El Arco de la Victoria; huella del franquismo muy significativa y demasiado obviada - Pax augusta

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viernes, 25 de octubre de 2019

El Arco de la Victoria; huella del franquismo muy significativa y demasiado obviada

El Arco de la Victoria en Moncloa-Ciudad Universitaria (Madrid). Fuente y autoría imagen
Las personas que sean de Madrid o vivan en la capital española, conocerán de sobra este arco que se levanta tan “neo” neoclásico sobre la cuesta que hace la entrada noroeste a la ciudad (Carretera de La Coruña). Las universitarias y universitarios más que nadie, pues es como un indicador del comienzo de la Ciudad Universitaria, dejando atrás el barrio de Argüelles y comenzando la extensa zona de Moncloa. Quizá lo conozcan mejor por el nombre popular, más usado, del ‘Arco del Triunfo’. Lo que quizás no sepan es el motivo por el que se erigió entre 1950 y 1956. Fue para celebrar la victoria del ejército de los golpistas sobre la República.

De corte más clasicista aún que las puertas de Alcalá o la de Toledo, consta de un único ojo muy alto en forma de arco de medio punto, pues su intención era más evidente como arco de triunfo que otros arcos situados en las entradas principales de Madrid. Tiene dos frisos monumentales con bajos relieves en cada cara del dintel (frontispicios) del arco y en su cima un conjunto escultórico de una cuadriga conducida por la diosa Minerva, deidad de la sabiduría y el arte de la guerra. Las inscripciones en latín, tanto de fechas en números romanos, como las frases grabadas bajo la diosa nos relatan su controvertido contexto histórico.

Además, el emplazamiento elegido para su construcción tiene una carga ideológica profunda, como queriendo “rematar” al enemigo y no hacer prisioneros. Se trata de la línea de defensa del ejército republicano más próxima a la ciudad dentro de la gran 'Batalla de la Ciudad Universitaria'. Zona de cruentas escaramuzas (nuestro Stalingrado) y clave en la defensa de Madrid, cuando se consiguió parar a los golpistas en el Hospital Clínico en noviembre de 1936. Se puede decir que Franco se la tenía “jurada” a ese lugar, por el irreductible coraje defensivo mostrado allí por los republicanos. Proyectado poco después de ganada la guerra, en 1942, no se emprendió su construcción por falta de presupuesto hasta 1950. El capricho del dictador comenzaba con mal pie, tanto que en 1956 al inaugurarse se hizo con más desgana que gloria.

La cuadriga conducida por Minerva. Fuente imagen

Lo de instalar un arco del triunfo sobre un campo de batalla era costumbre romana. Aunque si no se fundaba una ciudad, esos arcos eran efímeros, para el desfile de las tropas victoriosas. En el caso del Arco de la Victoria de Madrid se cumple esa tradición, aunque nunca fue usado expresamente para el desfile militar. Al acabar su construcción en 1956, España estaba recién ingresada en la ONU. Algo que había costado mucho por el veto de las democracias europeas y Franco comenzó su campaña de “endulzamiento del régimen”. Al Arco de la Victoria se le dio un sesgo civil, indicando que sobre todo era para conmemorar la reconstrucción de la Ciudad Universitaria, destrozada en las batallas. Una de las inscripciones reza que el monumento se levanta a gloria del templo de los estudios matritenses (Ciudad Universitaria), iniciado por el Rey (Alfonso XIII en 1927) y restaurado y concluido por el Hispanorum Duce (Caudillo de los españoles, Franco, en 1956). Pretexto “amable” del Arco de la Victoria que no creo engañara a nadie, ni a la prensa internacional que hubiese cubierto la noticia.

En estos días que la exhumación de Franco del Valle de los Caídos ha creado tanta expectación y reabierto el debate sobre el uso político y electoralista de nuestra reciente Memoria Histórica, no estaría de más poner el foco –también- en los pequeños detalles. La exhumación del dictador ha dejado la sensación de haber comenzado la casa por el tejado. El Arco de la Victoria y otras tantas huellas que glorifican a un régimen dictatorial siguen obviándose. En Madrid las propuestas han ido desde la de su simple derribo hasta la reconsideración como monumento de la concordia. Las más técnicas, pragmáticas y acertadas, en mi opinión, son las que proponen hacer del Arco del Triunfo de Moncloa un centro interpretativo de la ‘Defensa de Madrid’, poniendo énfasis en los valores democráticos que, precisamente, defendieron esos madrileños fieles a la República entre 1936 y 1939; los años que, por otra lado, duró el asedio franquista.

Fechas que aparecen en números romanos inscritos en medallones adosados al arco, con las letras griegas de Alfa (comienzo) y Omega (final), y que deberían quitarse. Pues la defensa de la libertad y de la democracia no debería tener fecha de inicio y fecha de fin.

  
Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador



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