Cuarenta años del golpe de Estado del 23-F y sus relaciones con el «Golpe de los coroneles» de Grecia

 

El general Gutiérrez Mellado se enfrenta a los guardias civiles que irrumpen en el Congreso; detrás de él, el presidente Suárez baja las escaleras para separarles. Era la tarde del 23 de febrero de 1981 


Se cumplen cuarenta años del intento de golpe de Estado en España, conocido como el 23-F. Punto de inflexión en el llamado periodo de la Transición democrática. Fue un golpe que avergonzó a la joven democracia española por anacrónico y por cierto aire «provinciano» del estereotipo hispano que nos hacía un país habituado al pronunciamiento militar. En realidad fue un golpe de Estado con más puntos en común de los que parece con otros golpes contemporáneos del siglo XX. En Pax Agusta realizamos un análisis histórico comparado sobre el golpe de Estado de 1967 en Grecia y sus relaciones con el 23-F

El golpe de Estado de 1967 en Grecia, conocido como el «golpe de los coroneles», ha tenido una repercusión discreta en la historiografía que se ocupó de los levantamientos militares de la segunda mitad del siglo XX. Quizás por el contexto histórico que le enmarcó de manera estrecha con la política exterior de Washington en la Europa occidental. Y más en en esa zona delimitada por el eje de Europa Central, los Balcanes y Oriente Próximo. Las implicaciones de la CIA en el apoyo a los golpistas, aunque supuestas, no podían hacerse evidentes con la investigación histórica, requerirían investigaciones del tipo judicial o periodístico. El apoyo a la «dictadura de los coroneles» (1967-1974) que generó ese golpe de Estado del 21 de abril de 1967 por parte de Estados Unidos, en cambio, fue más que una evidencia. Formaría parte de la política de «contención» de Washington y sus aliados occidentales empleada contra la expansión de la influencia soviética en la región. 

El intervencionismo occidental en esa zona geopolítica era centenario y en la Segunda Guerra Mundial preocupó en 1944 al Reino Unido de Churchill el avance militar soviético en las proximidades de la región. Pero sobre todo preocupaba el apoyo soviético directo que pudiera darse a la milicia comunista griega, que era la verdadera ganadora de la guerra en la región, responsable del éxito de haber expulsado a los nazis de su país sin ayuda de los Aliados. Aprovechando que el conflicto mundial sigue abierto, Churchill sin ningún recato ordena a las tropas británicas que ayuden al bando conservador griego contra la milicia comunista. Estados Unidos a partir de 1945 toma el relevo de Londres como principal actuante de los intereses de la «Alianza Atlántica» en Grecia, aunque su apoyo militar no será tan explícito como el británico es suficiente para revertir la situación de predominio del Partido Comunista Griego (el KKE ) en la guerra civil helena comenzada desde el mismo momento que las tropas del Eje (nazis y fascistas italianos) habían abandonado esa península. 

No obstante, el conflicto civil griego se prolongaría hasta inicios de 1950 siendo marginado como un «problema» local cuando tenía tanta implicación internacional. La Guerra Fría permitió que militares griegos colaboracionistas nazis acabaran ocupando cargos políticos relevantes durante los casi veinte años de gobiernos moderados y conservadores. Ilegalizado el partido comunista, perseguidos y encarcelados sus miembros, partidos de centro izquierda ocuparon su puesto en una monarquía con un frágil parlamento «semi-democrático». Desde la convocatoria de elecciones para mayo de 1967, las encuestas daban como ganador al izquierdista y ex primer ministro Georgios Papandreou. Muchos de los militares que apoyaron el golpe del 21 de abril del 67 provenían del entorno ideológico de la extrema derecha, legado de las fuerzas del colaboracionismo nazi, que no iban a permitir esa victoria de Papandreou ahora más posicionado a la izquierda.

Líderes del golpe: Stylianos Pattakos y los coroneles George Papadopoulos y Nikolaos Makarezos

Así, el mismo golpe fue una clara repercusión de ese contexto histórico reciente de guerra civil griega «manipulada» por los bloques ideológicos que dividían al mundo en la Guerra Fría. Desde esta perspectiva no podríamos relacionar este golpe de Estado con el intento de golpe en España en febrero de 1981, que resultaba una «cuestión» mucho más local. Sin embargo, observando con más detalle vemos similitudes con el 23-F en los protagonistas principales: los militares y el monarca griego, Constantino II. Si bien el rey español, Juan Carlos I, tuvo un papel diferente al situarse en el «lado» de la legalidad constituida, su influencia y sus relaciones con la cúpula militar fueron determinantes tanto para desarmar el golpe como para entender su desarrollo. En el caso griego vemos que también la relación del monarca con los militares determinó los parámetros del llamado «golpe de los coroneles»

Se da la curiosidad que ambos “protagonistas reales” en los golpes militares de sus países, Juan Carlos I y Constantino II, estuvieron juntos pocos días antes que los coroneles asaltaran el palacio Tatoi cuando el rey español era todavía príncipe y esposo reciente de la hermana de Constantino, la futura reina Sofía. El motivo era el cumpleaños de la reina madre Federica y las celebraciones a las que estaban invitados los jóvenes de la familia real española. De hecho, aunque el príncipe Juan Carlos regresó antes a España, las infantas Elena y Cristina todavía estaban en Atenas acompañando a su madre la princesa Sofía. No corrieron peligro serio ese día del golpe gracias a estar alojadas en un palacio donde residía la reina Federica, más pequeño y alejado del centro de la ciudad. 

Constantino y Juan Carlos con sus esposas en una fotografía de esa época

Por otro lado, la CIA y el Departamento de Estado en Washington esperaban un golpe, pero no ese que triunfó en abril de 1967. El rey Constantino II y sus generales más fieles, sobre todo su Jefe del Estado Mayor griego el general Spandidakis, venían barajando la posibilidad de un «auto golpe» que trajera al país la estabilidad política y social perdida en 1965 desde la dimisión forzada de Papandreou. Se tanteó a Estados Unidos, incluso con reuniones del mismo monarca con agentes estadounidenses, y Washington pareció dar un ambiguo visto bueno. Por eso, el «golpe de los coroneles», militares de rango medio, sorprendió, en cierta medida, a casi todo el mundo – la CIA tenía un buen contacto entre los sublevados, el coronel Papadopoulos-. En el juego de fuerzas dentro del Ejército griego no se tuvo en cuenta la «determinación» de estos oficiales relativamente más jóvenes y radicalizados en el anticomunismo reinante. Tanto que cuando el rey Constantino II intentó replicar con el «contragolpe de diciembre» en ese mismo año, liderado por el general Spandidakis, el resultado fue un rotundo fracaso que supuso el fin de la monarquía griega.

 

Gustavo Adolfo Ordoño ©
Historiador y periodista

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