El 9 de mayo, Día de la Victoria para Moscú; icono de la historia rusa desde 1945

 

Desfile Día Victoria 9 Mayo 1945

Se está mencionando al próximo día 9 de mayo como fecha crucial para el devenir de la actual guerra en Ucrania. Son muchos los analistas que ven en la gran carga simbólica de ese día en la historia de Rusia un posible punto de inflexión. Desde que sería la fecha elegida para poner fin a lo que Moscú llama «operación militar especial» y proclamar su victoria, hasta el augurio pesimista de ser el día que se redobla la ofensiva con una nueva estrategia más radical en sus modos que garantice esa «victoria absoluta». En Pax Augusta contamos la historia de esta efeméride tan importante en el imaginario histórico ruso, tan necesitado de conmemorar victorias sobre sus enemigos

 

 El régimen de Hitler estaba acabado, sus hasta hace poco ejércitos invencibles se rendían en todos los frentes. Desde la también simbólica fecha del 1 de mayo, en el frente del Este sobre todo, se podía dar por concluida la guerra de las grandes campañas militares. Las rendiciones a punta de fusil se sucedían en las ciudades alrededor de Berlín. En la misma capital alemana ya no se podía hablar de focos de resistencia que revirtieran el hecho de que el III Reich había perdido la guerra. Ahora era cuestión de hacerlo oficial y elegir un día para ello. La simbólica rendición germana que pondría fecha a la ansiada paz. Pero no hubo consenso. Los aliados vencedores mostrarían su creciente distanciamiento hasta en el hecho de elegir la fecha de inicio de la «paz mundial».

Como no podía ser de otra forma, teniendo además como líder al autócrata Stalin empeñado en imponer su autoridad incluso en las futuras efemérides, la Unión Soviética (con Rusia a la cabeza) quiso protagonizar el acto solemne de la rendición nazi. Tenía derecho a ello, por supuesto. Fue el aliado que luchó con más sacrificio material y humano para ocupar Berlín y derrocar al mayor tirano del momento: Adolf Hitler. De hecho, como todos sabemos, lo consiguieron. Hitler se había suicidado poco antes de iniciarse la toma del Reichstag la tarde del 30 de abril y la ciudad había sido prácticamente tomada por todos sus frentes. Se pretendía regalar la ciudad a Stalin en la festividad del 1º de mayo. Pero avanzada la mañana de ese día festivo, todavía existían focos de resistencia que impedían acordar la rendición de los alemanes.

A punta de subfusil los alemanes se rinden en la ciudad de Schneidemuhl

Así, aunque desde finales de abril y el primero de mayo se sucedían las capitulaciones de las divisiones alemanas con sus generales en las principales zonas de la contienda, la rendición definitiva de toda la Wehrmacht no parecía llegar. Ni en el frente occidental, controlado por Estados Unidos y el resto de aliados occidentales, ni en el frente oriental dominado por los soviéticos. Sería una semana después del suicidio de Hitler, como si los exhaustos ejércitos del tirano hubieran necesitado unos días para tomar conciencia de esa realidad, que se daría una capitulación del Estado Mayor Alemán con garantía oficial. Fue el 7 de mayo en la ciudad francesa de Reims y ante las fuerzas británicas y estadounidenses, porque allí estaba el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada que dirigía Eisenhower

La noticia corrió rápida entre las fuerzas aliadas occidentales, con celebraciones espontáneas por la victoria entre los soldados británicos, franceses, canadienses y estadounidenses; llegando también a las principales capitales, como Londres, París y Nueva York. Sin embargo, aunque las tropas soviéticas se quisieron sumar a esas celebraciones, una no menos rápida orden de Stalin ordenaba esperar a una nueva firma de rendición alemana. Esa que para los soviéticos sería la válida, pues se tendría que dar en la capital nazi y ante el mariscal Zhukov que había rendido Berlín para los aliados. 

Por tanto, al día siguiente 8 de mayo, se firmaría en Berlín una especie de ratificación de esa «proto-rendición» general de la Wehrmacht que se hizo en Reims. Al exigir Moscú que fuera al más alto nivel, se intentó traer a los jerarcas nazis que habían estado en la ciudad francesa, retrasándose todo el evento hasta las primeras horas de esa noche. En el momento de la firma, que al final fue entre el mariscal de campo alemán Keitel y el mencionado mariscal Zhukov, en Moscú había comenzado por el distinto huso horario el día 9 de mayo. Muy estricto para esos temas de fechas, Stalin decretó como «Día de la Victoria» a ese miércoles 9 de mayo de 1945 que se había firmado la rendición nazi en el Cuartel General del Ejército Soviético situado en Karlshorst, un suburbio de Berlín.

El Desfile del Día de la Victoria que se celebra cada 9 de mayo


Como decíamos, Stalin decretó el 9 de mayo como Día de la Victoria. Para el dirigente soviético era muy importante conmemorar ese día. Se trataba de inculcar el ideario de que la Segunda Guerra Mundial fue, en verdad, una «Guerra Patriótica» para la Unión Soviética. Era el pueblo soviético y su sacrificio el que venció al nazismo. Una «esencia» que serviría para crear unidad y patria entre las dispares repúblicas soviéticas. Ese imaginario se consolidó, como se demuestra con la celebración de un desfile de la victoria conmemorando ese día. Claro está que el primero, el de 1945, se debió organizar con tiempo para que fuese majestuoso como quería Stalin. Se realizó el 24 de junio de 1945. Según los anales históricos rusos fue el mayor Desfile de la Victoria de la historia. 

Entre las anécdotas más curiosas de ese primer gran desfile estuvo que Stalin no quiso pasar revista a las tropas ni encabezar el paseo militar a caballo. Se excusó por la edad y por una vieja lesión de juventud, aunque el mariscal Zhukov confirmó en su autobiografía lo que murmuraban las malas lenguas. Que, en realidad, Stalin no había aprendido a montar a caballo a tiempo para el desfile. Otra curiosidad es que se exigió un mínimo de altura de los ex combatientes para asegurar prestancia y buena imagen al desfile. Mínimo medir 1,74 metros. Además, cuantas más condecoraciones se tenía más posibilidades de desfilar en primeras filas. Fueron bastantes los destacados, porque hay que reconocer que en cada batallón soviético se dieron muchos «héroes» de esta Guerra Patria.

Otra curiosidad resulta inquietante en estos tiempos. Durante la URSS no se celebraron tantos grandes desfiles de la victoria como cabía esperar. Se eligieron fechas señaladas de aniversarios como 1955, 1965 o en 1985. Sólo el Gran Desfile de la Victoria se celebra anualmente desde 1995, a partir de gobernar Putin. Dirigente obsesionado con las efemérides gloriosas del pasado ruso. Por eso, respecto a la invasión rusa de Ucrania, se esperan reacciones de Moscú el «señalado» próximo 9 de mayo


Gustavo Adolfo Ordoño ©
Historiador y periodista

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