La venganza, un bucle continuo de odio

Ojalá toda la venganza fuera pura parodia del odio. Portada de la comedia teatral
La venganza de Don Mendo de Muñoz Seca



  
 El móvil de un crimen puede ser la venganza. Venganza es un acto puro de odio, una bilis que supura balas de indiferente calibre porque lo más mortífero es la satisfacción de ver muerto a quien te ha agraviado. La venganza de Moctezuma es una diarrea que le da al turista que visita México, una expresión coloquial mexicana como frío desagravio por volver a pisar el europeo la «tierra conquistada» del emperador asesinado. La venganza de Don Mendo es una parodia que con ironía castiza ridiculiza las venganzas de hombres con honor sobre miserables sin hombría, tema recurrente de la épica, desde el Cantar del Mío Cid, por mencionar sólo mi ámbito cultural, el hispano.

Pero la venganza está en la humanidad. Es el brazo ejecutor del castigo en muchas religiones. Mordimos la manzana y un dios que debía ser misericordioso hizo uso de la venganza para condenarnos al castigo eterno; la venganza está presente en el ojo por ojo, diente por diente de la mismísima Biblia. Venganza, aunque parezca un contrasentido, es principio de justicia. Antiguos y modernos humanos usan la venganza como forma justiciera. Se hizo justicia, decimos. Cuando la muerte es la venganza esa «justicia» se convierte en criminal y nunca se tiene razón al usarla. Aunque nos da igual, esas «peleas de sangre» (vendetta) son irremediables, son humanas, irracionales pero «entendibles» sin mucho rubor o vergüenza, por entender lo incomprensible. Quedan muy bien en la literatura y en el cine, por ejemplo.

 Venganza. Una cuestión de honor, una razón de odio. El deseo de venganza suele ser de los más fuertes y el no caer en él supone una de las actitudes más nobles. Su contrario, el perdón o benevolencia, también es base de las religiones aunque perdonar está, ilógicamente, más relacionado con la piedad que con la justicia humana o divina. Parece inevitable que la humanidad debe vengarse a toda costa de algo, quizás por el agravio de haber perdido la eternidad. Lo que me hace pensar en el bosque frondoso que no deja ver los árboles. Porque si algo es eterno en este mundo, esa es la «eterna venganza». Véase la practicada en Tierra Santa, Palestina o Israel. 

Una eterna venganza que se representa en los clanes familiares, tribales o grupos sociales que la practican a lo largo del tiempo como forma de justicia. También como manera de dominio, de ganarse el respeto y el temor de otras familias o de otras sociedades. La venganza es un plato que se sirve frío es una cita que dicen provenir de la literatura, de Las Amistades Peligrosas del francés Choderlos de Laclos. Viene a decirnos que el tiempo es lo de menos, que el vengativo (ya sea un individuo o una sociedad, un país) se tomará su tiempo, planificará su venganza al detalle porque siempre, la vendetta, es un asunto «espiral»; un bucle continuo de odio.



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