La Guardia Suiza, el mini ejército del Vaticano huella de su pasado como Estado geopolítico

Fotografía de la actual Guardia Suiza con su célebre y reconocible uniforme 

Los mercenarios alemanes y españoles del emperador Carlos V cometieron el mayor saqueo de Roma en 1527, no recordado tan devastador desde los tiempos que los bárbaros del norte asolaban la Ciudad Eterna. Era el ejército desbocado de un emperador molesto. El monarca más poderoso del mundo no podía pagar a sus ejércitos y no impidió que los mercenarios saquearan hasta el mismísimo Vaticano. Los escasos doscientos hombres de la Guardia Suiza aguantaron la acometida de esos nuevos bárbaros que llegaron hasta los pies del mismo altar de San Pedro.


En fechas recientes el Nuncio de Su Santidad en España se pronunció sobre la exhumación de los restos del dictador Franco que todavía reposan en un monumento a su mayor gloria y mayor vergüenza para un país democrático. Una falta grave de diplomacia, por mucho que el monumento sea también una basílica amparada por la religiosidad católica. Que el máximo representante del Vaticano de la Iglesia de Roma se meta en asuntos de política interna de un Estado no es que sea anacrónico, también es un error que incide en una manía (fea) de la Iglesia de intentar influir políticamente en ciertos sectores de la sociedad. 

De esa anacronía quedan simpáticas y amables huellas, como el valeroso mini ejército del Estado más pequeño del mundo: la Guardia Suiza. Conozcamos su historia y su actualidad.

Creación de la Guardia Suiza


Todavía no existían los ejércitos nacionales y profesionales, tal como luego se concibieron a partir de las levas populares, reclutamiento en las poblaciones de cada reino o estado. Los monarcas contaban con ejércitos privados, con las tropas que aportaban sus nobles o, directamente, con mercenarios a sueldo. El Papa también era un rey que movía piezas en el tablero europeo del siglo XVI. Un escenario donde España, Inglaterra, el Sacro Imperio (Austria y los electores germanos), Francia y la república veneciana se disputaban la península italiana e influir en Roma. Los Estados Pontificios debían protegerse de esa codicia.

Fue el papa Julio II (1503-1513) quien aprovechó las buenas relaciones que el Papado tenía con varios cantones suizos y sus ejércitos, pues él como cardenal había luchado junto a estas huestes, para plantear la posibilidad de tener una milicia mercenaria de esos lares. Desde años atrás el Vaticano había financiado cuarteles de mercenarios en suelo helvético. Lo más razonable era aprovechar esa cantera de tropas suizas para constituir la “guardia pretoriana” del Sumo Pontífice. A su petición de un ejército privado, nobles de Zurich y Lucerna, prepararon y financiaron, bajo la tutela del cardenal Mateo Schinner, el envío de soldados helvéticos.

Doscientos soldados suizos, experimentados guerreros


La documentación de la época parece fechar en la noche del 21 de enero de 1506 la llegada desde la Conferencia Helvética de este contingente a Roma. Eran 200 soldados cristianos, de demostrada fe católica, que en la misma mañana del 22 de enero eran bendecidos por Julio II y convertidos en su guardia personal, nacía oficialmente la Guardia Suiza Pontificia, que es el título que ostentan desde entonces.

El Papa Julio II, conocido como el "Papa Guerrero", pintura de Rafael Sanzio hacia el 1511

Pronto tuvieron arduo trabajo, pues Julio II era poco pontífice y muy “rey” guerrero. Gustaba más de colocarse la armadura y dirigir a sus tropas, que de ponerse la tiara papal y celebrar santas misas. Murió en 1513 y su reinado de diez años se caracterizó por desear controlar territorialmente toda Italia, sobre todo el estratégico norte. Sus sucesores, el Médici León X (1513-1521), el “holandés” Adriano VI (1522-1523) y el otro Médici, primo de León X, el papa Clemente VII (1523-1534), no tuvieron una gestión política y militar tan eficaz como la del “batallador” Julio II.

El 6 de mayo


Fue con el pontífice Clemente VII que la tensión entre monarcas europeos estaba en su punto álgido, la elección de Carlos (el nieto de los Reyes Católicos, hijo de Juana La loca) como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, habiendo ya heredado los reinos hispanos y los Países Bajos, desequilibrada la balanza europea claramente del lado español. El Papado decidió apoyar y buscar aliado en el rey francés, Francisco I (1515-1547). Este último rompió el Tratado de Madrid de 1526, que le había liberado de la prisión española donde estaba desde su rotunda derrota en la batalla de Pavía.

En el transcurso de esta guerra de la liga papal con franceses y venecianos contra el emperador Carlos V ocurre el célebre Sacco di Roma el 6 de mayo de 1527. Rotas las defensas de puertas y murallas por los soldados españoles y los mercenarios germanos, la Guardia Suiza defendió a Clemente VII hasta su práctica aniquilación. De los 189 guardias que estaban acuartelados solo 42 sobrevivieron al ataque contra la basílica, pero cuenta la historia y la leyenda que esas decenas de sobrevivientes acordonaron la entrada a un pasadizo secreto que permitió huir al papa Clemente con su séquito.

La Guardia Suiza moderna 


Es por esta gran hazaña de heroísmo que cada 6 de mayo los nuevos guardias suizos juran su cargo y fidelidad al papa. Es además cuando se celebran los posibles ascensos o cambios de jefaturas. La actual Guardia Suiza es un micro ejército, unos 150 guardias, al que no hay que menospreciar...

Sus hombres son entrenados en defensa personal, seguridad de escoltas, aunque también en el manejo de las armas ligeras más modernas y en la táctica militar para las actuales amenazas mayores (terrorismo, atentados, guerrillas). Las alabardas, cascos con penacho rojo y los coloridos uniformes de corte renacentista, quedan para las fotos de los turistas.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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