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| Atentado del 11 de septiembre de 2001: comienza el siglo XXI |
Que 25 años no es nada, que febril sigue siendo la mirada. Hace un cuarto de siglo que se cometieron los atentados de Al-Qaeda contra Estados Unidos (EEUU). Y continua siendo estremecedor ver esas imágenes tan impactantes del gran atentado contra las Torres Gemelas que, sin duda, marcaría la historia del siglo XXI justo iniciada en ese año. Una «actualidad con historia» que aprovecha este aniversario para seguir aumentando la historiografía de todo tipo (libros, artículos, documentales, series de TV) y, también, la opacidad por culpa de persistentes teorías conspiranoicas. En Pax Augusta preferimos aportar un texto de divulgación histórica sobre los principales magnicidios y atentados del siglo XX
Atentado en Sarajevo, 28 de junio de 1914: comienza el siglo XX
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| Ilustración que recrea el momento del ataque de Princip a los archiduques |
Desde ese temprano día en el considerado hito del inicio del siglo pasado en el que el joven Gavrilo apretó el gatillo de su pistola FN, hasta el 11 de septiembre del 2001, la historia del siglo XX ha estado repleta de atentados y magnicidios. Atentados fallidos o con éxito, que dejaban una huella dolorosa y una incertidumbre sobre el desarrollo del que parecía ser su «devenir más lógico».
Por ejemplo, si el ciudadano turco Ali Agca hubiese logrado su objetivo en 1981 de asesinar al Papa, Juan Pablo II, la historia de los años ochenta, el final de la Guerra Fría, hubiese sido otra. Muchos analistas coinciden en señalar al Papa y su activa política exterior como una de las piezas fundamentales de la caída del bloque comunista. Hacer «historia ficción» en estos casos no es tan temerario o imprudente. Sin duda, Wojtyla y su activismo polítco influyó en los hechos de su tiempo. Faltando esta parte crucial de la ecuación el resultado hubiera sido otro muy distinto.
Leamos este episodio histórico muchas veces olvidado:
El «casi magnicidio» del Papa Juan Pablo II
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| Momento en el que se llevan herido de muerte al Papa Juan Pablo II |
En el caso de este atentado las teorías conspiranoicas han tenido mucho crédito. Surgidas al considerarse nada descabellado que los servicios secretos rusos quisieran hacer desaparecer a una figura tan influyente en los países satélites de la URSS, sobre todo en la Polonia del sindicato Solidaridad y tierra natal de Juan Pablo II. Tengan más o menos crédito las teorías conspirativas, sí que se puede otorgar al papado de Karol Wojtyla una relación interesada en influir sobre los movimientos sociales y políticos de su época.
Unos discursos y actos en la política internacional que cuestionaban el poder de la Unión Soviética en toda la Europa del Este; en especial al control y «represión» de la Iglesia católica en esa zona del mundo. De esta manera, si quizás su acción no fuera del todo determinante, su influencia resultó innegable y sus años más importantes al frente del Vaticano coinciden con la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS. No resultaba, pues, descabellado que el turco Agca fuera un «sicario de los rusos», contratado para matar al Papa. Él lo negó siempre, aunque dejando muestras de culpabilidad ambigua compartida con los soviéticos y mezcladas con enajenación mental.
Continuamos con nuestro resumen de los «atentados/hitos» y retrocedemos algo en el tiempo, de nuevo hasta una de las contiendas mundiales del siglo XX. Esta vez en la Segunda Guerra Mundial, donde hubo varios intentos de magnicidio contra Hitler.
Uno de ellos, aunque muy al final del desarrollo del conflicto, estuvo a punto de cambiar la historia de una manera radical, sin exagerar. Si continuamos leyendo lo conoceremos mejor:
Operación Valquiria
Usando el plan de emergencia contra sublevaciones que el propio régimen nazi había ideado, planificación conocida como Operación Valquiria, un grupo de notables, tanto de la sociedad como del ejército alemán, idearon una estrategia que contemplaba un golpe de estado contra la cúpula nazi. De esta manera, se forzaría acabar la guerra sin condiciones, para que el pueblo alemán dejase de sufrir.
Pero existía un gran inconveniente para el éxito de esa estrategía: la pieza fundamental de ese plan era el asesinato de Hitler. Descabezando al Tercer Reich su caída sería más fácil. Una obviedad que hacerla realidad necesitaba de algo más que valor y determinación por parte de sus ejecutores. Se consiguió para poner en marcha el plan de matar a Hitler, la implicación de un oficial que parecía perfecto; no sólo por aportar coraje, también demostraría absoluto convencimiento.
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| Busto homenaje a Von Stauffenberg, el ejecutor del atentado contra Hitler qu casi tuvo éxito |
Sin embargo, el intento resultó fallido. El coronel von Stauffenberg colocó la bomba junto a una pata de la mesa de mapas demasiado gruesa. Era el 20 de julio de 1944 en la Guarida del Lobo, cuartel general del Führer, y esa improvisada y maciza protección salvó a Hitler. De haber tenido éxito el atentado, muchos historiadores consideran que el abanico de posibilidades sobre la disposición geopolítica futura de Europa hubiese resultado muy diferente. Los promotores del golpe se hubiesen rendido sin condiciones a los aliados occidentales, lo que hubiera posibilitado convencer -quizás, todo son hipótesis, claro- a los soviéticos que parasen su ofensiva del Este.
Qué será, será... como decía esa mítica canción de la película El hombre que sabía demasiado (1956) de Hitchcock , lo que el presidente Kennedy se hubiese encontrado en el tablero geopolítico de su época si Hitler hubiera sido asesinado ese día de verano de 1944. Lo que sí sabemos fue lo que encontró él en apenas 20 años después de ese fallido atentado: su muerte por magnicidio. Sigamos la lectura:
El asesinato de JFK
La palma de las teorías conspirativas se la lleva el magnicidio, esta vez con éxito, del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy. Quizás por eso, por el éxito del magnicidio, las teorías de la conspiración se agarren más a este hecho, no dejando ver la verdad con mayor dosis de ser «verdadera». El detenido como autor y único culpable, Lee Harvey Oswald, tenía un pasado relacionado con la Unión Soviética y había militado en el efímero e insustancial Partido Comunista de los EEUU. Blanco y en botella, pensaron los investigadores.
¿Se trataba de un perturbado antiamericano y pro soviético que había decidido acabar con el presidente del país antagonista de los soviéticos en el poder mundial? Una teoría razonada en su momento, incluso demostrada, pero que siendo la «verdad más sencilla» pareció no gustar a nadie. La cosa no podía quedarse ahí, demasiado obvio; las teorías sobre su asesinato debían estar a la altura de la complejidad del personaje. Pues no sólo habían acabado con un líder mundial carismático, asesinaban a uno de los líderes de la nación estadounidense que más estima llegó a tener de su pueblo.
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| Kennedy, instante antes del atentado |
Si en Dallas el francotirador o francotiradores, dato que no queda claro y abre camino a más especulaciones, hubiese o hubieran errado su objetivo ese 22 de noviembre de 1963, el presidente J.F. Kennedy hubiese seguido al frente de su administración, ganando la reelección. En un momento tan trascendental del siglo XX como era ese, esta nueva «historia ficción» vuelve a resultar contundente para demostrar lo diferente que hubiese sido el devenir geopolítico.
Eran los tiempos de la Guerra Fría, en el inicio del movimiento por los derechos civiles (Martin Luther King) y en plena carrera por la conquista del Espacio (llegada del hombre a la Luna, que él prometió pero que no llegó a ver). Resulta evidente conociendo su trayectoría política que ante todos esos retos, Kennedy, hubiera demostrado una sensibilidad y una visión muy diferente a la que tuvieron los que ocuparon, por circunstancias, su lugar en la historia. Desde luego, empezando por el hecho de que actuaron forzados por esa misma transcendente circunstancia (asesinato Kennedy).
Unos veinte años después, otro presidente estadounidense estuvo a punto de ser incluido en la lista de magnicidios históricos. Siga leyendo:
El intento de asesinar a Ronald Reagan
Volvemos ahora al mencionado en el caso del intento de asesinato del Papa Juan Pablo I, año 1981. Un año que tiene récord en magnicidios frustrados. Se trata del intento de asesinato del presidente norteamericano Ronald Reagan. Ocurrió en marzo, unos meses antes del atentado contra el Papa, cuando al salir de un hotel de Washington un individuo llamado John Hinckley Jr., le disparó seis tiros del calibre 22. En este caso las teorías conspiranoicas no prosperaron, enseguida se comprobó que el joven que intentó el magnicidio sólo pretendía llamar la atención de la actriz Jodie Foster. Desde su detención, este singular personaje está recluido en un psiquiátrico.
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| Momento caótico tras los disparos al presidente Reagan |
Reagan tuvo fortuna y pudo seguir -devenir histórico- realizando su política exterior de «mano de hierro». Potenciar el poderío militar de Estados Unidos y ser, junto a la premier británica Margaret Thatcher, el principal estadista de lo que se ha conocido como las décadas (1980-1990) de la «edad de oro del neoliberalismo». Aunque, quizás, sea más acertado lo que otros analistas piensan y los años de esas décadas tampoco hubieran perdido mucho de su carácter «ultra liberal» sin Ronald Reagan; pero hubiesen sido, desde luego, menos «atractivos». El actor-presidente llegó a unas altas cotas de carisma y simpatía dentro de los líderes mundiales. Su sintonía con Gorvachov todavía se estudia en las universidades de Ciencias Políticas.
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| Brutal atentado en 1996 de Al Qaeda en Arabia Saudí... «precedentes» del 11-S |
Del inesperado asesinato de John Lennon al traumático 11-S
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| Obra de arte que muestra un Lennon de estética Pop |
Curiosamente, Imagine, vivió también una absurda censura los días posteriores al atentado de las Torres Gemelas en 2001. El radicalismo patriota e intolerante iba tomando auge en el país atacado, los EEUU, tierra de tradicional libertad y democracia, impediría que la canción sonase en muchas radios y conciertos. La excusa, porque no encajaba bien con las «trompetas de guerra» que pedían venganza contra los atacantes de Estados Unidos.
Acabado, para muchos, el siglo XX en el calendario durante el año 2001 aún no lo había hecho en el devenir histórico: los meses del nuevo siglo transcurrían con los mismos parámetros: supremacía económica y militar de Estados Unidos, bienestar en las sociedades occidentales, grandes desigualdades en los países en desarrollo y en el llamado Tercer Mundo...
De repente, algo fuera de toda previsión al alcance de las agencias de inteligencia iba a marcar el inicio de una nueva era: los atentados contra EEUU el 11 de septiembre de 2001 . Suponían el comienzo del declive occidental, el posible protagonismo de potencias emergentes (en Asia y en especial China) y la base para una crisis en los valores socioeconómicos e ideológicos cimentados en la Globalización y que perdura hasta nuestros días...
Sobre el autor
Gustavo Adolfo Ordoño Marín es historiador y periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED. Máster en Historia Contemporánea de España. Autor de ensayos históricos en editoriales como Almuzara y colaborador en medios de comunicación. Conoce más sobre su trayectoria académica, línea editorial y publicaciones en la sección Acerca de Pax Augusta .








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