooeeooo, ooee, oe!!

Esa alegría no sabe nada de crisis financiera, de crash del euro, de elevados índices de desempleo, de corrupción económica y política...ese momento de pisar suelo europeo es como tocar el cielo, salir de su infierno (una miseria económica y social auténtica, rotunda; no como la que empezamos a padecer en algunas partes de Europa) y es igual que poder empezar a soñar con lo que sueña todo el mundo; con tener una casa, un trabajo o un oficio, una pareja, unos hijos, un automóvil, unas vacaciones pagadas... los sueños occidentales que, hoy más que nunca, se han convertido en pesadillas para muchos de los ciudadanos del primer mundo. Al final, soñar no va a ser gratis....

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