Los Nobel de la Paz vergonzosos y polémicos


Desde el Premio Nobel de la Paz 2013, concedido a una organización internacional con propósitos loables que procuran el objetivo de la paz, la OPAQ (Organización para la Prohibición de las Armas Químicas), se puede asegurar que el premio se ha "encarrilado" (consultar aquí la lista). En el lustro anterior al Nobel de la Paz de 2013 se habían concedido premios controvertidos en este galardón. Por ejemplo, el de 2012 a la Unión Europea o el de 2009 al recién investido presidente de Estados Unidos Barack Obama. Un dirigente sin ningún currículo internacional pero aupado por la gloria de la esperanza de paz que su discurso dictó, aunque poco tiempo después se demostró continuador de las políticas belicistas e intervencionistas de sus antecesores en la Casa Blanca, manteniendo (de una forma más discreta, pero manteniendo) la presencia militar estadounidense en Afganistán e Irak.

Las intenciones en política exterior de las superpotencias son un baremo de cómo se enfocará el objetivo, utópico pero eterno anhelo, de la paz mundial. La teoría clásica dice que la potencia que quiere estabilidad o mantenerla (tiempos de paz), en realidad debe prepararse para la guerra. Por eso las "contradicciones" de Oslo y Estocolmo para elegir los premios Nobel de la Paz se dan con frecuencia cuando piensan en estadistas o cancilleres de estas potencias o de países con largo historial conflictivo. Las controversias por los méritos de unos y otros siempre se darán, como vimos en los casos de Henry Kissinger (1973) o el del ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter (2002).
Kissinger al teléfono, una imagen del poder mundial en esa época

En la concesión a Henry Kissinger se habla de su contribución esencial para lograr la paz en Vietnam ese año de 1973, cuando ni se logró una paz estable ni se respetaron las mínimas condiciones del acuerdo de paz firmado con su interlocutor vietnamita, Le Duc Tho. Apuntar algo que honró al dirigente vietnamita, éste devolvió el premio. Kissinger no sólo aceptó el galardón, sino que no recibió ningún reproche o fue cuestionado su premio por las instituciones del Nobel o sus colegas del mundo diplomático cuando se evidenció la implicación manipuladora y determinante del político estadounidense en el derrocamiento de Salvador Allende y la llegada al poder en Chile del general dictador Pinochet; hechos también ocurridos en 1973, el año de su Premio Nobel.

Suponemos que la concesión del Nobel de la Paz a Jimmy Carter, presidente de Estados Unidos (1977-1981), fue como esos premios de consolación que dan a los estudiantes mediocres o a los deportistas que se esfuerzan pero no llegan a la excelencia. De otra manera resulta decepcionante que se conceda el premio Nobel de la Paz, aunque sea en 2002 y por actuaciones muy posteriores, a un dirigente en cuyo mandato y con sus decisiones en política internacional se pusieron las bases para la crisis de relaciones más aguda entre Occidente y Oriente Medio, con el asunto de los rehenes en la embajada estadounidense de Teherán.

Para ser justos, la mala gestión de los rehenes de Teherán  defenestra la carrera política de Carter y sería suficiente "justicia histórica". No obstante, su actuación enquistó el conflicto y ha llevado a las administraciones de Washington desde entonces a considerar a Irán como el enemigo público nº 1. De ahí que el Nobel de la paz a Carter resulte chocante, al haber dejado de herencia un foco de eterna inestabilidad, pareciendo más un“consolation prize” a un ex presidente "de buenas intenciones", que ha limpiado su conciencia siendo embajador- de lujo- de los objetivos de paz de la ONU en muchos conflictos.

Los Nobel de la Paz a políticos o líderes mundiales son merecidos o no, según una amplitud de criterios imposibles de objetivar. Sin embargo, debería ser más sencillo de otorgar valorando el concepto de paz mundial en su verdadera dimensión. Pero no debe de ser así, pues a lo largo de su historia este premio ha tenido candidatos tan sorprendentes como los dictadores fascistas Benito Mussolini o el mismo Adolf Hitler.


Gustavo Adolfo Ordoño ©

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