Breve historia de la protesta social

La famosa fotografía del fotoperiodista Jacques Gourmelen tomada durante una protesta social (huelga) en Bretaña, Francia 


La impactante y curiosa fotografía que nos sirve para ilustrar el artículo fue tomada por el fotoperiodista Jacques Gourmelen en Bretaña, Francia. Fue el 6 de abril de 1972 en Saint-Brieuc, durante una protesta de los trabajadores de la empresa Joint Français. Se habían declarado en huelga y por varios incidentes los antidisturbios tuvieron que intervenir. En la imagen que capta Gourmelen, dos hombres se encuentran cara a cara. Guy Burmieux, es un trabajador que se encara con el policía antidisturbios Jean-Yvon Antignac. En la escena se percibe un extraño dramatismo que insinúa su trasfondo: resultó que los dos personajes enfrentados cara a cara habían sido amigos de la infancia y es el momento que se reconocieron. En Pax Augusta os proponemos una lectura de la breve historia de la protesta social


 Acotaremos esta breve historia a los tiempos más contemporáneos. Lo hacemos para incidir en el carácter sociológico de ese hecho histórico propio de las sociedades modernas. Porque protestas podrían ser todas esas manifestaciones que desde la misma Antigüedad se hubiesen dado en una ciudad-estado. Cuando los almacenes escaseaban de trigo y el pan no se obraba en los hornos, en Atenas el foro se llenaba de ciudadanos indignados. Sin embargo, el estudio de las formas que expresan el conflicto social (protestas) sería una cuestión muy amplia incluso si lo limitamos a los últimos 150 años. Por eso intentaremos plantear una historia de la protesta relacionada sobre todo con el contexto sociológico, intentando explicar los tipos principales de «expresión de protesta» en la historia contemporánea.

Hacia la mitad del siglo XIX (1840-1850), cuando en Europa se vencen las últimas resistencias del Antiguo Régimen, podemos apuntar el origen de las primeras protestas sociales en su acepción moderna. Antes, en el «Nuevo Mundo», las revoluciones emancipadoras americanas tenían ya forma de protestas aunque no eran reclamadoras de ventajas o de igualación de privilegios de las clases sociales. Por ejemplo, en la joven nación de los Estados Unidos las «marchas» que se daban las iniciales décadas del XIX tenían un fuerte componente “festivo y comunitario”. Los estadounidenses de origen irlandés se reunían el Día de San Patricio realizando una marcha por las calles de Nueva York, que aunque tuviera un carácter reivindicativo de su singularidad y un reclamo de “posición social” no dejaba de ser más que una tradición de su patrimonio cultural.

Es en Europa donde las «marchas cívicas» (manifestaciones) tomarán un carácter claro de protestas sociales. Las primeras, aunque fue un fenómeno muy paralelo en todo el continente europeo, tendrían lugar en la decimonónica Gran Bretaña industrial. Es precisamente por suponer unos tiempos de profundas transformaciones socioeconómicas, del sistema del antiguo régimen al inicio de las democracias liberales, lo que explica la aparición de la «manifestación-protesta» en un amplio marco social y económico. Ahora no serán meras protestas gremiales o manifestaciones religiosas o étnicas, tendrán una pauta nueva en su origen: el deseo de triunfo en su reivindicación. En cada país los cambios llevaban su velocidad, aunque la esencia transformadora principal fue la misma para todos. Los estatus jurídicos de privilegios de estamento o condición iban desapareciendo.


En el siglo XXI la protesta social tiene unas "nuevas formas" todavía no muy definidas. La adolescente Greta Thunberg lidera las protestas iniciadas por los jóvenes contra el cambio climático. Créditos imagen: Nicholas Kamm / AFP


Así, vemos como la nobleza pierde sus derechos jurisdiccionales y pasamos de una sociedad estamental a una de clases. Será una sociedad clasista en la que las diferencias sociales se deben a la desigualdad económica y no a los privilegios heredados. A pesar de que en el fondo esas supuestas nuevas desigualdades económicas coincidirán casi siempre con las viejas diferencias estamentales, la base del nuevo sistema social partía de la igualdad de los ciudadanos a nivel administrativo, judicial o fiscal. En la práctica, la cruda realidad demostró pronto que fue una “muy teórica” igualdad legal, por lo que la manifestación cívica tomaría la forma de queja o protesta, en muchos casos con tintes radicales. En cada país la protesta social más significativa estaría marcada por sus características socioeconómicas predominantes.

Por ejemplo, la protesta agraria será en España una de las principales manifestaciones cívicas. Una coyuntura económica con gran peso en el sector agrícola que generó conflictos sociales en torno a la propiedad de la tierra. Durante los procesos de desamortización del siglo XIX, la potencial igualdad de oportunidades no se daría y las propiedades de la Iglesia volverían a quedar en manos “privilegiadas”, esta vez de los adinerados. Asuntos como el reparto del excedente agrario o la resistencia a la proletarización del campesinado (latifundios) promovieron la «protesta social del campo». Además, estos cambios tendieron a la desaparición de las tradicionales comunidades campesinas y de pequeños propietarios provocando una “resistencia” bien recogida por los futuros sindicatos agrarios españoles al iniciarse el siglo XX.

Un siglo XX donde la protesta social será “monopolizada” por organizaciones sindicales, que organizarán la lucha contra los precios de subsistencias en el campo o las reivindicaciones salariales del trabajador urbano (fábricas). Esas protestas sociales se asocian a las herramientas que tienen las organizaciones sindicales como las huelgas y las negociaciones con los poderes políticos y económicos. El siglo pasado ha sido llamado la «era de la protesta» pues existió una gran variedad de “revoluciones o manifestaciones”. Desde las propuestas por organizaciones comunistas y luego socialistas o por el sindicalismo anarquista...

En la actualidad, desde el comienzo de este siglo XXI, las personas de diferente condición y de diversas edades, así como de variadas adscripciones ideológicas, se manifiestan en las calles con un recuperado espíritu «comunal y festivo». Ya no se reivindica solamente mejoras laborales o de derechos sociales, la motivación de la protesta suele tener muchas veces un carácter relacionado con la globalización y con objetivos de alcance universal, como la lucha contra el cambio climático. Las nuevas tecnologías de comunicación, redes sociales, también caracterizan a los líderes de esas protestas. Es “digno” de estudio de la actual protesta social el fenómeno de la afamada adolescente Greta Thunberg.



Gustavo Adolfo Ordoño ©
Historiador y periodista

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