Perón y el peronismo; una historia de indefinición política - Pax augusta

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viernes, 13 de diciembre de 2019

Perón y el peronismo; una historia de indefinición política


Los Perón juegan con sus mascotas. Eva Perón, la mujer que le aportó incrementar su popularidad al presidente Perón. Fuente de la fotografía: CEDOC

¿Perón fue un visionario nacionalista? ¿El gran estadista argentino del siglo XX? ¿Un militar y dirigente pionero del populismo? ¿Una versión moderada del revolucionario social? Lo único claro es que el partido que lleva su apellido y gestiona su legado, el peronismo, vuelve a gobernar –algo recurrente- en la Argentina tras haber ganado su candidato, Alberto Fernández, las últimas elecciones presidenciales.

¿Quién era Juan Domingo Perón? 

Lo siento pero me sale la rima. Es la pregunta del millón. Una vez se me ocurrió hacer esa cuestión a un amigo argentino y él mismo me advirtió, antes de pronunciar un discurso largo y confuso sobre el tema, que no sabía dónde me metía. Y sigue siendo así. Si algún lector de Argentina rebota por acá, estará pensando que en menudo quilombo pretende meterse el “gallego” (español) este. Perón como personaje resulta tan contradictorio que quizá pocos argentinos, sobre todo de las últimas generaciones, sabrán que fue militar golpista, luego político que sufrió golpes militares y que sería derrocado (se exilió) en 1955 por otro golpe, esta vez cívico-militar.  

Esa capacidad tan argentina de magnificar cosas y personas, consiguiendo que Dios juegue en su selección de fútbol, explica que el movimiento social fundado por un ex coronel, con la única experiencia política de haber sido secretario del Departamento Nacional del Trabajo, sea la fuerza política y social más determinante de la historia contemporánea de Argentina. El peronismo se inicia en 1946 cuando Perón consigue la mayoría absoluta en la cámara de diputados y el senado, pero su gran base social se había logrado precisamente durante su eficaz labor al frente de la Secretaría de Trabajo.

Después del golpe militar de 1943 que derroca al gobierno conservador de Ramón Castillo, y en el que participó, Perón es designado secretario del Departamento de Trabajo en 1944. Comienza su gestión renovando el departamento y convirtiéndolo en la Secretaría de Trabajo y Previsión. Enseguida demuestra una capacidad notoria para captar el interés y la motivación política de los trabajadores. Un carisma ganado en la clase trabajadora gracias a decretos-leyes que harán reformas profundas en el mercado laboral argentino, beneficiosas en salarios y ayudas a los trabajadores tanto industriales como agrícolas. El apoyo a su persona y su popularidad se incrementó tanto que fue “liberado por el pueblo”, cuando el recelo de la cúpula militar le encerró en la isla Martín García.

Perón en un acto social en su etapa de "militar-político"

En las luchas internas por el poder, el general Edelmiro Farrell desplazó de la presidencia al general Pedro Ramírez. Farrell nombraría a Perón ministro de Guerra, cargo desde el que llegaría rápido a vicepresidente del país. Los recelos y temores por el incremento de poder e influencia de ese coronel con tanto apoyo popular llegaron a muchos sectores militares del régimen, que presionaron para que Perón renunciase a sus cargos y fuese confinado en las dependencias militares de isla Martín García. La reacción popular fue apabullante. Miles de trabajadores del cinturón industrial de Buenos Aires de dieron cita en la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945, exigiendo el retorno de Perón. Algo que lograron esa misma noche, apareciendo el ya carismático líder popular saludando desde un balcón de la Casa Rosada.

El peronismo consigue calar en las clases trabajadoras 


Es cierto que ese carisma peronista permaneció en gran parte de la base social trabajadora, incorporándose el movimiento y el partido de Perón a la acción sindical de sindicatos que tenían desde fundamentos cristianos a comunistas. Aunque también es cierto que desde su “impuesta” reforma constitucional de 1949, que le permitió cambios legislativos para la reelección en un segundo mandato, el ‘antiperonismo’ se incrementó tanto que llegó a polarizar a la sociedad argentina entre ‘peronistas’ y ‘no peronistas’. Algo que, en el fondo, sigue siendo consustancial dentro de la vida política de Argentina aunque hayan pasado setenta años y aparecido otros “actores” políticos.

Haciendo psicoanálisis, también algo “muy argentino”, del personaje vemos sus influencias ideológicas muy contradictorias. Agregado militar en la Italia de Mussolini durante la Segunda Guerra Mundial, no ocultó su admiración por el fascismo como movimiento social que “protegía” (paternalismo) al trabajador. También fue demostrada su simpatía por la Falange española de José Antonio Primo de Rivera. Sus detractores remarcan como influencia de esa época la visión jerarquizada, autoritaria y paternalista que le daba a sus leyes sindicales o a la organización de sus gobiernos.

Al perder en 1955 uno de los apoyos principales en su movimiento político y social, a la Iglesia argentina (que fundó su propio partido, el Democristiano), el 16 de septiembre se consumó el golpe de Estado contra Perón que ya había tenido precedentes e intentonas desde 1951. Tras un periplo por Paraguay, Panamá y Venezuela, llegaría en 1960 a Madrid donde fijó su residencia. También era conocida su “amistad” con el dictador Franco, desde que Argentina fuera el único país que ayudó con el envío de carne a la hambrienta España de la dura posguerra. Aunque en su exilio en Madrid se preocupó más por seguir influyendo en la política argentina que en formar parte de la “Corte” franquista.

Quizás la fotografía más famosa de los Perón en el balcón de la Casa Rosada tras un emotivo discurso

Aún regresaría a la Argentina para una tercera presidencia. Efímera, pues llegó a ser presidente tras muchas “carambolas políticas” propiciadas por fuerzas peronistas en octubre de 1973 y fallecía el primero de julio de 1974. Una muerte en pleno mandato presidencial que acentuó y magnificó su carisma popular. Su legado es el peronismo, una fuerza tan heterogénea y de contradicciones ideológicas tan acusadas que van del peronismo de extrema izquierda de los montoneros hasta la democracia-cristiana nacionalista, base del “transversal” ideario del mismo Perón.

Una “flexibilidad” ideológica que permitió al kirchnerismo, última versión del peronismo que lideró el fallecido Néstor Kirchner, sumarse a la ola bolivariana de un “nuevo socialismo”, protagonista político de las primeras décadas de este siglo en el Cono Sur americano. Y luego, con su viuda Cristina Fernández, protagonizar la lucha presidencial desde el ‘centro-izquierda’ contra las nuevas fuerzas neoliberales y conservadoras.  En fin, si desde el “mareado” punto de vista de un europeo se puede hacer una observación, diríamos que el peronismo sí tiene una constante ideológica. Y esa es el nacionalismo. Quizás el quilombo no es tanto, cuando desde cualquiera de sus versiones se aprecia que en el fondo el peronismo es un partido nacionalista “al uso”.



Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador

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