El fútbol antes del «apagón bélico»: los Mundiales que precedieron a la Segunda Guerra Mundial

Un cartel de época del Mundial de Francia 1938 recreado por IA (ChatGPT) 
y basado en un original del archivo de la FIFA


 Muchos quisieron creer que el primer campeonato mundial de fútbol celebrado en la historia, el Mundial Uruguay 1930, tendría ese espíritu optimista de los Años 20. Que sería heredero del ideal internacionalista de entreguerras. Una corriente cultural y humanística de esperanza en la hermandad de naciones y en la paz mundial, motivada tras el trauma de la Gran Guerra y el deseo de bienestar y progreso de la humanidad. Sin embargo, el campeonato nacería en un difícil contexto económico mundial

La crisis provocada por el Crack de 1929 comenzaba a generar problemas graves que aunque ya existían se magnificaron. El desempleo se triplicó en países que estaban siendo motores económicos, como los Estados Unidos. La ruina financiera de muchas empresas evitaba nuevas inversiones, la inestabilidad económica se unía a la política, sobre todo en Europa. Así, las largas y caras travesías transatlánticas para llegar a Montevideo desanimaron a muchas federaciones de fútbol europeas, que declinaron participar.

Gracias al empuje y ánimo del verdadero «padre» de los mundiales, Jules Rimet, se consiguió convencer a selecciones como las de Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia de cruzar el «charco» para competir en el primer Mundial de la historia. Dicen que llegó a proponer pagar de su bolsillo los pasajes a los europeos. Rimet era un reputado abogado francés, elegido presidente en 1919 de la recién creada Federación de Fútbol Francesa y poco después presidiría la FIFA entre 1921 y 1954. Defendió en esos «alocados años veinte» la creación de un torneo internacional independiente de los Juegos Olímpicos, donde participaran las mejores selecciones del mundo. 

 Su proyecto fue aprobado por la FIFA en 1928 y pensó que Uruguay sería el país ideal para organizar la primera edición. El país hispanoamericano era la potencia futbolística del momento por sus éxitos olímpicos, medallas de oro en las olimpiadas de 1924 y 1928. Además, Uruguay era una potencia económica en esos inicios del siglo XX a la que no afectó tanto la depresión, estando dispuesta a financiar gran parte del evento. 

Cuando el balón echó a rodar en un Mundial de Fútbol en Montevideo en 1930, comenzó el devenir histórico de uno de los mayores fenómenos culturales de los dos últimos siglos. El sueño de Jules Rimet de unir a las naciones mediante el fútbol se cumplió cuando todavía el mundo mantenía el espíritu vitalista de la anterior década. La anécdota de ver al mismo Rimet, a otros dirigentes deportivos, jugadores y entrenadores europeos, árbitros y hasta al trofeo diseñado para el campeonato, navegando y conviviendo en el mismo trasatlántico durante las tres semanas de viaje, serviría de metáfora de ese «ánimo vitalista y universal» con el que nacieron los Mundiales


Original y vanguardista cartel del primer Mundial celebrado en la historia, el de Uruguay 1930.
Fuente de la imagen


Italia 1934 y Francia 1938, los Mundiales de la calma tensa antes de la gran tormenta, la Segunda Guerra Mundial


 El primer Campeonato de Fútbol del Mundo lo ganó su organizador, Uruguay. Algo razonable considerando sus grandes éxitos en la anterior década, con triunfos de su selección en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928. Abriendo uno de los datos históricos que tanto gustan a los aficionados sobre cuántos mundiales han sido ganados por el país organizador. Pues el segundo torneo de la historia, el de Italia 1934, también lo ganaría el organizador. En este caso, la Italia de Mussolini. Detalle importante para seguir con esta crónica. 

Tenemos que precisar que el campeonato ya había perdido ese «espíritu idealista» del primer Mundial de 1930. Aunque en cuatro años el mundo del fútbol se había desarrollado con más federaciones y ligas nacionales, el clima político y social de Europa estaba tensionado. En los años treinta la crisis económica se había acentuado y como respuesta en muchos países se daba el auge de los nacionalismos y la aparición de regímenes autoritarios

Benito Mussolini en Italia fue sin duda el más representativo de estos regímenes; antes incluso que la irrupción de Hitler en Alemania. El empeño en organizar el campeonato fue por su olfato agudo en encontrar valores propagandísticos para su modelo social y político. El valor como faceta combativa y de fortaleza nacional que podía tener el fútbol en una competición mundial hizo desear organizar el campeonato como imagen de la «poderosa» Italia fascista

 Así, durante los meses previos al Mundial Italia 1934, la prensa escrita y las radios de Italia, proyectarían al exterior la imagen de un «régimen ideal» que estaba destinado a predominar en el mundo. Muchos medios de la época de Europa y de América recogieron esa imagen de «supremacía» nacional y popular (populista) que transmitía el modelo italiano, un régimen autoritario con seductoras medidas sociales que atrajo a más de un ciudadano de esos países. Al final, como demostración de esa supremacía, Italia ganaría su Mundial, siendo así el segundo país organizador en ganar el título. 

Derrotó a Checoslovaquia en la final de Roma, en presencia del propio Mussolini. El registro histórico a anotar sería que Italia se convirtió en la primera selección europea campeona del mundo. Aunque el campeonato se celebró en medio de grandes presiones políticas, incluso con sospechas de amaños arbitrales, hay que reconocer que Italia tenía una gran selección. Llevaba años construyendo un equipo muy potente y, además, tenía un factor que parecía decisivo hasta ahora... jugaba en casa


Recreación de uno de los carteles de época del Mundial Italia 1934 por IA


Cuatro años después, en Francia 1938, el desarrollo del fútbol como deporte «lenguaje universal» continuaba, pero la tensión política resultaba más visible que nunca en Europa con ambiente prebélico y con la guerra misma en España con el conflicto civil iniciado en 1936. Fue el tercer Mundial de la historia y el primero en tener un clima muy enrarecido a nivel de relaciones internacionales. Los países americanos hicieron boicot porque consideraban que el campeonato debía alternar continentes y volvía a tocar jugar en América. Solamente acudieron a París la selección brasileña y la cubana, más que nada para oponerse a las líderes del boicot: Argentina y la campeona Uruguay

 La selección de Austria, que había realizado una excelente previa de clasificación, desapareció del torneo tras la anexión (Anschluss) del país por la Alemania nazi tres meses antes. Este dato histórico es el mejor descriptor del torneo celebrado en junio de 1938 en Francia. El mapa geopolítico europeo ya había cambiado tanto por la fuerza como por la agresiva diplomacia de Hitler. Y un reflejo de ello era que la selección nacional austriaca, digna clasificada, dejó de existir semanas antes del campeonato. La mayoría de los futbolistas austriacos fueron obligados a incorporarse a la selección alemana, como el famoso delantero Matthias Sindelar, aunque este último se negó a participar en la selección de ese nuevo régimen germano. 

Volvió a ganar Italia, salvando la «honra» de los países fascistas –que constituyeron el Eje- ya que la Alemania nazi fue eliminada por Suiza en octavos de final. A nivel deportivo este Mundial de Francia 1938 registra los datos de una Italia proclamada campeona al derrotar en la final a Hungría por 4-2. Los italianos dirigidos por Vittorio Pozzo lograron revalidar el título mundial, siendo la primera selección bicampeona de la historia y de manera consecutiva. El régimen fascista de Mussolini lo volvería a vender como un logro de su modelo social y político. 

Pocos jóvenes que asistieron como espectadores al Mundial Francia 1938, incluso los mismos jugadores, tendrían la sensación de que en breve muchos de ellos iban a estar uniformados y combatiendo en sus ejércitos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero así fue, esa Francia mundialista sería invadida por la Alemania de Hitler justo dos años después, en junio de 1940.



Sobre el autor

Gustavo Adolfo Ordoño Marín es historiador y periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid y la UNED. Máster en Historia Contemporánea de España. Autor de ensayos históricos en editoriales como Almuzara y colaborador en medios de comunicación. Conoce más sobre su trayectoria académica, línea editorial y publicaciones en la sección Acerca de Pax Augusta.

Contacto: LinkedIn Bluesky

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