LA HISTORIA NO SE REPITE, LOS REPETIDOS SON LOS ERRORES


Fotografía histórica de la fotorreportera alemana Gerda Taro (titulada Miliciana republicana en Barcelona o Woman training for a Republican militia, tomada en agosto de 1936 en la playa de Somorrostro)


 Somos muy de drama los españoles. No digo melodramáticos o trágicos en desmesura. Me refiero a que nos gusta un buen drama. Y eso no es malo, responde a nuestra sentimiento y percepción vitalista de la existencia. Nos gustaban las obras de teatro del afamado Lope de Vega y nos gustan los dramas escritos por Lorca y los que se escriben al estilo lorquiano. Véase el éxito que está resultando la lorquiana película de los Javis, La Bola Negra (2026).

Me imagino la fascinación que sintió la fotógrafa Tardo cuando captó a esa miliciana con tacones, vestida con un mono dos tallas más grandes, empuñando su revólver y apuntando al enemigo fascista que acechaba las libertades democráticas de la República. Había que atrapar con una instantánea fotográfica esa puesta en escena, tan dramática y teatral a la vez, para advertirnos que lo cotidiano, tanto lo bello como lo vulgar, iba a ser sacudido por actos y situaciones tensas, llenas de pasiones conflictivas: una guerra civil.

En esos dramas tan intensos que han tenido y tienen representación en las tablas españolas, tenemos ambición de poder, codicia, envidia, celos, traición, pasión, amor, desamor, actos viles y acciones justas… historias contadas a lo largo de la historia y que repiten esos temas en sus argumentos. Por eso, cuando se afirma que «la historia se repite» parece referirse esa idea a la repetición literal de los acontecimientos. No es así, en realidad se trata de la persistencia en errar con ciertas actitudes humanas y sociales frente a circunstancias o acontecimientos del momento.

 Fue Giambattista Vico (1668-1744) quien en su obra Principios de una ciencia nueva sobre la naturaleza común de las naciones puso la semilla en esa percepción de que la «historia se repite». Vico sostuvo que las sociedades atraviesan etapas de desarrollo que presentan semejanzas recurrentes. Su teoría describe ciclos de formación, auge, decadencia y renovación en las civilizaciones. Es el antecedente de las corrientes de estudio basadas en las teorías cíclicas de la historia.

Un siglo después, Karl Marx (1818-1883) reflexionaba también sobre la repetición de la historia, pero en una secuencia de tragedia y farsa. En su escrito El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1852), Marx afirmó que los grandes acontecimientos y personajes históricos aparecen dos veces: «una vez como tragedia y la otra como farsa». No como una repetición mecánica, su análisis hacía responsables de «repetición» a los actores políticos cuando recurrían a símbolos, modelos y lenguajes del pasado. Una manera de legitimar sus acciones, mientras las condiciones sociales y económicas habían cambiado en muchos casos de manera profunda.

Otro intelectual que por una percepción errónea de sus teorías ha contribuido a la perspectiva de la «historia se repite» fue George Santayana (1863-1952), cuando habló de la memoria como condición del aprendizaje. En uno de sus ensayos acuñó la ya célebre sentencia: «Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Viene a decir que esa sensación de repetir la historia tiene que ver con la incapacidad tanto de individuos como de las sociedades de aprender de la experiencia y vuelven a actuar como si nunca hubieran afrontado problemas semejantes.

 Por último, Marc Bloch (1886-1944) teorizó sobre las ventajas de comparar para comprender, pero no forzando analogías o «situaciones repetidas». En Apología para la historia o el oficio de historiador, escrita durante la Segunda Guerra Mundial y publicada de forma póstuma en 1949, Bloch defendió una historia basada en la crítica de las fuentes, la comparación y la formulación de preguntas.

Con esta metodología podemos distinguir las semejanzas de verdad explicativas de las que son analogías superficiales, supuestas repeticiones. Por ejemplo: dos crisis pueden parecerse, incluso ser casi idénticas, sin tener las mismas causas. Es algo importante para hacer memoria histórica con verdadero afán «didáctico», que sirva para no repetir errores.

En España, meses antes de la Guerra Civil (1936-1939) la sociedad vivía polarizada en extremo, radicalizadas muchas actitudes y posturas vitales. En la actualidad, con un adelanto de elecciones generales tras un escenario de tensiones políticas, vivimos una situación de polarización que para algunos puede parecer semejante a «simple vista» a esos días prebélicos del siglo pasado. A estas personas debo decirles que tengan muy en cuenta en sus actitudes y actos «dramáticos» que la historia no se repite, se repiten los errores…

Sobre el autor

Gustavo Adolfo Ordoño Marín es historiador y periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED. Máster en Historia Contemporánea de España. Autor de ensayos históricos en editoriales como Almuzara y colaborador en medios de comunicación. Conoce más sobre su trayectoria académica, línea editorial y publicaciones en la sección Acerca de Pax Augusta .

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