Los perros de la guerra, algo más que el título de una novela - Pax augusta

Se está leyendo

jueves, 11 de junio de 2020

Los perros de la guerra, algo más que el título de una novela


Tanquistas soviéticos en la Segunda Guerra Mundial con su compañero soldado perro

    El uso de animales en la guerra es una «herramienta» casi tan vieja como un bifaz de la prehistoria. Lo que, desde un plano filosófico, podría decir mucho de la humanidad. Empezando por la pregunta obvia de ¿qué nos hace más humanos y por tanto menos animales? ¿Quizás la paradoja de poder dominar a otros animales? El control y el dominio de situaciones y de otros seres, aprovechando nuestras capacidades manuales e intelectuales, es un rasgo evidente que destaca a nuestra especie del resto. Básicamente, ¿es eso la humanidad? La respuesta se la dejo a sus reflexiones. Ahora quiero abordar el tema de la necesidad desde tiempos remotos que hemos tenido como seres humanos de estar acompañados de otros animales, incluso para hacer la guerra.

Los perros de la guerra, algo más que el título de una novela de Frederick Forsyth

Para los amantes de las novelas y películas de acción en un escenario bélico les habrá sido fácil reconocer el título de este artículo. Con ese nombre tituló Forsyth su novela de 1974 y en 1981 una película adaptación de la novela, dirigida por John Irvin. Ambientada en una supuesta república del África ecuatorial, dicen inspirada en Guinea Ecuatorial, narra las peripecias de un comando de mercenarios contratados por un magnate de Londres para dar un golpe de Estado. Es decir, no aparece ningún perro como guerrero pero se identifica y descalifica a esos mercenarios como «perros de guerra». El calificativo refiere la actitud inhumana, animal y cruel, de esos sujetos en su actividad guerrera, convertido así en un insulto. Sin embargo, los perros empleados en la guerra no merecen esa consideración. Ellos se limitaban a ejecutar lo enseñado por sus compañeros humanos; además, muchas veces eran adiestrados para salvar vidas en lugar de quitarlas en medio de una batalla.

Canes y guerras 

El perro tiene el dudoso honor de ser el primer animal domesticado por el hombre. Resulta un dato posible y cierto, pues todos los estudios serios coinciden en otorgar al can ese primer puesto como animal de compañía del ser humano. Incidir que ahora se prefiere el término "animal de compañía", en lugar del más empleado de mascotas. Porque en realidad el perro hizo compañía, compartió problemas y acompañó también en las alegrías a los humanos. La definición de «mascota» lleva al originario concepto de manumisión (dar libertad a un esclavo), de permitir la libertad de un ser que te "sirve de algo". Incluso, esa mascota tenía propiedades mágicas, de talismán con el único objeto de dar buena suerte. De todas formas, el debate sobre el término más apropiado, si mascota o animal de compañía, responde a estos puritanos tiempos de "corrección política". Cuando quiera atender a su amigo perro, para muchos un miembro más de la familia, alimentar y hacerle la vida más cómoda, seguirá acudiendo a una tienda de mascotas.  

El perro fue usado como animal de guerra desde la Antigüedad 

Si el perro acompañó al hombre en la guerra desde muy temprano en la historia, lo fue por haberle acompañado también en la caza desde la Prehistoria. Manadas de lobos hambrientos, cuando escaseaban las presas, bajaron a los campamentos de humanos para comerse la basura, los restos que dejábamos de nuestra caza. Era tanto el hambre, que se les quitó el miedo del contacto con el ser humano. Nuestros antepasados vieron la ventaja de tener a esos animales también gregarios, que se relacionaban en sociedades (manadas), como aliados. La ayuda fue mutua, a cambio de ayudar en el acoso de las piezas de caza a los hombres, los "lobos-perros" eran recompensados con parte de lo cazado. Las pruebas de paleontología en muchos yacimientos demuestran que hace unos 12.000 años esos lobos comenzaron a transformarse en las especies de perros que ahora conocemos. Las personas solían quedarse con las crías más pequeñas y dóciles, sacrificando al resto o dejándolas en libertad. 

La convivencia entre perros y hombres les fue demostrando a ambos las ventajas de esta alianza. Los vigías de los campamentos observarían el fino oído y olfato de sus compañeros perros. Así, una de las primeras tareas en defensa y «militares» de los perros fue la de ser centinelas. Los legionarios romanos paseaban con grandes mastines, mezcla de una raza celta con la mítica raza griega de los Molossus, por los alrededores de sus campamentos, rastreando la presencia de avanzadas enemigas o de espías. Estos mismos grandes perros fueron usados en plenas batallas, aunque no era un "arma exclusiva" de los romanos. Ellos la copiaron de los griegos y estos, a su vez, de persas y asirios. Más de un bajorrelieve esculpido en las milenarias piedras de Mesopotamia, muestra a un perro acompañando a un guerrero, solían ir junto a las cuadrigas. Eran animales enormes, a veces más altos que los guerreros, de razas ya extinguidas como los Molossus, entrenados a atacar zonas vulnerables como cuellos y caras de los enemigos

En las guerras más recientes se siguieron usando los perros en las campañas militares, aunque ya no como fuerzas de choque. En la Segunda Guerra Mundial tanto nazis como aliados los emplearon como mensajeros, incluso como ingenieros zapadores, pues podían extender un cable de telégrafo en lugares por donde un soldado no cabía. Olfatear trampas y minas, para desactivarlas. Socorrer a heridos, llevando agua o botiquines de primeros auxilios hasta la llegada de los sanitarios. Estos canes soldados, lógicamente, sufrían los rigores de la guerra y eran víctimas mortales en muchas ocasiones. Más cuando eran usados como kamikazes con explosivos contra el enemigo. Método que emplearon los soviéticos contra los temidos tanques Panzer de los nazis. Y serían muy efectivos, porque una anécdota contada en la Batalla de Moscú convierte en héroes a estos perros, pues su sola presencia hizo virar en redondo a toda una compañía de Panzer. No debe ser una exageración si los datos de historiadores rusos en este conflicto son fiables y no propaganda, calculando en unos 300 tanques alemanes los destruidos por estos perros adiestrados para colocarse bajo la panza de esas máquinas de guerra y estallar.

El presidente de Turkmenistán regala un cachorro de raza autóctona al presidente ruso, Putin 


Un cruel adiestramiento el de esos héroes caninos soviéticos en la Segunda Guerra Mundial y poco consuelo que para compensar les dejaran desfilar junto a sus compañeros soldados en el gran desfile del 'Día de la Victoria' del 9 de mayo de 1945. En tiempos de paz, los perros han seguido teniendo tareas auxiliares en los ejércitos, sobre todo en actividades de rescate y socorro en las emergencias por catástrofes como terremotos. Unas misiones mucho más gratificantes. Incluso, algunos estrambóticos líderes euroasiáticos han recuperado el agasajo diplomático de regalar un animal como señal de bienvenida y cumplimiento con el huésped extranjero. Era una costumbre que venía después de las guerras, en periodos de paz, de regalar un animal exótico (elefantes, rinocerontes, jirafas, leones...) o un animal apreciado por sus habilidades (mastines, perros de caza, gatos persas...) entre los mandatarios para "alegrar" el nuevo tratado. 


Gustavo Adolfo Ordoño © 
Historiador y periodista 

No hay comentarios:

Publicar un comentario