Cuando el fútbol simuló a la guerra; «batallas de fútbol» en el periodo de entreguerras

 
Cuando el fútbol era una "batalla" en época prebélica.
Partido entre España (República) y el III Reich en 1935

«Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol 
y los partidos de fútbol como si fuesen guerras»
Winston Churchill

  Este corrosivo sarcasmo es atribuido al británico Churchill, con esa soberbia llena de ironía propia de los ingleses que menosprecia pero que resulta casi siempre muy certera. Se hizo en el contexto de los conflictos que en el periodo de entreguerras vivieron los italianos en África y en Albania, coincidiendo también con el Mundial de Fútbol de 1934 celebrado en Italia. La mala fama de los soldados italianos como fuerzas de combate eficientes se prolongó hasta la Guerra Civil española, como ocurrió en la Batalla de Guadalajara de 1937 donde su participación acabó con una pésima imagen. Más tarde, esa «leyenda negra» del ejército italiano se extendió a la Segunda Guerra Mundial en campañas tan determinantes para el Eje como la invasión de Yugoslavia y Grecia. 

Toda esta introducción describiendo el ambiente prebélico en Europa, me sirve para incidir en el carácter simbólico de «guerrear» que tuvieron los partidos de fútbol en las décadas de 1920 y 1930. En el caso de España, se dieron dos partidos contra la Alemania donde ya gobernaba Hitler que, en cierta manera, recrearon la guerra que iba a estallar con el golpe de estado de 1936, apoyando a los militares golpistas contra la República los países fascistas más poderosos de la época, Italia y Alemania. El primer partido «amistoso» recrearía también el resultado de ese golpe de Estado en España, que en primera instancia fracasó. Pues este partido supuso una victoria de la selección española de la República en las mismas narices de los jerarcas nazis, fue en el Müngersdorfer Stadion de Colonia en 1935.

La España republicana contra la Alemania nazi. Cuando la II República logró vencer al III Reich


  Hitler llevaba apenas dos años en el poder y el nacionalismo alemán exacerbado por el partido nazi buscaba proyección internacional. La selección española de fútbol, aunque no había ganado ningún título importante, siempre había llegado a finales y jugado bastante bien, dando la cara. Sus jugadores eran considerados de primer nivel, después de haber ganado a selecciones como la italiana, considerada una de las mejores. Organizar un partido entre el combinado hispano y el germano fue del agrado de los jerarcas nazis, a pesar de la animadversión declarada del régimen nazi por toda democracia burguesa o por repúblicas con aspiraciones de «igualdad obrera» -que era el caso de la española-. Y desde la perspectiva histórica España, en 1935, no se puede negar era una mezcla de ambas facetas. En el gobierno de la República habían ganado los conservadores (burgueses) y pujaban con intensidad los movimientos sociales (socialistas, comunistas, anarquistas).

Isidro Lángara, el delantero vasco héroe de la selección española de la II República


Así, venciendo esos prejuicios de los nazis, en el palco del estadio Müngersdorfer había autoridades de la importancia del ministro de Instrucción Pública (educación) del Tercer Reich, el siniestro Bernhard Rust autor de las purgas de judíos en las universidades alemanas. En la crónica de la época del diario La Vanguardia se pudo leer: "El nacionalismo alemán estaba desbordado. Se concedía una importancia sensacional a esta lucha..." El estadio estaba a rebosar, unas 75.000 personas según las fuentes más contrastadas. El lenguaje era muy belicista en algunos fragmentos de la crónica. Algo que aumentó al final de ese periodo de entreguerras que pasó a ser directamente un ambiente prebélico; en Europa se observó en los periódicos alemanes sobre todo. 

El delantero Lángara de la República española
a punto de batir al portero de la Alemania nazi, en un partido de 1935

Además, la selección española tuvo que remontar un gol en contra, lo que hizo más épica la hazaña de ganar a los orgullosos nazis en su país. El héroe español fue el delantero vasco Isidro Lángara (1912-1992), que marcó los dos goles españoles que dieron el triunfo hispano en territorio de la Alemania nazi. El III Reich 1 - República Española 2

Fotografía del partido celebrado en Montjuich, donde muchos jugadores de España miran con recelo el saludo fascista de los futbolistas germanos


La revancha de los germanos en 1936 en el estadio Montjuich de Barcelona


El jugador de la selección española, Isidro Lángara, acabó siendo un ejemplo vital de lo que ocurrió con aquella selección de la Segunda República que logró vencer a italianos y alemanes en los años 30. Lángara al estallar la guerra fue movilizado en Euskadi, aunque alguien en el gobierno autónomo vasco pensó que los deportistas de élite harían mejor servicio jugando en una selección del País Vasco en partidos benéficos. Así se intentó, aunque al caer Bilbao en manos de los golpistas liderados por Franco, la selección decidió continuar su «gira», en lo que en realidad se convirtió en un claro exilio ya en América. El resto de los seleccionados por la España republicana, la mayoría, correrá una suerte similar que la de Lángara: exilio y terminar su carrera en equipos del fútbol mexicano o argentino.

Pero antes del estallido de la guerra civil, «los rojos» que así eran conocidos los jugadores de la selección española por su indumentaria y no por su consideración política, disputaron en el barcelonés Estadio de Montjuich engalanado para la ocasión con «hermanadas banderas» de esvásticas y republicanas españolas (algo singular, nunca más se dio), un partido contra la selección germana a la que habían ganado hacía apenas un año. Era febrero de 1936 y nadie podía imaginar que en cinco meses escasos esos países contrincantes en fútbol iban a serlo también en el campo de batalla. La Alemania nazi ayudaría militar y logísticamente al bando sublevado contra la República española desde los primeros días de la contienda. 

El partido fue favorable a los germanos 1-3. Una revancha que suponía una amarga premonición del resultado final de la Guerra Civil española.




Gustavo Adolfo Ordoño ©
Historiador y periodista

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