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| Vista aérea de Ceuta en una fotografía de principios del siglo XX. Fuente de la imagen |
Cuando llegas en barco al puerto de Ceuta es difícil apreciar la antigua presencia protagonista de las murallas y fortaleza que presidían esa entrada. Lo que no sabemos, si no somos de la ciudad, es que esas murallas y ese imponente edificio se fueron reformando a lo largo de los siglos según las necesidades defensivas y con ello configurando su urbanismo. La principal reforma fue la realizada por Felipe V, obligado por el largo (más de 30 años) y gran asedio iniciado por el sultán Mulay Ismail en 1694. Justo cuando el primer Borbón llegó al trono español, a principios del siglo XVIII, vería amenazados a la vez dos de sus dominios más estratégicos: Gibraltar en la punta más al sur de la península y Ceuta, al otro lado del estrecho.
Perdido Gibraltar tras su toma por una escuadra angloholandesa en 1704, la ciudad española de Ceuta quedaba como bastión fundamental para seguir controlando el paso del estrecho. Su valor estratégico se multiplicaba por dos y la defensa de esta plaza pasó a ser objetivo prioritario de Felipe V. Destinando todos los recursos humanos y materiales necesarios para mejorar y potenciar las estructuras militares de la ciudad. Serían la Murallas Reales y las líneas de baluartes que ahora son objeto de lamento en la ciudad por su pérdida patrimonial.
Una pérdida patrimonial por el abandono y la especulación inmobiliaria desde las últimas décadas del siglo XIX, donde se dio prioridad a la expansión territorial de la ciudad conseguida al sultán de Marruecos en el Tratado de Wad-Ras de 1860. Una expansión extramuros no solamente de la todavía en esas fechas casi «ciudad medieval» de Ceuta, también una cesión territorial expresa «en pleno dominio y soberanía». Ese acuerdo de paz y amistad firmado en Tetuán el 26 de abril de 1860 era explícito y claro respecto a Ceuta.
El sultanato magrebí no estaba cediendo soberanía, que por otro lado reconocía él mismo como española, sino que constataba ese territorio cedido como de uso soberano (de una manera u otra lo había sido con cultivos o viviendas en la época portuguesa) por los ceutíes. Es decir, el Tratado de Wad-Ras no «creó» la soberanía española sobre Ceuta. Esa soberanía era muy anterior. Lo que hizo el tratado fue ampliar el territorio de la plaza y regularlo de forma expresa y jurídica mediante un acuerdo bilateral con el sultanato de Marruecos. Nunca, durante todo ese siglo XIX, entró en las disputas coloniales que culminarían con el «reparto de África» de la cercana Conferencia Berlín de 1884.
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| En el escudo de la bandera actual de Ceuta también encontramos su alma ibérica |
Ceuta es la ciudad de España con más historia ibérica
Cuando Juan I de Portugal conquistó Ceuta, la pequeña ciudad estaba bajo el sultanato meriní, gobernado por Abu Sa'id Uthman III. La conquista portuguesa se produjo en un contexto de fragmentación y competencia entre los diversos poderes del Magreb y del todavía reino musulmán de Granada. Es decir, no existía como entidad de un inexistente reino marroquí. Los portugueses, una vez tomada decidieron conservarla de manera permanente estableciendo una guarnición y nombrando a Pedro de Meneses como capitán de la plaza. Resultó una plaza difícil de mantener en los casi dos siglos de exclusivo dominio portugués.
El problema de sucesión en Portugal abrió una crisis entre 1578 y 1580, con un breve conflicto militar resuelto con la toma española de Lisboa para reafirmar el derecho de Felipe II al trono portugués. Corona a la que tenía derechos dinásticos por vía materna. En Portugal reinaría como Felipe I y Ceuta reconoció su autoridad en 1580. La ceremonia formal de proclamación se celebró en septiembre de aquel mismo año. El Archivo Municipalde Ceuta conserva la referencia documental a la toma de posesión realizada el 7 de septiembre de 1580 por Antonio Felices de Ureta en nombre del monarca Felipe II.
De esta manera, Portugal y los territorios portugueses quedaron
bajo la misma persona que gobernaba la Monarquía Hispánica, pero conservaron
sus propias leyes, instituciones y estructuras administrativas. Este periodo es
conocido con el nombre de Unión Ibérica o Monarquía Hispánica de los
Austrias (1580-1640). Por eso, la fecha de 1580 sería la idónea para hablar
ya de soberanía española; sin esperar al «detalle jurídico» del reconocimiento
de esa soberanía por Portugal el 13 defebrero de 1668, cuando se firmó en Lisboa el Tratado de Paz que
puso fin a la Guerra de Restauración portuguesa.
Así, en el largo proceso de restauración portuguesa de su «independencia total», pues había sido un reino autónomo, comenzado en 1640, Ceuta consolida su lealtad a la soberanía española comenzada en 1580. Será, a diferencia de la inmensa mayoría de los territorios portugueses, fiel a la Monarquía Hispánica sin rebelarse contra Felipe IV. Esta lealtad se ha interpretado muchas veces como un agradecimiento profundo a Felipe II y sus herederos por ocuparse desde el primer momento de la defensa y seguridad de esa plaza. Ceuta se sintió abandonada por la Corona portuguesa que emprendió empresas más allá de los mares por todo el mundo, descuidando al fruto de su primera gran expedición.
Por tanto, en cierta forma, podemos decir que Ceuta quiso continuar la Unión Ibérica en alma y cuerpo, aunque esto último ahora solamente de hechuras españolas. La investigación histórica basada en documentación del Archivo General de Simancas, puede calificar a Ceuta como el único gran bastión del antiguo imperio portugués que Felipe IV consiguió conservar durante y tras la larga Guerra de Restauración. Sin embargo, y el matiz es importante, el monarca no «consiguió» conservar por las armas un bastión o un enclave. La ciudad de Ceuta, su sociedad ya hispano-portuguesa, decidió por voluntad propia ser lo que sentía desde hacía décadas: ser española.
Sobre el autor
Gustavo Adolfo Ordoño Marín es historiador y periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED. Máster en Historia Contemporánea de España. Autor de ensayos históricos en editoriales como Almuzara y colaborador en medios de comunicación. Conoce más sobre su trayectoria académica, línea editorial y publicaciones en la sección Acerca de Pax Augusta .


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