Acuerdos históricos incumplidos, una historia muy repetida

El presidente Trump anuncia que EEUU deja de forma unilateral el acuerdo nuclear internacional con Irán.
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El propósito de este artículo daría para una enciclopedia. Es habitual que la dinámica de un tratado o acuerdo internacional sea el incumplimiento. La lista sería interminable. Si nos ponemos a rastrear en el pasado, encontraríamos acuerdos entre pueblos que se han incumplido desde la Antigüedad. Por eso, intentaremos ceñirnos a la historia más contemporánea. En Pax augusta nos referimos a un acuerdo como histórico porque nos parecía que así lo acabaría siendo. Estamos hablando del acuerdo internacional con Irán, firmado en Viena, que supuso en julio 2015 una puerta abierta a la mayor estabilidad en la región, después de décadas de bloqueos comerciales y políticos a Teherán. 

El incumplimiento desde el pasado 8 de mayo de EEUU, por decisión de Trump, con su retirada del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), de ese acuerdo que parecía histórico, ha supuesto consecuencias tan graves como se preveían y se intentaban evitar por las diplomacias europeas desde que en enero la administración de Donald Trump amenazase con ello. De nada ha servido que Irán haya colaborado en todo y permitido que la Agencia Nuclear de la ONU confirme más de una vez que el acuerdo estaba siendo cumplido a raja tabla por Teherán. Entre lo peor ha sido las subidas de los carburantes, afectando a las recuperaciones económicas de los vecinos europeos. La canciller Merkel ha sido tajante: "Europa ya no puede confiar en EEUU".

Analizar los por qués de la decisión tan irresponsable de Trump sería tiempo perdido. No se le puede encasillar en un gran estadista que mueve piezas en el tablero con la intención de encaminar su política a unos intereses mayores, encubiertos por razones de peso. Responde a una política simplona, de populismo conservador que agrada sólo a esa parte del país que ve a Estados Unidos como la única potencia mundial a la que se le debe respetar y no cuestionar. Trump y su equipo está imposibilitado para las relaciones internacionales que trasciendan, son unos egocéntricos -localistas a ultranza- que no ven más allá de sus fronteras. Incluso, líderes tan nefastos en el curso de la historia mundial como Hitler y Stalin, entendieron el valor que tiene el acuerdo internacional para  también encaminar sus políticas internas. Y cuando lo incumplían era porque todo el contexto sobre el que se firmó ese acuerdo, había saltado por los aires...

El acuerdo paradigma de incumplimiento: el Tratado de no Agresión entre la Alemania Nazi y la Unión Soviética, conocido como Pacto Ribbentrop-Mólotov

La división de Europa en dos bloques es propio de la Guerra Fría, a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, un precedente evitado y olvidado es el que establecieron en 1939 dos jerarcas con tanto predicamento en sus países como influencia en la historia mundial. Hitler y Stalin se repartieron Europa del Este mucho antes que se constituyese el metafórico "Telón de Acero" que dividió Europa. El acuerdo inicial suponía cara al resto del mundo un "inofensivo" pacto económico alemán-soviético, que fue conocido como pacto Ribbentrop-Molotov por los dos ministros de asuntos exteriores que negociaron el tratado comercial (la URSS vendía materias primas a cambio de manufacturas germanas). Pero la sintonía del acuerdo quiso alargarse en negociaciones de casi una semana, y el 23 de agosto de 1939 las dos potencias tan antagónicas firmaban un pacto de No Agresión, en el que cada uno de los firmantes prometió no atacar al otro.

Stalin, rodeado a la izquierda de la imagen por Ribbentrop y a la derecha por Molotov, en 1939


Ese acuerdo encerraba un protocolo secreto que planificó al milímetro la división de Polonia y el resto de Europa oriental en esferas de interés soviético y alemán. En base a esta clausula secreta, el ejército de la URSS ocupó y anexó Polonia oriental en el otoño de 1939. Además, en noviembre de 1939, el Ejército soviético atacó Finlandia. Una campaña que no resultó tan beneficiosa y triunfante como esperaba Stalin, pero que consiguió para la Unión Soviética varias zonas fronterizas de territorio finlandés, cerca de Leningrado. Con el visto bueno de la Alemania nazi, los soviéticos también completaron su marco de interés geopolítico en la Europa oriental, ya en el verano de 1940. Los soviéticos se incorporaron los estados bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y ocuparon las provincias rumanas de Bukovina del norte y Bessarabia.

Toda esa potencialidad de intereses que se planificó en este tratado tan "antinatural", llegó casi a materializarse por completo. Sólo cuando el líder que se mostró más artero, Hitler en este caso, decidió romperlo, faltando a lo más elemental, la ‘No Agresión’, se puede dar por incumplido. Se puede decir que su incumplimiento tenía sentido. Cumplirlo sirvió como táctica que distraía del verdadero objetivo: atacar a la Unión Soviética por sorpresa. En cambio, incumplir acuerdos como el Plan de Acción Integral Conjunto, que suponían un control internacional del poder nuclear en una zona tan complicada como Oriente Medio, no tiene sentido. Ninguno, ni maquiavélico.


Gustavo Adolfo Ordoño ©



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