El disparo de la Browning-M que creó la OTAN

 

La FN Browning de 1910

 Entiendo que para gustos los colores. Por eso me comprendo al tener una de las metáforas más «románticas» sobre el origen de la Primera Guerra Mundial como mi preferida. Es la que figura al disparo mortal de la pistola FN Browning de 1910, calibre 9 mm, realizado por el nacionalista serbiobosnio, Gavrilo Princip, contra el archiduque heredero del trono imperial austro-húngaro, como detonante del inicio de la Primera Guerra Mundial. Muchos de ustedes la conocerán, incluso a alguien le parecerá muy manida y que no tengo un “gusto” muy original. Pero es que existe algo personal con esa pistola Browning-M. 

Una idéntica a la que mató al archiduque Francisco Fernando de Austria, apareció en el corral de casa de mis abuelos. Fabricada desde 1910 en serie, grandes cantidades de este modelo circularon por el mundo hasta la Segunda Guerra Mundial. Esa la había enterrado allí un tío abuelo tras acabar la Guerra Civil española y marchar al exilio de Francia. Era hermano de mi abuela y de ideales republicanos. Imagino a mi abuelo maldiciendo el lío en el que le metía su cuñado. Puedo imaginar la cara de circunstancias cuando le vio envolver la pistola en unos trapos y hacer un agujero en mitad del gallinero. 

De carácter afable, no supo decir que no cuando su cuñado le pidió enterrar el arma porque, quién sabe, igual les hacía falta en unos meses. Ese tío abuelo era de los republicanos que pensaba -ingenuamente- que las democracias occidentales ayudarían a la República española a recuperar el gobierno. Él nunca regresó de Francia y es el origen de la familia francesa que tengo; en Marsella, concretamente. Sus hijos y nietos han vuelto a España como turistas, apenas hablan español y no recuerdo que hayan estado en el pueblo castellano manchego de sus orígenes. 

El penoso cruce de la frontera francesa que llevó al exilio a miles de republicanos


Esa FN Browning permaneció enterrada durante toda la dictadura y sería cuarenta años después que volvería a nuestra «memoria histórica». La casa del pueblo de los abuelos era el punto de reunión veraniego de todos los primos. Una pandilla aburrida en verano puede ser la mejor fuente histórica. El mayor de mis primos comenzó a recordar una historia del abuelo, una de los familiares valencianos que acabaron en Francia. La emigración rural del siglo XX había llevado a mis familiares a ciudades cercanas, Valencia sobre todo, pero también a las grandes: Barcelona y Madrid. Pero de esas vidas de emigrantes sobresalía la del tío que se exilió por “rojo”. 

Contaba mi abuelo que para cruzar la frontera de Francia su cuñado no debería llevar una pistola. Se sabía que a los soldados y milicianos republicanos se les estaba desarmando y poniendo pegas para entrar. Así que se le ocurrió la idea de dejarla enterrada en el corral de su hermana. Sería el verano de 1979 o quizás el de 1980 cuando le pedimos una azada a mi abuelo, con ella buscaríamos la pistola. Nos sorprendió la memoria del abuelo. Acertó a la segunda cata. Fue mi primo mayor quien cavaba y lo hacía sin cuidado y el tacto de un experto. El filo de la azada chocó contra FN Browning justo a la altura del cargador. La dejó inservible, pero su presencia amenazadora se quedaría grabada en nuestra historia personal.

En un principio el partido socialista (PSOE) no estaba conforme con la entrada de España en la OTAN; adhesión promovida por el centrista Calvo Sotelo y de la que este año se cumplen 40 años (1982-2022)

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 Desenterrar un arma de guerra también es una vieja metáfora del fin de la paz. En este caso, mi “particular” metáfora, sirve para analizar cómo las posturas bélicas adoptadas por Rusia para actuar en el conflicto político que tenía con Ucrania han desenterrado actitudes belicistas en Occidente. La paradoja de cumplirse lo contrario de lo que se pretendía conseguir con la toma de una decisión se ha materializado para Putin. Así, la política amenazadora de Moscú de estos últimos meses, culminada con la invasión militar, como fórmula elegida para advertir a la OTAN de que se estaba perjudicando a sus intereses geoestratégicos, ha sido un rotundo fracaso. Finlandia y Suecia, países forzados a una neutralidad durante la llamada Guerra Fría precisamente por las pautas de interés geoestratégico de Rusia, ahora solicitan su inmediato ingreso en la Alianza Atlántica. Y Alemania aprueba leyes para rearmarse como no había hecho en 80 años. 

Vuelvo a recordar a la vieja pistola FN Browning desenterrada del corral de mis abuelos, para rememorar que pasaron cuatro décadas de esa «exhumación» y desde ella otros cuarenta años de la entrada de España en la OTAN. El ingreso en la vieja Alianza, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de España en 1982 era para el país el definitivo espaldarazo internacional como nuevo miembro de las democracias occidentales. Fue situarse en la alianza “natural” y adecuada dentro de la guerra solapada de bloques que existía en esas fechas. 

Y toda alianza militar debe tener su antagonista. Como su objetivo fue contener militarmente una potencial agresión militar de la Unión Soviética, la OTAN tuvo su alianza rival en el Pacto de Varsovia. Éste nació tras la intolerable- en la época- entrada en 1955 de la Alemania Occidental en el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Este mundo divido en bloques y alianzas militares, en el fondo, no distaba mucho del que presenció el «disparo-metáfora» de la FN Browning en 1914. Esa arma tensó en un instante las ya muy graves tensiones entre las alianzas conformadas para conservar el poder en Europa (y sus colonias): Triple Entente (Aliados) y la Triple Alianza (Potencias Centrales). Como ven, la cosa va de tensar alianzas militares. 

Vayan a desenterrar su Browning del corral de sus abuelos...


Gustavo Adolfo Ordoño ©
Periodista e historiador

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