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| Recreación por IA de una fotografía durante una reunión internacional con personas de diferentes países y continentes |
Que levanten la mano todos los que vivan en un Estado del bienestar, una sociedad desarrollada con un sistema político que garantice los derechos y libertades fundamentales. A ver, un momento, sí, ya veo. Europeos occidentales casi todos la han levantado, americanos del norte también. En América central y en el Sur solamente veo tres o cuatro levantadas, alguna mano se cohíbe y su brazo dobla el codo sin levantarla del todo. Indecisos en su consideración sociopolítica que contrastan con los seguros oceánicos donde todos levantan la mano. Luego veo algún euroasiático, que la levanta más por orgullo nacionalista que por otra cosa. De los asiáticos, un par de orientales levantan convencidos sus manos y sorprende la honestidad de los árabes, con cero manos levantadas.
¡Vaya panorama! A más de ochenta años de acabar la Segunda Guerra Mundial el mundo sigue escaso de manos libres y seguras levantadas. Antes de consolidarse como hecho histórico, el escritor George Orwell acuñó en 1945 el término Guerra Fría con esa clarividencia de la que hacía gala en cuestiones sociales y geopolíticas. Una Cold War iniciada en firme a partir de 1949 y que no terminaría hasta 1991, con la disolución de la Unión Soviética y su bloque comunista. Durante el casi medio siglo de Guerra Fría las dos superpotencias no se enfrentaron militarmente de manera directa, la disuasión de las armas nucleares con su «concepto» de aniquilación total lo evitó. No se inició nunca la tan cacareada Tercera Guerra Mundial.
Sin embargo, en la «periferia» de ese mundo dividido en dos se produjeron conflictos que acabaron con la vida de unos 20 millones de personas. El primero fue la Guerra de Corea (1950-1953) y el último la Guerra de Afganistán cuando los soviéticos lo invadieron en 1979. La disuasión de las armas nucleares continuó evitando una confrontación directa entre la superpotencia hegemónica, Estados Unidos (EEUU) y la ex Unión Soviética (URSS) que fue desapareciendo en «diferido» a partir de 1991, heredando la Federación Rusa (Rusia) todo el poder e influencia de ese bloque. No obstante, muy debilitado ya habiendo perdido toda la Europa del Este «conquistada» en su avance a Berlín entre 1944 y mayo de 1945.
El mundo se quedó en lo que algunos historiadores llamamos el cenit de la Pax Americana, con EEUU como superpotencia hegemónica en una era que se ha querido llamar Globalización. Nunca antes la humanidad había estado tan relacionada entre sí, con ingente información de todo tipo y con acceso a ella de miles de millones de personas. Las nuevas tecnologías de la comunicación nos permitían conocer más al «otro» y a la vez una forma de vida, de «bienestar», que pregonaba el Occidente capitalista aunque no era otra cosa que lo pretendido en cualquier rincón del mundo: conseguir ser feliz.
Pero, esa «civilización universal» triunfadora tras el fin de la Guerra Fría exigía una escenografía donde había que instalar un Mac Donald´s en la Plaza Roja de Moscú. Y se hizo, claro que se hizo. Curiosamente, en esta apertura a la universalización del capitalismo y la modernidad primaban los valores socioeconómicos frente a valores éticos o de derechos y libertades. Por eso entraría –globalización/universalización- mejor en sociedades laicas o con grandes niveles de secularización como las occidentales y las antiguas repúblicas soviéticas.
Enriquecerse sería la manera más rápida de alcanzar la felicidad. Hasta China en su lento pero seguro proceso de transformación en la otra superpotencia, lo entendió así. El ámbito musulmán iba a tener mayor dificultad para aplicar estos conceptos tan laicos y materialistas en sus clases sociales medias y bajas, porque esa escenografía de bienestar incluía derechos, libertades y valores democráticos que sus elites políticas no estaban dispuestas a aplicar. Sería en la última década del siglo XX que se acuñaría un nuevo término para nombrar la idea de que, en el fondo, el mundo seguía dividido entre los que anhelan el modelo de vida occidental y los que no. Fue el término de «choque de civilizaciones».
El terrorismo global del yihadismo pareció dar la razón a esas teorías. Pero eso también acabó derrotado y nació una nueva preocupación. A pesar de estar cada vez más interrelacionadas las diferentes culturas gracias a las nuevas tecnologías, comenzamos a cuestionar que ese bienestar universal pueda ser para todos. Porque la humanidad es de memoria histórica frágil. La inmigración en masa desde 1850 a 1950 de europeos y asiáticos al continente americano supuso, en verdad, la primera globalización civilizadora. Es, digamos, cuando la civilización humana comenzó a «universalizarse» de manera más clara.
Ahora, las regiones mundiales que no participaron en esa primera global-universalización de las migraciones masivas entre el siglo XIX y XX, África y el mundo islámico, son el foco de las principales emigraciones de este siglo. Y se están encontrando con algo más que fronteras para llegar a ese anhelado bienestar universal. Se están encontrando con el auge del populismo ultranacionalista en esas sociedades desarrolladas con personas que levantan la mano. Partidos políticos y gobernantes que practican la xenofobia y que son partidarios de controlar al máximo la inmigración, incluso la legal. Hay que preocuparse de los nacionales, no es posible repartir más el bienestar conseguido y por conseguir...
Tanto estas fuerzas políticas de extrema derecha, como las
elites de los países con personas que no pueden levantar la mano, han visto en
la inmigración masiva del siglo XXI la mejor arma de amenaza y disuasión en
esta nueva Guerra Fría que ahora, los pedantes, llamamos Guerra Híbrida...
Sobre el autor
Gustavo Adolfo Ordoño Marín es historiador y periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED. Máster en Historia Contemporánea de España. Autor de ensayos históricos en editoriales como Almuzara y colaborador en medios de comunicación. Conoce más sobre su trayectoria académica, línea editorial y publicaciones en la sección Acerca de Pax Augusta .

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