Cuando Rosa Parks no cedió su asiento a un pasajero blanco


65º Aniversario de un pequeño gesto para una gran causa

Un día como hoy, 1 de diciembre, pero de 1955, Rosa Parks salía de su trabajo como costurera y tomó un autobús para regresar a su casa. Algo habitual que llevamos haciendo las personas en estos dos últimos siglos de historia. Un acto que puede acarrear problemas como el sofoco provocado al tener que correr detrás de uno y no perder su parada. Pero para esta trabajadora negra de 42 años subirse a un autobús en Montgomery, Alabama, acarreaba una serie de pautas cuyo incumplimiento generaba algo más que un «sofoco». Las personas negras podían ir a la cárcel si no obedecían las normas del transporte público de ese estado, que obligaba a los negros a ocupar los asientos traseros y dejar libres el resto a las personas blancas. Rosa Parks había obedecido esa norma, como todos los días, pero una injusticia sobre lo ya injusto provocó su célebre gesto.

Había pagado su billete de 10 centavos y fue a sentarse en la primera fila de la «segregada sección de color», inmediatamente detrás de la zona reservada a los blancos. El autobús llegó a la hora punta de pasajeros y cuando estuvo lleno el conductor paró para evitar que las personas blancas estuvieran de pie. Aprovecharía la entrada al bus de un pasajero blanco, un caballero con traje y corbata, para ordenar que las cuatro personas negras sentadas en la primera fila de su sección se levantaran para que el pasajero nuevo se pudiera sentar. Tres de esas personas obedecieron, Rosa Parks se negaría. Según cuenta no es que tuviera un mal día y se enfureciese desobedeciendo, esa orden entendió en ese momento que ya era el colmo de la discriminación. 

Lo surrealista del incidente lo encontramos en que se produjo un altercado que se repite en las líneas de autobús de todo el mundo. Una discusión entre el conductor y varios pasajeros por las normas de usuarios. Sin embargo, las normas racistas que defendían la «autoridad» del bus y algunos pasajeros blancos estaban siendo incumplidas por ellos mismos. Rosa Parks estaba bien sentada, lo de ceder su asiento a un blanco era otra más de las extralimitaciones en la normativa que se solían hacer. El conductor amenazó con llamar a la policía, algo que no intimidó a la costurera que incluso invitó a que lo hiciera y así expresar a los agentes su queja por lo que consideraba una injusticia. En ese momento, Rosa no podía ni imaginar en lo que su arrebato de coraje acabaría convirtiéndose: un icono para la lucha de los anti segregacionistas. 

Ficha policial creada a Rosa Parks tras el incidente del bus

Al final, como no podía ser de otra forma en la Alabama de 1955 (y en cierta manera la de hoy día), la policía arrestó a Rosa Parks sin atender a sus reclamaciones. Aquel incidente tuvo la suerte de trascender más allá de su detención, consiguiendo una extraordinaria repercusión entre las personas negras y blancas que comenzaban a tomar conciencia de las graves injusticias que propiciaba la discriminación racial en Estados Unidos. Parece ser que un joven reverendo, aún no muy conocido, Martin Luther King, junto a otros activistas por los derechos civiles pagaron la fianza de Rosa Parks y siguiendo su gesto promovieron un boicot contra los autobuses públicos que duró un año. 

Rosa Parks y su marido recibirían en Alabama amenazas de muerte y acoso en su trabajo. Emigraron a Detroit y Rosa lograría estabilidad para convertirse en una líder por los derechos civiles cuando entró a trabajar en la oficina de un congresista del Partido Demócrata. En 1996 el presidente Bill Clinton le otorgó la medalla presidencial de la Libertad y poco después el Congreso de Estados Unidos le concedería su medalla de oro, que es la distinción cívica más prestigiosa del país. 

Pero sobre todo, Rosa Parks y su gesto crearon un icono inolvidable para la historia.


 

Gustavo Adolfo Ordoño ©

Historiador y periodista 


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