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| La base aérea de los Estados Unidos en Lajes, en la isla Terceira de las Azores (Portugal). Fuente de la imagen |
En los últimos días, la Fuerza Aérea de Estados Unidos ha estado desplegando aviones de reabastecimiento, aviones de combate y aviones de transporte a la base aérea de Lajes, en la isla Terceira de las Azores (Portugal), según recogen los medios portugueses. Una noticia que no sería extraordinaria si no fuese por el contexto bélico de la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán.
Los informativos de nuestros vecinos se hacen eco del incremento de la actividad aérea; mayor incluso que la escalada militar que tuvo lugar en junio del año pasado, apenas un par de días antes de que EEUU lanzara la Operación Martillo de Medianoche. Esa campaña de ataques aéreos contra importantes instalaciones nucleares iraníes y que nos aseguraron había conseguido su objetivo. Contradiciéndose una vez más, el presidente Trump asegura ahora que uno de los motivos para atacar a Teherán ha sido completar esa destrucción de la supuesta amenaza nuclear de Irán.
Washington tiene bases militares repartidas por todo el mundo y suele tener un uso bastante «libre de ellas». Sin embargo, el gobierno español ha dicho no a un empleo belicista de las bases de Morón y Rota. Obligando de esta forma a Estados Unidos a utilizar mucho más las «viejas» (históricas) bases de las Azores, conocidas con el sobrenombre durante la Guerra Fría del 'portaviones insumergible de Occidente'. En Pax Augusta os contamos una breve historia sobre el origen de este «portaviones natural» en mitad del océano Atlántico.
El Centinela del Atlántico en Las Azores; una vieja historia surgida de la remota Alianza Anglo-Portuguesa
Así, el hilo del que tirar para entender la facilidad con la que EEUU terminó teniendo tan estratégicas bases en las Azores, estaría en el eje occidental Londres-Lisboa. Portugal y el Reino Unido mantienen la alianza diplomática más antigua del mundo aún en vigor, formalizada en el Tratado de Windsor de 1386. Y su vigencia sorprende porque proviene de unos acuerdos caballerescos medievales. Una cuestión de honor y flema que parece haber calado para siempre en el imaginario cultural de ambos países.
Tratado de Windsor que fue firmado el 9 de mayo de 1386 entre Juan I de Portugal y Ricardo II de Inglaterra. El tratado selló una alianza perpetua tras la victoria portuguesa en la Batalla de Aljubarrota. Allí arqueros ingleses ayudaron a Portugal a mantener su independencia frente a Castilla. Una fecha gran impronta de fuego para el nacionalismo luso más recalcitrante.
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| Recreación por IA (Gemini) de la sala de radares en la Base Aérea de Lajes en las Azores (1945) |
Un dato fundamental y curioso de este tratado bilateral estaría en una cláusula principal que establecía una amistad, unión y alianza inviolable, eterna y sólida en la que ambos países se comprometían a ayudarse mutuamente en caso de agresión externa. Esta relación especial de casi 600 años sería la «carta en la manga» de Churchill para presionar al dictador portugués António de Oliveira Salazar y que permitiera la presencia de los Aliados en las Azores, a pesar de la neutralidad oficial dictada por Salazar para Portugal.
Negociaciones del incisivo Churchill, argumentando que la protección de las rutas comerciales atlánticas era asunto vital para la supervivencia británica. En octubre de 1943, Lisboa sucumbe a la presión británica y accede al «desembarco aliado» en las Azores, estableciendo la Base de Lagens (hoy Lajes) en la isla de Terceira. La iniciativa fue un logro geoestratégico en la Segunda Guerra Mundial, al acabar con la «herida de muerte» provocada en el Atlántico central por los temidos submarinos alemanes (U-boots). Ahora tenían la amenaza de una aviación aliada, despegando desde la misma zona de conflicto y logrando proteger a los convoyes en más millas náuticas.
Aunque el dictador portugués Salazar recelaba de la presencia de Estados Unidos en sus islas Azores, al temer represalias de Hitler con el que también tuvo tratos diplomáticos, la presión británica aumenta y en 1944 autoriza a Washington a construir una base aérea en la isla de Santa María. Consolidando así la presencia norteamericana, que hasta ahora había sido de apoyo a los británicos. Llegando a los meses finales de la guerra, el mayor número de operaciones estadounidenses en Lajes, isla Terceira, la hacen de facto una base estadounidense.
Resultaba una «evidente» realidad que había de sellarse sobre el papel de lo oficial y diplomático. El necesario acuerdo debía ser bilateral entre Portugal y los Estados Unidos, pero Londres actuó siempre como un «garante en la sombra». El Reino Unido era el que, en verdad, tenía derechos de uso en las Azores desde el año 1943 gracias a las presiones de Churchill. Así que hubo de esperar al histórico Acuerdo de Lisboa de 1951 para «armonizar» la presencia de las dos potencias anglosajonas en el archipiélago.
Al igual que con otro dictador ibérico, el español Francisco Franco, las circunstancias de la venidera Guerra Fría favorecieron a Salazar y la consolidación de sus regímenes. Portugal, con su archipiélago tan estratégico, se iba a convertir en miembro fundador (¡!) de la OTAN en 1949, con el respaldo sólido de su fiel aliado británico. Y es que la base de Lajes se convirtió en vital para la organización atlántica. Servía de reabastecimiento de vuelos transatlánticos, de estación de inteligencia y comunicaciones con sistemas de escucha que conectaban ambos lados del Atlántico y, durante esos años de tensa convivencia de bloques, de centro con monitoreo de los movimientos de la flota soviética.
Una gran baza geopolítica portuguesa cuya cesión le sirvió como contrapartida para modernizar su Ejército y afrontar durante las décadas de 1960-1970 sus nefastas guerras coloniales. Con el paso de los años, a pesar de continuar el contexto de Guerra Fría, surgió la habitual «mala conciencia» nacionalista que obligó a revisar las cláusulas de uso y soberanía. Un aspecto delicado de este tipo de acuerdos es el equilibrio entre la «presencia militar extranjera» y la soberanía del país donde radican esas bases militares. En el caso portugués, más allá de la alianza fiel con Londres que facilitaba la labor diplomática, se hubo de fijar puntos clave en el uso conjunto con Washington, el «invitado». Así, desde 1956 se estableció que la base de Lajes (Terceira) sería de uso conjunto entre la Fuerza Aérea Portuguesa (FAP) y las fuerzas de EEUU (USAF).
Pero además, el Portugal de Salazar concedió a Estados Unidos el derecho de utilizar las instalaciones para el tránsito de aeronaves, reabastecimiento de combustible y mantenimiento técnico. Algo que influye en la geoestrategia actual, pues Lisboa debe permitir hoy día todas esas operaciones que van dirigidas, evidentemente, al nuevo (y enésimo) conflicto de Oriente Medio... y, aunque les cueste creer, si no se opone a ello es más por esa «relación especial» con los anglosajones que por tener un gobierno de derechas afín a Trump.





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