Cuando el amor venció a la barbarie: la historia del capitán nazi enamorado de una joven judía

La historia de amor de Ilsa Stein y Willy Schultz

Una fotografía que testimonia el amor entre el capitán de la Luftwaffe, Willy Schultz, y la joven judía Ilsa Stein


Ahora que los tambores de guerra quieren volver a sonar en los escenarios bélicos donde trascurrió esta historia, en Pax Augusta aprovechamos la semana de los enamorados del día de San Valentín para contaros la historia de amor entre dos personas abocadas por el guion de la Historia a ser enemigos. Un relato de amor entre un oficial nazi y una joven judía en los alrededores de Minsk, la capital de Bielorrusia, con una escapada de la pareja a los bosques de la vecina Ucrania para unirse a la resistencia soviética (rusa) contra los nazis


 No habría de pasar mucho tiempo desde que encandilado por el intenso amor que sentía hacia la bella Ilsa, el capitán Schultz de la Luftwaffe tomase la decisión de traicionar a los suyos. Tenía un plan de huida para su joven amada y una veintena de judíos que tarde o temprano iban a ser llevados desde Minsk a los campos de exterminio de la cercana Polonia. Menos conocido que el gueto de Varsovia, pero tan infernal, el gueto judío de Minsk servía como todos los demás de la Europa oriental para dispersar a la población judía procedente de Centroeuropa. Judíos alemanes, austriacos, checos, húngaros... iban a ser repartidos por las ciudades del Este europeo conquistadas por los nazis. Eran «estaciones intermedias», de paso, camino a los campos de concentración donde finalmente se perpetró la barbarie de las barbaries: el holocausto

Ese fue el caso de Ilsa Stein, joven judía de 18 años oriunda de Frankfurt, que llegó en 1942 al gueto de Minsk deportada desde esa ciudad alemana. Allí sería el encuentro de la pareja, y como en las populares historias románticas el «flechazo» del oficial nazi resultó certero al corazón. Él hacía poco que estaba destinado en Bielorrusia, considerada la retaguardia del llamado Frente Ruso. Se recuperaba de heridas en combate y su destino fue administrativo, ayudante del Intendente del gueto de Minsk. Gestionando la llegada de los judíos deportados a la ciudad fue como conoció a Ilsa. Por parte del capitán el enamoramiento fue sincero, una pérdida de cabeza en toda regla, en el caso de la joven Ilsa puede considerarse el lógico interés circunstancial de aprovechar las atenciones del oficial alemán para sobrevivir

Alambradas que rodeaban al gueto de Minsk

Lo cierto es que la relación prosperó, aunque fuera de manera furtiva. El capitán Schultz nombró a la joven judía capataz de su barriada; es decir, ayudante de los guardias nazis del gueto. Ante tantas atenciones del oficial, que sustraía raciones de los soldados germanos para aplacar el hambre de su enamorada y compañeros de encierro, Ilsa comenzó a corresponder al afecto del que era su jefe y pretendiente. Mediado el año 1943 la situación en el frente ruso no era muy favorable a los ejércitos de Hitler y el oficial Schultz intuyó que el plan de trasladar a todos los judíos a los campos de concentración se iba a acelerar. Así ideó un plan para salvar a su novia y otros veinte judíos de una muerte segura

Con la excusa de descargar unos vagones de suministros, el ex oficial de la Luftwaffe manda a un soldado conductor de camión que le lleve a él y a un grupo de unos veinte judíos hasta la estación de tren. Emprendida la marcha, el capitán ordena al camionero que salga por el camino del bosque para evitar un posible sabotaje del camión en la carretera de la ciudad. Extrañado, el conductor obedece pero se revuelve contra Schultz cuando a punta de pistola le ordena seguir en dirección a la arbolada. En el forcejeo el arma se dispara matando al soldado. Comienza el cambio de bando del capitán Willy Schultz. Se puso al volante, llevando al vehículo a la zona boscosa de los alrededores de Minsk donde se escondía la resistencia soviética contra los nazis.

Los partisanos soviéticos organizaron la huida de todo el grupo de evadidos del gueto judío a Moscú. Allí la pareja pudo vivir sus mejores días juntos, aunque la relación no duraría mucho por los avatares que les deparó la historia a cada uno. Para demostrar su auténtica fidelidad al nuevo bando, Schultz fue adoctrinado en una academia militar en luchas antifascistas a las afueras de la capital soviética. Allí se le enseñó el oficio de espía, pues la información que ya había revelado sobre las tropas alemanas en Bielorrusia resultaron de gran ayuda. Sin embargo, se constata que falleció por meningitis a finales de 1944 sin poder ver a su hijo. Ilsa había dado a luz a principios de ese año, pero estaba evacuada en una localidad alejada del frente bélico. Además, el bebé no sobrevivió más que unos meses.

Con el final de la guerra, la joven judía Ilsa profundizó su nacionalización como rusa. Consiguió trabajo en una fábrica al sur de Rusia, cerca de la frontera con Ucrania, en la ciudad de Rostov del Don, donde volvió a emparejarse y tener hijos. Formó una familia rusa y según testimonios de familiares el recuerdo del capitán Schultz era ambiguo. Las primas que huyeron de Bielorrusia con ella afirman que sí lo amó, a su manera y en esas circunstancias terribles. En cambio, una amiga íntima con la que rememoró la historia cuando ya eran ancianas, contaba que Ilsa Stein simuló estar enamorada para conseguir sobrevivir. De hecho, lo que es incuestionable es que el gueto de Minsk fue arrasado por los nazis en octubre de 1943, pocos meses después de la escapada del capitán nazi y su amada prisionera judía. 



Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador

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