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| Tanquistas soviéticos en la Segunda Guerra Mundial con su compañero soldado perro |
El uso de animales en la guerra es una «herramienta» casi tan vieja como un bifaz de la prehistoria. Lo que si solamente nos quedamos en el plano ético dice mucho de la humanidad. Se abrirían cuestiones y reflexiones sobre la condición humana, el debate civilización-barbarie, empezando por una pregunta obvia:
¿Qué nos hace más humanos y por tanto menos animales? ¿Quizás sea esa paradoja de ser un animal con el poder de dominar a otros animales?
Un rasgo evidente que destaca a nuestra especie del resto es ese control y dominio de situaciones donde interactuamos con otros seres, aprovechando nuestras grandes capacidades manuales e intelectuales. Básicamente, ¿es eso la humanidad? La respuesta se las dejo a sus reflexiones y el siguiente texto les puede servir para tener una línea por donde comenzar a pensar. Aborda el tema de la necesidad desde tiempos remotos que hemos tenido como seres humanos de conseguir el dominio sobre otros animales, incluso con el inocente propósito de estar acompañados, aunque también como compañeros de guerra.
Los perros de la guerra, algo más que el título de una novela de Frederick Forsyth llevada al cine
Para los amantes de las novelas y películas de acción en un escenario bélico les habrá sido fácil reconocer el título de este artículo. Con ese nombre tituló Forsyth su novela de 1974 y en 1981 hubo una película adaptación de la novela, dirigida por John Irvin. Ambientada en una supuesta república del África ecuatorial, dicen inspirada en Guinea Ecuatorial, narra las peripecias de un comando de mercenarios contratados por un magnate de Londres para dar un golpe de Estado. Es decir, no aparece ningún perro como guerrero pero se identifica y descalifica a esos mercenarios como «perros de guerra».
El calificativo incide en la actitud inhumana, animal y cruel, de esos sujetos mercenarios en su actividad guerrera, convertido en una especie de sobrenombre de su vileza. Sin embargo, los perros empleados en la guerra no merecen esa consideración. Ellos se limitaban a ejecutar lo enseñado por sus compañeros humanos; además, muchas veces eran adiestrados para salvar vidas en lugar de quitarlas en medio de una batalla.
Canes y guerras
Según de cree, el perro tiene el dudoso honor de ser el primer animal domesticado por el hombre. Resulta un dato posible y cierto, pues todos los estudios serios coinciden en otorgar al can ese primer puesto como animal de compañía del ser humano. Incidir que ahora se prefiere el término animal de compañía, en lugar del más empleado de mascotas. Porque en realidad el perro hizo compañía, compartió problemas y acompañó también en las alegrías a los humanos. La definición de «mascota» lleva al originario concepto de manumisión (dar libertad a un esclavo), de permitir la libertad de un ser que te sirvió de algo y ahora se merece vivir según su voluntad.
Incluso para seguir defendiendo al término mascota como apropiado, decir que tenía propiedades mágicas, algo más serio e importante en la Antigüedad que ahora. Para un animal ser un talismán con el único objeto de dar buena suerte era un buen destino, una buena vida. Así, en realidad este debate sobre el término más apropiado que si mascota o animal de compañía, responde a estos presentes tiempos de «corrección política». Lo importante es atender a nuestro «amigo perro», para muchos un miembro más de la familia, alimentándolo y dando afecto, ya le llamemos mascota o animal de compañía.
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| El perro fue usado como animal de guerra desde la Antigüedad |
Si el perro acompañó al hombre en la guerra desde muy temprano en la historia, lo fue por haberle acompañado también en la caza desde la Prehistoria. Manadas de lobos hambrientos, cuando escaseaban las presas, bajaron a los campamentos de humanos para comerse la basura, los restos que dejábamos de nuestra caza. Era tanto el hambre, que se les quitó el miedo del contacto con el ser humano. Nuestros antepasados vieron la ventaja de tener a esos animales también gregarios, que se relacionaban en sociedades (manadas), como aliados.
La ayuda fue mutua, a cambio de ayudar en el acoso de las piezas de caza a los hombres, los lobos que iban mutando en perros eran recompensados con parte de lo cazado. Las pruebas de paleontología en muchos yacimientos demuestran que hace unos 12.000 años esos lobos comenzaron a transformarse en las especies de perros que ahora conocemos. Las personas solían quedarse con las crías más pequeñas y dóciles, sacrificando al resto o dejándolas en libertad.
Compañerismo entre animales y seres humanos
La convivencia entre perros y hombres les fue demostrando a ambos las ventajas de esta alianza. Los vigías de los campamentos observarían el fino oído y olfato de sus compañeros perros. Así, una de las primeras tareas en defensa y «militares» de los perros fue la de ser centinelas. Los legionarios romanos paseaban con grandes mastines, mezcla de una raza celta con la mítica raza griega de los Molossus, por los alrededores de sus campamentos, rastreando la presencia de avanzadas enemigas o de espías.
Estos mismos grandes perros fueron usados en plenas batallas, aunque no sería un arma exclusiva de los romanos. Ellos la copiaron de los griegos y estos, a su vez, de persas y asirios. Más de un bajorrelieve esculpido en las milenarias piedras de Mesopotamia, muestra a un perro acompañando a un guerrero, solían ir junto a las cuadrigas. Eran animales enormes, a veces más altos que los guerreros, de razas ya extinguidas como los Molossus, entrenados a atacar zonas vulnerables como cuellos y caras de los enemigos.
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El presidente de Turkmenistán regala un cachorro de raza autóctona al presidente ruso, Putin
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También, en las guerras más recientes se siguieron usando los perros en las campañas militares; aunque ya no tanto como fuerzas de choque. En la Segunda Guerra Mundial tanto nazis como aliados los emplearon como mensajeros, incluso como ingenieros zapadores, pues podían extender un cable de telégrafo en lugares por donde un soldado no cabía. Olfatear trampas y minas, para desactivarlas. Socorrer a heridos, llevando agua o botiquines de primeros auxilios hasta la llegada de los sanitarios. Estos canes soldados, lógicamente, sufrían los rigores de la guerra y eran víctimas mortales en muchas ocasiones.
Perros Kamikazes en la II Guerra Mundial
Se dio un controvertido uso de los perros como kamikazes que portaban explosivos contra el enemigo. Fue un método que emplearon los soviéticos contra los temidos tanques Panzer de los nazis. Y serían muy efectivos, porque una anécdota contada en la Batalla de Moscú convierte en valientes héroes a estos perros, pues su sola presencia hizo virar en redondo a toda una compañía de Panzer. No debe ser una exageración si los datos de historiadores rusos en este conflicto son fiables y no propaganda. Se calculó durante toda la guerra en unos 300 tanques alemanes los destruidos por estos perros, adiestrados para colocarse bajo la panza de esas máquinas de guerra y estallar como kamikazes.
Un cruel adiestramiento el de esos héroes caninos soviéticos en la Segunda Guerra Mundial. Poco consuelo fue que para compensar su sacrificio les dejaran desfilar junto a sus compañeros soldados en el gran desfile del 'Día de la Victoria' del 9 de mayo de 1945. En tiempos de paz, los perros han seguido teniendo tareas auxiliares en los ejércitos, sobre todo en actividades de rescate y socorro en las emergencias por catástrofes como terremotos. Unas misiones mucho más gratificantes.
Incluso, siguiendo en este ámbito cultural de la ex Unión Soviética, algunos líderes euroasiáticos han recuperado el agasajo diplomático de regalar un animal como señal de bienvenida y cumplimiento con el huésped extranjero. Era una costumbre que venía después de las guerras, en periodos de paz, de regalar un animal exótico (elefantes, rinocerontes, jirafas, leones...) o un animal apreciado por sus habilidades (mastines, perros de caza, gatos persas...) entre los mandatarios para celebrar-alegrar a ambas partes con el nuevo tratado.
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