La toma española de Tánger en 1940

Una de las pocas imágenes de la que fue Agrupación Mixta Tetuán Nº 1 que tomó Tánger en 1940

Dentro de poco más de un mes se cumplirán 75 años de la ocupación militar española de la ciudad marroquí de Tánger, en junio de 1940. Era en esas fechas lo que se llamaba una ‘ciudad internacional’, administrada por un estatuto fruto de las numerosas negociaciones y acuerdos entre las potencias europeas con intereses coloniales en el norte de Marruecos. Son Francia, Reino Unido y España los países que configuran entre 1912 y 1923 el primer carácter de ‘ciudad neutral’ de Tánger. Debía estar desmilitarizada y sus servicios administrativos, incluido el orden público (policía), se gestionaban entre Francia, España, Inglaterra e Italia; esta última se había unido al reparto de influencias en Marruecos al ver perdidas todas sus opciones en Túnez, dominado por los franceses desde 1881.

Hasta principios de la década de 1930 el estatuto internacional de Tánger tenía un evidente dominio francés, que era la potencia mejor posicionada en Marruecos tras conseguir del sultán la firma del Protectorado en 1912. Sin embargo, en 1935, la presión conjunta de los otros países mediterráneos, España e Italia, consigue un nuevo acuerdo entre los gestores internacionales de la ciudad haciendo a España la potencia principal encargada de la administración del estatuto de Tánger. Era un viejo anhelo de la política exterior española, tras obtener (también en 1912) la “subrogación” de la parte norte del Protectorado francés de Marruecos, pues lo natural (geográfico e histórico) era que esa ciudad, tan importante, formase parte del llamado ‘Marruecos español’.

En mayo-junio de 1940 los ejércitos de Hitler habían tomado París y echado al mar del Canal de la Mancha a los aliados tras el precipitado y chapucero repliegue de Dunkerque; Francia estaba derrotada y más débil que nunca en el concierto europeo, evidencia que no pasó desapercibida a la cúpula militar africanista que había ganado la guerra civil en España para Franco. El anhelo español de controlar Tánger en exclusiva, basado en la diplomacia de los acuerdos internacionales, podía ser hecho realidad por la fuerza. Entre los mandos del ejército español existían muchos germanófilos, admiradores de los triunfos militares de la Wehrmacht, y más de uno pensó que la toma de Tánger sólo sería el inicio de la expansión imperial española por toda África como aliados “sólidos” (la posibilidad de participar en la II Guerra Mundial ese año fue real) de los alemanes.


¡Tánger español!


El 14 de junio de 1940, el mismo día que se conoce en todo el mundo la ocupación nazi de París, tropas hispano-marroquíes, 4.000 efectivos pertenecientes a la Mehal-la Jalifiana (el ejército del Jalifa o gobernador), en el encuadre militar del régimen franquista, el Nº 1 de Tetuán, al mando del general Germán Yuste, toman la ciudad internacional de Tánger “con carácter provisional”, para asegurar la “neutralidad” del enclave. Curiosamente, al mismo tiempo que ocurría la “conquista” española de Tánger, en Madrid se producía una sonada protesta falangista reivindicando un Gibraltar español.
Manifestación en Madrid que celebra la toma de Tánger


Las ensoñaciones imperiales de Franco y del “ejército africanista” que le apoyaba en España durante la Segunda Guerra Mundial no son muy conocidas. El régimen pronto las difuminó en su interés por congraciarse con los vencedores, los aliados, de la guerra y por la necesidad imperante de reconocimiento internacional como único “Estado español”. Pero existieron y datos tan “novelescos y cinematográficos”como las reuniones de Franco con Hitler (Hendaya, 23 octubre 1940) y con Mussolini (Bordighera, 12 febrero 1941), son en el fondo los intentos del régimen de sacar partido de la situación internacional junto a los que pensaba serían los vencedores de la contienda mundial.




La mayor experiencia como estadistas del dictador italiano y del líder nazi y su mejor visión de la realidad internacional, fueron las causas de que España no entrase en el bando del Eje y pudiera aspirar a un reparto colonial. Era un país arruinado y desangrado, con un ejército válido para ganar una contienda civil y reprimir a un pueblo, pero no para aportar esos “dos millones de guerreros” que les ofrecía Franco a las potencias del Eje. En la cara interna de la cuestión, la toma de Tánger en 1940 también sirvió para reprimir y desbaratar mejor a la resistencia republicana que se había exiliado allí, una ciudad con “estatuto regido por democracias”, desde el golpe de Estado contra la República en julio de 1936.

Poco antes de acabar la guerra mundial en Europa, mayo de 1945, una Francia ya liberada exigía que Tánger volviese al estatus de los años 1920, con preponderancia francesa en su condición de “Ciudad Internacional”; consideración y estatuto que recuperó en 1946


*Bibliografía principal consultada:

.-Nerin, José Gustau, y Bosch Alfred: El imperio que nunca existió. Prólogo de Preston. Ed. Plaza y Janés. Barcelona 2001. 333 pp.

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