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lunes, 23 de septiembre de 2019

Reliquias nazis en el búnker del senado francés. Breve historia de los búnkeres más famosos

Entrada al búnker El Capricho, construido en la Guerra Civil española en Madrid. Fuente de la imagen 

Hasta hace unas semanas nadie sabía en el Senado francés que un busto de Hitler dormía el tiempo de la historia bajo el edificio senatorial. Una gran bandera de tres metros con la esvástica, la escultura del dictador y varias cajas con documentos nazis han vivido bajo el templo de la democracia francesa sin que se percataran de ello los senadores ni los responsables del mantenimiento del búnker donde se “escondían”. Ese búnker se construyó en 1937, en tiempos prebélicos, para proteger a sus señorías de posibles bombardeos.

Que pasaran casi ochenta años sin que nadie diese razón de esos objetos es lo que ha escandalizado a los franceses. Tuvo que ser un periodista de prestigio, tras una investigación, en el diario Le Monde, Olivier Faye, quien advirtiera ese olvido histórico bajo uno de los templos de la democracia en la República francesa. Los historiadores que han salido a exculpar al presidente del Senado, Gérard Larcher, afirman que la aparición de esos objetos en el búnker del edificio senatorial no guarda ningún culto al nazismo ni nada conspirativo. Sería consecuencia del caos que vivieron los franceses tras la liberación de París en agosto de 1944. Todo el mundo quería un recuerdo de esos tiempos, aunque fueran oscuros. Un pedazo de bandera nazi, un casco alemán, una pistola Luger, un águila nazi...

Algún jardinero o administrativo del Senado vio como “trofeos de guerra” quedarse con esos objetos, que se depositaron- o ya estaban- en el búnker. El edificio del senado, que es el Palacio de Luxemburgo, y su búnker habían estado ocupados por jerarcas de la Luftwaffe desde la ocupación nazi en junio de 1940. Otra hipótesis es que se olvidaran de ellos en su huida, aunque resulta extraño al considerar que los franceses borraron cualquier huella nazi en los lugares públicos y oficiales. La alternativa para estos incómodos objetos que han resucitado un periodo humillante de la historia francesa, será el pasar a ser patrimonio de museo. Acabarán en otro búnker, sede actual del Museo de la Liberación de París.

Imagen del Museo-Búnker sobre la Liberación de París 
El Museo de la Liberación de París centra su discurso expositivo en el búnker que usó el jefe de la Resistencia, Henri Rol-Tanguy. Es reciente su reinauguración, este pasado agosto, con el propósito de enseñar al ciudadano francés y al turista interesado el refugio antiaéreo-búnker- que sirvió de centro de comunicaciones para coordinar a los militares clandestinos franceses y a los civiles que se unieron a la Resistencia dirigidos por el coronel Rol-Tanguy. En el bando contrario, el de la Alemania de Hitler, proliferaron los búnker. El Estado Mayor nazi gustaba de usar grandes construcciones subterráneas para planificar la guerra total que habían iniciado en septiembre de 1939.

El más famoso entre los búnkeres nazis estaba a 15 metros de profundidad en una plaza cercana al jardín de la Cancillería del Reich en Berlín. Era el Führerbunker. El lugar construido por el arquitecto del régimen, Albert Speer, a prueba de bombardeo masivo con un techo comenzado a unos 8 metros de profundidad y compuesto de 3 metros de hormigón (se piensa que reforzado con acero), fue ocupado por Hitler en sus últimos meses de vida. Los soviéticos al tomar Berlín en 1945 destruyeron las construcciones exteriores visibles y el primer nivel para que no se convirtiera en un santuario nazi. En la Alemania Oriental construyeron en 1988 unos apartamentos y un parking sobre gran parte del espacio que ocupaba el búnker. Ahora un cartel discreto explica que recientes sondeos han comprobado que los pisos de los últimos niveles se conservan casi intactos. Y eso será todo, casi nadie quiere en la Alemania actual desenterrar ese pasado tan hiriente.
El intento soviético de borrar toda huella de Hitler comenzó con el derribo de su búnker en Berlín 

En España también se construyeron búnkeres en la Guerra Civil. Son conocidos los de uso militar porque aún se pueden ver en algunas líneas de los diversos frentes, como los del Alto del León, en el Puerto de Guadarrama (entre Madrid y Segovia). Pero es menos conocido el búnker empleado por la Junta de Defensa de Madrid de la República para llevar allí el Estado Mayor, el cuartel general, del Ejército del Centro. Los sótanos del ministerio de Hacienda se habían quedado pequeños y no eran seguros ante el bombardeo constante de las tropas de Franco. El general José Miaja, Jefe del Ejército del Centro y encargado de las principales operaciones ofensivas y de defensa de la República, aconsejó la construcción de un búnker en la finca de los marqueses de Osuna, en el jardín de El Capricho (Alameda de Osuna).

La construcción se ajustó a las mejores técnicas de ingeniería militar sobre este tipo de habitáculos de la época y nada tiene que envidiar a los muchos que se hicieron en Europa pocos años después, al estallar el conflicto mundial. Hace poco tiempo que se ha recuperado para las visitas de interés histórico, desde el 2017 se puede visitar previa reserva en la administración municipal que gestiona el patrimonio cultural e histórico de Madrid. En este enlace encontrarás más información si te interesa conocerlo.



Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador



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