El fin del debate sobre Islam y modernidad


Un asustado hijo de Gadafi, vestido de Tuareg, mira a la cámara tras su captura

La reflexión sobre el Islam y la modernidad es vieja. Manida para muchos. Sin embargo, el fracaso de fenómenos sociales como la llamada "Primavera Árabe", movimientos que buscaban mayor libertad y democracia en el mundo islámico, nos debería, al menos, incitar a nuevas reflexiones. 

El Islam y la modernidad tuvieron su interesante debate, con rigor, en los años 90 del siglo pasado, cuando el protagonismo en los medios de comunicación era cada vez mayor para los fundamentalistas. Lo novedoso fue que la reflexión surgió en las mismas sociedades árabes, cuando algunos intelectuales musulmanes analizaron el complicado encaje de la religión islámica en el modelo de vida occidental.

Este sistema de vida occidental está basado en el contrato civil de las instituciones (Estados) con sus ciudadanos. Aunque se nos olvida, esta estructura correlativa es la más eficaz y que mejor garantiza los derechos y garantías sociales de los ciudadanos. Por un lado, el Estado debe proveer a sus ciudadanos de una serie de beneficios, derechos y condiciones vitales dignos y suficientes, y como contrapartida esas personas se deben a unas obligaciones y deberes bajo el acatamiento de una Ley General (Constituciones) y sus desarrollos. Esa es la teoría, luego la vida cotidiana y real nos pone ante la práctica. Práctica que unas veces es de una doliente realidad injusta o de una gran deficiencia democrática. Pero el sistema es el menos malo, de eso no hay duda.


“Durante la guerra [primera Guerra del Golfo], los pueblos árabes han visto que los Estados no los representan, que la actitud de los gobernantes no tiene nada que ver con sus deseos y necesidades. La tragedia de esta situación, la gran pregunta, consiste en discernir qué es el Estado y qué es el pueblo en relación al Estado. (...) [la guerra] Ha sido el detonador del nacimiento de la democracia en el mundo árabe. Ha levantado el velo oficial. Se ha visto, a través de la CNN, lo que es un Estado árabe: un aparato divorciado de las masas, de sus peticiones, ineficaz (...); que gasta su dinero en armamento que no defiende a nadie, como se ha visto; y que resulta ridículo en el escenario internacional. (...) Resumiéndolo en una idea, la guerra del Golfo ha supuesto la desacreditación del Estado árabe”.



Fátima Mernissi (1940-2015)

La reflexión del párrafo anterior la hacía la escritora y pensadora marroquí Fátima Mernissi, ya en 1992, en una entrevista que le hicieron por la primera edición de su libro, El miedo a la modernidad: Islam y democracia. Es una reflexión de hace más de 20 años, un análisis que vale la pena poner en valor en estos días donde el descrédito de los regímenes o estados árabes ha culminado en la perversión radical de ese "contrato social" con la aparición del Daesh y su proyecto de califato integrista; un modelo antagónico total del sistema "menos malo" que la modernidad en Occidente ha constituido para la convivencia de sus ciudadanos.

Las líneas editoriales de muchos medios occidentales han llegado a justificar el prejuicio europeo y de los EEUU hacia la capacidad árabe de construir democracias, como si la naturaleza del Islam y las características de la cultura árabe impidieran que los ciudadanos de esos países pudiesen aspirar a los más elementales derechos humanos y sociales: libertad de expresión, de culto, de reunión, de asociación política; derecho a un trabajo, a una vivienda digna, a una justa asistencia jurídica.

Y ese prejuicio se alimenta de más incomprensión e intolerancia cuando el terrorismo yihadista actúa de manera indiscriminada y las masacres de Oriente Medio se extienden a las ciudades europeas. Se nos olvida nuestra parte de responsabilidad en el problema. Porque Occidente no es el único responsable de la inestabilidad política y social de los "Orientes", pero su injerencia desde el siglo XIX no hizo más que agravar la complejidad geopolítica de la región. Aún desde la perspectiva histórica simple se tienen en Occidente juicios de valor muy asimilados. Por ejemplo, podríamos preguntarnos qué país árabe es, era o fue una democracia auténtica a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando se inician los procesos de independencia y la creación de sus estados. La respuesta es también simple: ninguno.

Sigamos recordando unas reflexiones antiguas pero vigentes de la intelectual marroquí y experta en el Corán, Fátima Mernissi:

“Cuando los europeos dicen que el Islam no es compatible con la modernidad, ¿a qué Islam se refieren: al de quince siglos de experiencias que abarcan desde Indonesia al Senegal, al de la modernidad del emir del Golfo, al del chófer del emir o al del emigrado palestino que trabaja para el emir? Creo que un musulmán sería un estúpido si no utilizase los beneficios que le reporta la modernidad: el teléfono, el fax, el ordenador, el coche; Jomeini utilizaba la casete; pero queda un espacio al que no llega esa modernidad: los derechos humanos. (...)"


Los jóvenes árabes llegaron a emplear las redes sociales de Internet (lo más moderno de la "posmodernidad") sin ningún complejo, como herramientas de manifestación y protesta en la ya defenestrada 'Primavera Árabe'. Los terroristas del Daesh emplean las redes sociales con una maestría admirada por los CEO de todo el mundo. Es decir, "miedo a la modernidad" ninguno. Aunque sigue sin entenderse y constituyendo materia de reflexión porqué esa modernidad no sirve ni ayuda para alcanzar ese verdadero objetivo que Mernissi apuntaba: llevar la modernidad a donde en verdad hace falta, a los derechos humanos.


Gustavo Adolfo Ordoño ©


Comentarios

  1. La religión del AMOR " Comprensión, Tolerancia, Sinceridad, Honestidad, etc..."; es la unica que hará Feliz al Hombre.
    Con Amor... Juan

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