Los cambios climáticos que destruyeron civilizaciones - Pax augusta

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martes, 3 de diciembre de 2019

Los cambios climáticos que destruyeron civilizaciones

¿Pudo colapsar la civilización maya a causa de una prolongada sequía entre los siglos VIII y IX? 

La combinación de influencia humana junto a procesos de cambios climáticos ha estado detrás de la desaparición de civilizaciones milenarias. Mayas, vikingos árticos, los Rapa Nui, el imperio Khmer...

Una de las teorías con base científica más consensuada y aceptada sobre el colapso de la civilización maya es la que demuestra la existencia de una prolongada sequía en sus dominios, más de doscientos años sin llover lo suficiente entre los siglos VIII y IX de nuestra era. Curioso, justo cuando los musulmanes invaden la península ibérica y acaban con el reino visigodo. Aunque esta invasión no estuvo motivada por un determinante cambio climático, en todo el planeta fueron siglos de escasez de lluvias y las tribus norteafricanas que acompañaron a los árabes vieron con buenos ojos la posibilidad de conquistar tierras más fértiles y húmedas.

Para las personas más reacias a considerar la influencia del ser humano en los cambios climáticos, sobre todo los que se dieron en la Antigüedad, decir que está demostrada esa incidencia humana en el medio ambiente incluso desde tiempos prehistóricos. La paleobiología y la paleobotánica no se cansan de comprobar la influencia de las poblaciones prehistóricas en su entorno natural. Pero también han  servido para demostrar el abuso sobre ciertas especies vegetales cuando se inició el dominio de la agricultura y ganadería en civilizaciones más desarrolladas. El cambio climático del siglo VIII estuvo agravado por la incidencia maya de su sobreexplotación agrícola de la región. El talar árboles, deforestación, para conseguir claros de tierra donde cultivar favoreció la sequía.

Los Rapa Nui son un ejemplo de libro. Es el caso paradigma del colapso de una civilización por motivos de la acción humana sobre el medio ambiente. Dos especies de árboles autóctonos estuvieron a punto de desaparecer, el hau hau y el toromiro, empleados para el transporte y construcción de esas megalíticas cabezas de piedra, los moáis. Son más de mil las estatuas de grandes cabezas, en una isla de apenas 160 km². Una de las teorías que analiza la decadencia de esta cultura a partir del siglo XV (los europeos no conocerán la isla hasta el siglo XVIII, y al llegar se encontraron con apenas un centenar de nativos hambrientos), explica que se produjo una sobrepoblación y por ello guerras entre las tribus por el control de los recursos de la ínsula.

Una de las formas de “guerrear” entre los clanes fue competir por conseguir el moái más grande y en menos tiempo posible. Así se conseguía el favor de los dioses (ancestros, representados por esos bustos gigantes) y la preeminencia de esa tribu sobre el resto de la isla. La deforestación provocada entre la necesidad de construir esas estatuas colosales, canoas para la pesca y terrenos para el cultivo necesarios por el incremento de población, provocó la aceleración de la desertización de la isla. Algo que ya se dirigía por el cambio climático sufrido hacia el año 1400, inicio de una leve glaciación en todo el planeta.

El llamado en geografía 'Círculo Polar Ártico'. Fuente de la imagen: De Arctic.svg: Sanaoderivativework: Rowanwindwhistler (discusión) - Arctic.svg, CC BY-SA 4.0

Esa glaciación iniciada sobre el siglo XV, tuvo mucho que ver con el colapso de una de las culturas vikingas más peculiares. Los vikingos del Ártico. Las poblaciones vikingas de Groelandia y otras tierras del Ártico se obligaron a desaparecer, abandonando unas tierras verdes antaño y que ahora eran puro hielo. Su caso, para los escépticos de las responsabilidades humanas en los cambios climáticos, tiene que ver más con la imposibilidad de adaptación al entorno. El factor de sostenibilidad, tan protagonista en nuestros tiempos, es una premisa que depende tanto de la acción humana como de la imprevista dinámica propia de la naturaleza.

Estos vikingos estaban adaptados a un clima menos severo, pues en Groelandia y en el Ártico desde el siglo IX que comenzaron la colonización de esas tierras existía un medio ambiente que permitía el cultivo variado y la vida al aire libre. Sin embargo, una pequeña ‘Edad de Hielo’ iniciada cinco siglos después les echó de esas tierras. No lograron adaptarse, como sí hicieron otros pueblos –los esquimales-, al frío extremo y las tierras heladas.

Grabado de A. Delaporte de cómo conoció la ciudad sagrada Kkemer en 1880

El imperio Khmer en la actual Camboya sufrió un caso similar al de los mayas. De hecho, sus grandes templos abandonados hace siglos en medio de la selva camboyana recuerdan a las grandes pirámides mayas ocultas bajo los frondosos montículos selváticos de Centroamérica. La cultura khmer o Jemer construyó uno de los más avanzados complejos urbanos de la historia de la humanidad. Angkor Wat, poseía desde el siglo X sofisticados sistemas hidráulicos, alcantarillados, puentes y esclusas para aprovechar los recursos hídricos. De nuevo, la sobrepoblación y una abusiva explotación de los recursos, potenciaron el cambio climático que en el siglo XV trajo sequías y temperaturas más frías a la región.

Todos estos datos no quieren hacer catastrofismo ecológico, culpabilizando de ello al ser humano por su misma condición. Se trata de aprovechar que ahora tenemos más conocimientos del problema que nuestros antepasados. La acción combinada de los ciclos climáticos y la actividad humana está afectando a las condiciones habitables del planeta. Ahora que lo sabemos, seamos "esquimales" (inteligentes) y comencemos una adaptación sostenible.



Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador


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