No todos los caminos conducen a Roma

 

Tramo de calzada romana que se puede ver en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

  

  La expresión «Todos los caminos conducen a Roma» siempre me ha parecido certera como una bala al corazón. No solamente por explicar en seis palabras lo que significa el poder, ya sea político o religioso, también por significar la idea de soberbia que ese mismo poder debe ostentar. El Imperio de Roma construyó toda una red de calzadas, magníficas autopistas de la época, no para que los patricios veraneasen en la costa adriática sino para enviar de forma rápida sus legiones a cualquier punto de sus dominios y para garantizar el buen flujo mercantil, vital para su poderío económico. 

Por eso, quien vea únicamente en esa frase hecha un inocente consejo geográfico para no perderse tomando una carretera u otra tiene un serio problema de orientación conceptual que distorsiona la realidad. Bueno, quizá esté exagerando y esa persona sólo tenga una tendencia excesiva a la ingenuidad y a procurar no retorcer demasiado su mente. A ese tipo de personas las comprendo, porque tengo también el defecto de intentar no perder mucha «inocencia» cuando retuerzo –pervierto- mi mente con penetrantes ideas. Pues lo lamento, tanto por ellas como por mí, ya que estos días se retuerce en exceso el cruce de conceptos. Al final se ha descubierto que «No todos los caminos conducen a Roma». 

Una vez que llegábamos al cruce de caminos, sin conocer bien las carreteras, nos quedaba el «consuelo de pensar» que tomáramos el que tomásemos siempre íbamos a llegar a «Roma». Al final no nos perderíamos. Una especie de latente «orden supremo» haría que cualquier calzada que optásemos tomar nos llevaría a nuestro destino. Así, hasta el azar parecía sometido a «superiores designios». Pero en muchas ocasiones, cuando el confiado viajero llegaba a su meta, comprobaba aturdido que ese lugar no era lo que esperaba, que no se parecía en nada a su idealizada «Roma». La cuestión, costaba reconocer, era que habíamos tomado el camino equivocado

¿Desandar el camino? ¿Quedarse en ese lugar (idea) y adaptarse? ¿Renegar del «orden supremo» que nos había orientado mal? Puede que sirva de poco responderse a esas preguntas. Es probable que sea mejor volver a los caminos sin ese «GPS mental» que nos hace creer que siempre llegaremos bien a nuestro objetivo. Es duro, pero así veríamos más claro que el ‘camino de la Guerra de Ucrania’ no conducía a la ‘Roma imperial’. Es decir, al comienzo de la guerra todo parecía indicar que el ejército ruso mandado invadir Ucrania por Putin iba a conseguir llegar a su meta, en una guerra relámpago. Pero ese camino no llegó a esa «Roma». Llegó a la resistencia ucraniana que seis meses después ha conseguido revertir el curso –calzada- de la guerra.

En donde más cuesta reconocer que te has equivocado es en la «cuestión topográfica» y en su vertiente de leer los mapas. Da rabia comprobar lo estúpido que se ha sido y se lamentan siempre los prejuicios tenidos al no preguntar a alguien cómo llegar a nuestro destino, todo por una pura cuestión de orgullo (soberbia). Para muchas personas, algo que me decepciona, el camino conducía claramente a la «Roma imperial», al ya lugar común desde mediados del siglo XX de la manipulación soterrada del imperialismo yanqui (EEUU) para dominar el mundo. Única explicación o calzada que, según estas personas, lleva a una realidad no distorsionada.

Pero no, ese camino no conducía a la verdadera Roma. La mayoría de los caminos nos han llevado a lugares como la comprobación de la paranoia de Putin, un presidente con casi poder absoluto, sin cuestionamiento de críticos opositores importantes, rodeado de asesores que son poco políticos y que actúan más como agentes secretos que «inventan informes». Unos informes que distorsionaban la realidad (neonazis en el gobierno de Kiev, la OTAN quiere estar a las puertas de Moscú, masacres de pro-rusos en el Donbás...)  para hacernos creer, empezando por el mismo presidente Putin, que todos los caminos conducían a Roma


Gustavo Adolfo Ordoño ©
Historiador y periodista

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