La estrategia de la no-violencia. Los moriori frente a los maoríes

Ceremonia guerrera maorí 

En los años treinta del siglo XIX las islas Chatham, un archipiélago a ochocientos kilómetros al este de Nueva Zelanda, en el océano Pacífico, vivieron uno de los momentos más trágicos y crueles de su historia. Casi un millar de maoríes desembarcaron en las islas para someter a toda su población, en torno a dos mil habitantes, mediante el uso sistemático y sin paliativos de una violencia brutal. Se considera que tras el proceso de conquista sólo supervivieron en condiciones de esclavitud algo más de un centenar de los moriori, el colectivo que había ocupado el archipiélago, según las últimas indagaciones de la arqueología, desde el siglo XVI. La violenta aniquilación de los moriori, uno de los escasos pueblos que practicaban la no-violencia como un “imperativo moral” para la resolución de sus conflictos, ha generado un amplio interés entre antropólogos e investigadores de lo social.

Hasta las últimas décadas del siglo XX, el poblamiento de las islas Chatham supuso un asunto de controversia arqueológica. Siempre se barajó la posibilidad de la llegada de colonizadores polinesios que se asentarían en las Chatham uno de los territorios insulares más inaccesibles al este de Nueva Zelanda. Formaría escala final del proceso de colonización polinesia que ocupará progresivamente las diferentes islas del Pacífico sur. Sin embargo, recientes investigaciones han desechado esta hipótesis. Al parecer el poblamiento de las Chatham fue responsabilidad de grupos maoríes que llegarían desde Nueva Zelanda en torno al siglo XVI desarrollando, a partir de entonces, unas formas culturales propias determinadas por las circunstancias geográficas de las islas. Este colectivo acabaría conociéndose como los moriori.

Huella del pueblo moriori

Para Jared Diamond (Armas, gérmenes y acero, 2006) el caso de la sociedad moriori ofrece unas condiciones de experimentación social envidiables que pueden arrojar algo de luz sobre la evolución de dos comunidades con idénticos orígenes pero asentados en diferentes entornos geográficos. Básicamente, los maoríes del norte de Nueva Zelanda dispusieron de las condiciones favorables para desarrollar un sistema agrícola que, a su vez, favoreció el mantenimiento de unas estructuras sociales que podían mantener sectores no productivos, como guerreros a tiempo parcial, así como erigir poderosos sistemas de liderazgo dedicados a cruentas guerras con sus vecinos.


Por su parte, los moriori tuvieron que hacer frente a un ecosistema que no facilitaba el desarrollo de la agricultura por lo que tuvieron que recurrir a prácticas propias de sociedades cazadoras-recolectoras. El ecosistema de las Chatham aportaba el abastecimiento de una comunidad cifrada en torno a las dos mil personas. Para regular los niveles poblaciones y evitar los conflictos, los moriori decidieron establecer como base de su ordenamiento social un sistema de no-violencia para la resolución de los conflictos internos así como un sistema de regulación demográfica basado en la castración de un número determinado de individuos.

En 1835 un barco ballenero llegó a la isla norte de Nueva Zelanda e informó a los maoríes de la existencia de las islas Chatham, sin duda exagerando la existencia de recursos y lo idílico de las condiciones de vida en el archipiélago. No olvidaron el aspecto inofensivo, en extremo pacífico, de sus habitantes. El 19 de noviembre de ese mismo año un barco británico desembarcó en las islas a quinientos maoríes totalmente armados. A los pocos días llegarían otros cuatrocientos. Inmediatamente se internaron en territorio insular reclamando su soberanía, aniquilando a todos los que se oponían, practicando el canibalismo y esclavizando a los pocos supervivientes.

Desde 1842 las islas Chatham están sometidas a la soberanía neozelandesa. La “política de no-violencia” y de resistencia pasiva (conocida como Nunuku–whenau) reveló su inoperancia ante la capacidad bélica de los maoríes. Apenas sobrevivió un centenar de morioris sometidos a los nuevos invasores y a unas leyes restrictivas que impedían los matrimonios entre los moriori.
Los moriori, en la actualidad, prácticamente han desaparecido y sólo sobreviven miembros de uniones mixtas con maoríes o con otros europeos. La política de no-violencia, el Nunuku – whenau, pretende ser recuperado por determinados sectores que abogan por las fórmulas de resistencia pasiva y el rechazo a cualquier opción violenta. Sin embargo, en el momento decisivo de la historia moriori supuso la aniquilación total del pueblo.


                                                                 Luis Pérez Armiño ©

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