Tesla y la pobreza energética, hace cien años que el científico propuso «abaratar» la electricidad

La famosa fotografía de Nikola Tesla rodeado de un haz de corriente eléctrica

  Precio electricidad subiendo y como siempre las causas de ello resultan confusas. El principal problema al establecer los precios finales que soportan los consumidores debería estar en los costes de producción. Pero no siempre es así. Otros factores de índole política o comercial se interponen en el mercado energético. En Pax Augusta la curiosa fotografía histórica de Nikola Tesla (1856-1943) rodeado de una corriente eléctrica nos ha recordado que el debate debería ser únicamente ese, el de reducir los costes de producción y conseguir abaratar los precios energéticos. Un propósito que ya tenía hace cien años Tesla con lo que llamaba «mi proyecto de corriente alterna» para llevar electricidad a todo el mundo. 

Tesla y la pobreza energética no es una forzada relación de palabras para componer un título atractivo que encabece este artículo. A finales del siglo XIX este científico tan singular, con una biografía de película, participaba en la llamada «Guerra de las corrientes» que tenía a Thomas Edison y George Westinghouse como principales protagonistas. Esta «guerra» sería por la consolidación industrial y tecnológica de las primeras redes eléctricas. La historia nos cuenta que fue el proyecto de Edison basado en la «corriente continua» el que prevaleció en un principio, marginando a Tesla y a su proyecto científico basado en una menos costosa «corriente alterna» producida usando su invento del motor de inducción. Ha sido en las últimas décadas del siglo XX y en este siglo XXI cuando se comenzó a valorar al inventor de origen croata como un brillante científico. El multimillonario y también científico Elon Musk puso el apellido de Tesla como nombre a su empresa de coches eléctricos.

En sus «Memorias» el mismo Tesla consideraba al motor de inducción aplicado a la corriente alterna como su mejor proyecto científico. En realidad lo ideó para completar el invento de la corriente continua de Thomas Edison, pues Tesla fue reclutado en París por la Compañía Eléctrica Edison; empresa que se estaba imponiendo a nivel industrial en el suministro eléctrico a fábricas y pasando al mercado urbano en Estados Unidos. La corriente continua de Edison necesitaba de potentes estaciones repetidoras cada pocos kilómetros, porque en su camino desde el origen de producción sufría grandes pérdidas de potencia. En teoría no era la mejor propuesta para llevar la luz eléctrica a todas partes, al incrementar los costes de una producción basada en precisar construir varias grandes infraestructuras a lo largo de la red eléctrica. 

La idea de Tesla y los partidarios de la CA (Corriente Alterna) partía del potencial de ésta en suministrar gran voltaje desde el inicio, sin necesidad de muchos repetidores. Sin embargo, Edison contaba con el apoyo y la influencia de dirigentes políticos de la época que hicieron campaña en contra de la CA por considerarla peligrosa, una "bomba del voltaje". El gran éxito de Edison imponiendo sus patentes científicas y aprovechando la idea principal de las patentadas por otros es aún motivo de estudio para los historiadores.

Lo irónico de todo esto fue ver abandonar a Tesla la empresa de Edison y acabar en la de Westinghouse cuando le vendió la patente de su motor de inducción de corriente alterna. El ingenio de Tesla sustituía los costosos generadores eléctricos de la corriente continua. Su funcionamiento consiste en generar movimiento en el motor mediante campos magnéticos rotantes, producidos por una corriente alterna polifásica. Este sistema menos costoso acabó imponiéndose, incluso en la compañía de Edison cuando fue fusionada por la General Electric, una iniciativa de J.P. Morgan. 


Una familia sin suministro de luz debe alumbrarse con velas. Fuente imagen

Nikola Tesla continuó ya bien entrado el siglo XX de forma independiente con su idea de abaratar la producción y distribución eléctrica. Pero su carácter introvertido y el uso arbitrario de los fondos que le aportaron promotores como el mismo J.P. Morgan, le hicieron perder el poco crédito y confianza que había conseguido en Estados Unidos siendo un excéntrico inventor extranjero -nació en el todavía Imperio Austrohúngaro-. Tesla no consiguió demostrar y construir el experimento de uno de sus más queridos proyectos: conseguir la difusión de la electricidad sin cableado y tantas estaciones eléctricas

Su «plan de mega red eléctrica universal» consistía en la utópica cifra de 30 grandes torres de distribución de energía eléctrica, basadas en su motor de inducción por corriente alterna, repartidas alrededor del mundo. Estas torres se aprovecharían del electromagnetismo de la atmósfera, los rayos eléctricos y otras emisiones eléctricas producidas en el planeta para distribuir la inicial gran carga de corriente alterna producida en otras tantas estaciones centrales. Según Tesla serían suficientes para difundir y repartir electricidad por todo el mundo, abaratando o haciendo casi gratuita a esta energía. 

Esta teoría quedó dentro del «misterio» que rodeó al trabajo de Tesla en sus últimos años de inventor. Una utopía científica indemostrada, pero que puede servir de alegoría para todas las actuales iniciativas de energías renovables y sostenibles que intentan complementar o sustituir a la «vieja y monolítica» industria eléctrica iniciada hace más de un siglo en la Segunda Revolución Industrial (la era de la electricidad). Como emprendedor de nuevas tecnologías, Nikola Tesla también fue pionero. 


Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador

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