«El agua no moja»; cuando la obviedad deja de ser obvia y dificulta la racional búsqueda de la «verdad»

«El agua no moja»; cuando la obviedad deja de ser obvia. Imagen recreada por IA


 En cualquier investigación, ya sea histórica, periodística o judicial, lo único que tenemos claro al principio es que el «acontecimiento» pertenece al pasado. Lo que tenemos en el presente son huellas o simples rastros. ¿Cómo podemos determinar qué ocurrió realmente? Si ya no podemos observar un hecho de manera directa y así poder «conocerlo» bien, incluso interpretar mejor qué supone, ¿cómo sabremos su «verdad»?

Porque un documento, una fotografía, varios objetos, un testimonio o una declaración no serían la realidad pasada: son evidencias sobre ella. Es cuando el investigador debe establecer qué hipótesis explica mejor el conjunto de evidencias disponibles y con ella nos acercaríamos todo lo posible a la «verdad» del acontecimiento ya ocurrido. Michele Taruffo, jurista y académico italiano, fue uno de los grandes especialistas contemporáneos en teoría de la prueba. Sostenía que la prueba posee una función epistémica. Es decir, la prueba sirve para obtener conocimiento racional acerca de los hechos. 

Taruffo proponía un modelo que vincula de manera explícita a la investigación de la verdad, con la prueba e inferencia. El punto de partida no es la certeza, la aparente «obviedad», sino la hipótesis. Así, una investigación rigurosa comienza formulando una o varias explicaciones –hipótesis- posibles. Advirtiendo, además, que una prueba tiene valor no porque sea compatible (obviedad) con una hipótesis, sino porque permite discriminar entre otras hipótesis rivales. Por ejemplo, si encontramos unas cenizas en medio de un camino sabemos con certeza que hubo fuego y combustión.

Sin embargo, las cenizas por sí solas no permiten determinar nada concluyente. Si el incendio fue en ese entorno (las pudo traer el viento), si fue accidental o, incluso, si alguien las dejó allí y procedían de otro lugar. De ahí, la importancia de intentar refutar la propia hipótesis. Esta es una de las ideas fundamentales de la filosofía de la ciencia contemporánea, asociada sobre todo al trabajo de Karl Popper. Viene a decir que una investigación rigurosa no debe limitarse a buscar datos confirmadores de «nuestra explicación/verdad», sino buscar de manera activa aquellos otros datos que podrían demostrar que es incorrecta.


La búsqueda racional de «la verdad de la Crisis de Ceuta»: indicios, pruebas e inferencias

 

 Vamos a emplear un caso de extrema actualidad histórica, la crisis migratoria de Ceuta,  para demostrar esa importancia de intentar refutar la propia hipótesis

  1. Observamos un hecho inesperado: entrada masiva de personas, entre 70.000 y 80.000, el 30 y el 31 de julio de 2026 por la frontera del Tarajal en Ceuta (España) procedentes del país vecino, Marruecos. 
  1. Consideramos diferentes explicaciones/hipótesis:

.- la más «evidente» para muchos será el efecto llamada por la regularización masiva del gobierno español de migrantes hace unos meses; la ambigüedad de algunos tribunales que indicaban la imposibilidad de devolver a los emigrantes irregulares que llegasen a nado a Ceuta;

.- la movilización por redes sociales en Marruecos de realizar una masiva entrada a España aprovechando la inexacta (bulo) anterior información;

.- una invasión en toda regla de un país hostil con reivindicaciones sobre nuestro territorio soberano en el norte de África. Su proceder tan maniqueo de usar a su población como arma para conseguir sus intereses geopolíticos está más que probado por otros acontecimientos similares sobre Ceuta y Melilla;

.- una estratagema de guerra híbrida planificada por potencias como EEUU e Israel por la independiente y valiente postura de España condenando y criticando tanto la guerra de Irán como el genocidio de Gaza; en esta línea de hipótesis estaría la acción también de guerra híbrida de Rusia para alterar la unión y equilibrio de la Unión Europea respecto al apoyo europeo a Ucrania

  1. Preguntamos qué hipótesis explicaría mejor el conjunto de indicios: en este paso debemos buscar nuevas pruebas capaces de distinguir esa explicación mejor de las explicaciones alternativas a ella. Aquí es donde España, la sociedad civil, la opinión pública y las fuerzas políticas, no ha sabido (o querido) avanzar. Dar ese paso de cuestionar, de impugnar con argumentos, la explicación que cada uno ha elegido como la correcta, la «verdad». No pudiendo pasar al cuarto y último paso de sacar Conclusiones.

 

 Al principio fuimos muchos, casi todos, los que nos hicimos la gran cuestión: ¿podemos conocer la verdad? Expuesto así nos parecía más una aspiración filosófica que un derecho cívico de un Estado democrático. Pero no es una distracción intelectual mi último apunte. El gobierno español no se ha puesto a «conocer la verdad» al tener la urgencia y obligación máxima de gestionar una crisis migratoria que, provocada por una explicación o por otra, ahora es una realidad en forma de grave crisis humanitaria.

De todas formas, espero que retomen la investigación de la verdad. Una investigación que no consiste en acumular confirmaciones que, encima, parezcan conclusiones, sino en construir una explicación (la «verdadera» conclusión) que sobreviva y resista al máximo número posible de intentos racionales de refutarla...


Sobre el autor

Gustavo Adolfo Ordoño Marín es historiador y periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED. Máster en Historia Contemporánea de España. Autor de ensayos históricos en editoriales como Almuzara y colaborador en medios de comunicación. Conoce más sobre su trayectoria académica, línea editorial y publicaciones en la sección Acerca de Pax Augusta .

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