La 'desnazificación' alemana como modelo para la 'desfranquización' española pendiente

Soldado de EEUU quita la placa de la calle Adolf Hitler por la de Bulevar Roosevelt

En otras ocasiones hemos planteado dudas sobre las comparaciones históricas, cuando no tenían una rigurosa perspectiva comparada, pero en este caso empleamos la comparación como modelo para actuar en políticas sociales de memorias históricas. La Alemania derrotada en 1945 era un Estado creado bajo un régimen nacionalista, militarista y expansionista con un líder sobre el que giraba todo el devenir del país. El Tercer Reich era una dictadura cuyos actos represivos y carentes del respeto a los mínimos derechos humanos afectó no sólo a la sociedad alemana, sino también a toda la Europa conquistada por los nazis. Aunque esa sociedad germana afectada también fue sustento y apoyo mayoritario del régimen. En 1945 no solamente se rendía sin condiciones la Wehrmacht (Ejército de la Alemania nazi), lo hacía la sociedad alemana que tuvo comenzar desde el primer día a "desnazificar" el país como purga estatal y nacional.

El origen del régimen franquista es idéntico, hay que decir las cosas claras de una vez, al nazi. Nacionalista y militarista, teniendo en una guerra (civil) su “base” de legitimidad. Quizá la única diferencia originaria sea la expansionista con el mesianismo de dominar todo el mundo que tenían los nazis, aunque el espíritu expansionista de ese Estado autoritario que se creaba en España en 1939 se apreció en sus persistentes anhelos africanistas. Pero no llevemos a confusión, diferencias existen debido al diferente final que cada régimen tuvo en esos años originarios. El de Hitler fue barrido del mapa por los Aliados, el de Franco tuvo casi cuarenta años para consolidarse.

Lo que se ha conocido como “desnazificación” dependía en un primer momento de la voluntad de los vencedores de la guerra. Es decir, estaba alejado de ser un propósito social directo de los alemanes. Tuvieron que asumir los ‘Juicios de Nüremberg’ y sus sentencias como parte de las “reparaciones de guerra” que comenzaban a pagar. Alemania estaba hundida, repartida entre los Aliados, con todo su lado Este ocupado por los soviéticos. Pero aunque era consciente de su derrota total, aún no lo era de su responsabilidad como país y sociedad en las causas y consecuencias de esa guerra con una repercusión a escala mundial iniciada en 1939. Cuando asumió esa conciencia, optó por la “desnazificación” profunda como mejor manera de democratizar y desarrollar al país.

El proceso de erradicar cualquier atisbo del nazismo no fue sencillo ni inmediato, aunque lo parezca por el aparente éxito rápido. En lo fundamental de una sociedad, como la educación de la juventud, había calado tanto el adoctrinamiento nazi que tuvieron que ser generaciones mayores las que pilotaron la marcha por el camino de la  “desnazificación”. El debate intelectual sobre si es justo o no proyectar en todo el pueblo alemán el ‘sentimiento de culpabilidad’ se prolongó por décadas y, en cierta forma, sigue aún vigente. Sin embargo, el asunto de eliminar cualquier rasgo del nazismo se llevó hasta las últimas consecuencias como se demuestra en algo que parecería inaudito a cualquier otro estado soberano: desde 1953 la RFA y luego la Alemania reunificada, ha permitido que Israel intervenga en su sistema educativo, concretamente en la enseñanza del Holocausto.  

Captura vídeo de RTVE que informa de la retirada de la última estatua ecuestre de Franco en una ciudad, Santander

En España las circunstancias históricas, como la muerte del dictador en la cama con un régimen descabezado pero vivo, no permitieron una radical “desfranquización” de la sociedad, ni tan siquiera una toma de conciencia preliminar y básica de la sociedad española ante lo que había supuesto vivir en un sistema sin libertades y sin muchos derechos fundamentales. La ‘Transición’ fue el éxito de un objetivo más que el camino hacia una sociedad plenamente democrática.

Se puede entender en la primera década de vida de la Constitución de 1978, cierta cautela ante lo que eran herencias del franquismo a las que se les dejó libres en un auto proceso de transformación, sin ninguna intervención estatal o jurídica. Después, con gobiernos que habían consolidado la democracia no se entiende tanta dejadez en un asunto no cerrado. Porque el franquismo en muchas facetas no se ha superado a niveles sociológicos.

La Ley de Memoria Histórica de 2007 ha sido y es el único paso desde un gobierno (socialista) en el camino de “desfranquización”. Pero como surgió “fuera de la sociedad” y sin una buena pedagogía previa, la ley tuvo un pésimo porvenir. En 2011, ya con un gobierno de la derecha (PP), la ley estaba “liquidada”, sin presupuestos para su desarrollo. Ahora resucita de manera muy estruendosa con el nuevo gobierno socialista, nacido de una moción de censura, proponiendo la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos.

Si a lo largo de estas cuatro décadas democráticas se hubiese realizado, sin complejos y prejuicios, una “desfranquización” en todos los ámbitos de la sociedad, empezando por el educativo y los libros de texto, no resultaría polémica o insólita la decisión de sacar los restos mortales del dictador de ese mausoleo que representa un agravio histórico más que a un mero periodo de nuestra historia reciente. No se estarían escuchando todavía argumentos en defensa del general Franco y su “inevitable” acción que llevó a una guerra para “salvar” a España del comunismo; burradas y falacias históricas que solamente se puede entender su existencia al comprobar que aún no se ha emprendido una auténtica “desfranquización” de la sociedad española.



Gustavo Adolfo Ordoño ©

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